lunes, 11 de febrero de 2013

LAS ABEJAS OBRERAS


Son las encargadas de realizar todo el trabajo, tanto interior como exterior y se ocupan de la defensa de la colonia. Todo su cuerpo esta perfectamente adaptado para cumplir con ese fin y es diferente en algunas partes del de la reina a pesar de haber nacido de huevos idénticos, la alimentación es cambiada al tercer ida de larva por una papilla de miel y de polen lo que la hará tener una morfología diferente adaptada al trabajo que realiza, su alimentación de adulta es de miel que a su vez lleva polen disuelto.
Las obreras tienen en la cabeza las glándulas de secreción de jalea real, que van depositando en las celdillas que contienen larvas hasta tres días de edad, y que sirve igualmente para alimentar a la reina durante toda su vida. El ocuparse de la alimentación de sus hermanas es una de las primeras ocupaciones de la joven abeja cuando solo cuenta unos pocos días de edad, dispone de mandíbulas sin dientes con las que trabaja y da forma a la cera de construcción de los panales, saca las larvas muertas y las suciedades que pudiera haber dentro de la colmena. Dispone de un completo juego de piezas bucales que le sirven para adaptarse a las condiciones de los líquidos que tiene que absorber, estos pasan a través de un tubo por el tórax hasta el abdomen donde son almacenados en un depósito especial, llamado buche, que es un ensanchamiento del tubo y que le sirve para transportarlos a la colonia, el buche dispone de una válvula especial que le permite pasar una parte a su estómago para su consumo. Es conveniente resaltar que son dos cosas distintas el buche y su estómago. Estas piezas bucales son las encargadas de facilitarle la absorción del néctar cuando se halla en cálices profundos, es una condición a tener muy en cuenta cuando se trata de realizar selección de reinas.
Los ojos compuestos carecen de movimiento y se hallan situados a ambos lados de la cabeza en forma de semicírculo y están a su vez compuestos por muchos ojos simples que juntan las sensaciones que perciben en su cerebro lo que la permite ver a su alrededor, la abeja dispone de dos ojos compuestos como los descritos y otros tres simples, llamados ocelos, que pudiera usar para orientarse en las distancias cortas y tal vez dentro de la colmena le serán de ayuda a la hora de construir panales pues su disposición en triángulo parece tener relación con aquello.

Los ojos compuestos que son los que utiliza en el exterior le permiten detectar los movimientos bruscos y alcanzar al causante con gran precisión. En pleno vuelo debe localizar el lugar donde se halla situada la vivienda, en ese caso la referencia que tiene es la posición relativa de los objetos que rodean la colmena, y que es memorizada por ella, lo que le sirve de referencia a la hora de regresar, a pesar de todo se admite como normal una cierta deriva de abejas que se introducen en las colmenas vecinas y que son recibidas sin problemas cuando todo el colmenar se halla trabajando y no hay problemas de pillajes. Es curioso observarlas en pleno vuelo cuando en las proximidades del colmenar se cruzan en todas direcciones y podemos observar que no se producen choques entre ellas, su percepción para los objetos que se hallan en movimiento es extremadamente precisa. El cambio de lugar de los referentes hace que al regresar no encuentre su colmena y se pose en el lugar que ocupaba, emprende de nuevo el vuelo tratando de hallarla pero renuncia a la búsqueda cuando la distancia a que ha sido trasladada apenas llega a unos metros, en estas condiciones desconfían de entrar en las colmenas vecinas que se ponen alerta ante la gran cantidad de pecoreadoras que intentan entrar y creyendo que se trata de pillaje producen la muerte a buen número, siempre se debe ser cuidadosos a la hora de mover colmenas de sitio, contando en primer lugar con que no les será posible hallar la nueva situación de la vivienda. Los movimientos vivos son detectados con mayor precisión si cabe, cuando algo las inquieta como puede ser el manipular exteriormente la colmena salen al exterior y comprobamos como el movimiento brusco de la mano es visto con precisión, simplemente nos vasta observar como en sincronismo con nosotros se mueve la abeja en la piquera antes de volar hacia donde nos hallamos aunque nos separan dos o tres metros.
Cuando pretendemos defendernos de una abeja que nos rodea con un sonido muy agudo de alas, signo de ataque, por la razón expuesta de nada nos sirve tratar de espantarla dando manotazos, siendo precisamente esos movimientos los que definitivamente les sirven de orientación en esos casos debemos proteger la cara por la preferencia que muestran de agredir allí y alejarnos del lugar hacia una sombra o edificio.
Las antenas están formadas por una sucesión de tramos y son utilizadas constantemente para tocar cosas y apreciarlas. Las abejas tocan los objetos y después se producen reacciones de agrado o de desagrado, o detectan un objeto extraño que se introduce en el nido como la espátula, por ejem., para después retirarse o atacar. Las abejas obreras están dotadas de finísimo olfato que las permite detectar no solo la presencia de néctar en las flores a considerable distancia y que seria su principal misión sino olores procedentes de personas objetos o animales que se hallen cerca y que las incomoden, motivándolas a atacar sobre la marcha.

La parte central del cuerpo, tanto de abejas como de reinas y de machos, se llama tórax, de esa parte nacen las patas que en las obreras tienen funciones importantes y adicionales adaptadas a fines concretos, así el primer par permite la limpieza a todos los individuos de la colonia de las antenas y de los ojos, tienen unos entrantes de la medida de las antenas y al estar dotados de unos pelos rígidos al arrastrarlas el polen adherido procedente del trabajo de pecorea es de ese modo limpiado lo mismo que los ojos. Las patas situadas en medio tienen unos espolones con los que desprende las pelotas de polen o de propóleos que acarrea con las patas traseras que para ello tienen unas cestas formadas de pelos rígidos y que le sirven de envase para transportarlo, las va llenando con un curioso movimiento de frotación y que visto realizar sobre una flor no parece que pueda lograr acumular la pequeña pelota que después acarrea a la colmena. Lo mismo sucede con el propóleos que recoge de las yemas de los árboles y de los tableros que desmontamos, debido a la adherencia del material se limita a introducirlo en la cesta sin comprimirlo demasiado para que se suelte con facilidad. Todas las patas disponen de garfios para agarrarse en las superficies rugosas y de unas almohadillas en las traseras que le permiten caminar por las lisas, a pesar de todo en ciertas superficies demasiado pulidas las abejas tiene grandes problemas a la hora de caminar, es demasiado el contraste entre lo que serían las superficies de su medio natural y los materiales modernos, no siempre acordes con sus posibilidades de movimiento.
En el tórax tiene las alas que en número de cuatro puede replegar de dos en dos lo que le permite realizar trabajos dentro de las celdillas, se fijan una a otra durante el vuelo con un ganchos.
En la parte opuesta a la cabeza está el abdomen tiene las traqueas que le sirven para oxigenar el cuerpo, las abejas no tienen pulmones, siendo aquí precisamente donde se aloja el ácaro causante de la acariasis, están situados a los lados del cuerpo y son a modo de tubos comunicados provistos de ensanchamientos en algunas partes que denominamos sacos aéreos, la comunicación con el aire exterior se realiza por unos agujeros denominados estigmas.
Lo que podemos llamar sangre de la abeja es un líquido incoloro que circula por el cuerpo gracias a las contracciones que realiza el tubo cardiaco situado en el dorso del abdomen y que llega a la cabeza, en la parte ventral dispone de otro sistema de impulsión similar.
El abdomen es el lugar donde produce las laminillas de cera, que salen al exterior entre los segmentos por la parte inferior, allí tiene dos superficies ovales llamadas espejos de la cera, segrega por ellos un líquido que finalmente solidifica formando las láminas de cera, contiene su aparato digestivo y los elementos productores del veneno, vejiga de almacenamiento y el aguijón con los arpones de fijación. Siendo estos los que impiden que una vez clavado pueda retirarlo lo que le causará la muerte al poco tiempo. El aguijón de la abeja es un instrumento muy bien pulido y afilado que le permite clavarlo con facilidad incluso en los guantes de protección, curiosamente las abejas que previamente se sacian de miel en los momentos previos a nuestra intervención o en sus inicios se muestran mas tolerantes con nosotros, la vejiga del veneno se contrae con el aire lo que hace que siga metiendo el veneno aunque la abeja ya se haya ido.

En el último anillo disponen de una glándula muy importante, llamada glándula de Nassanoff, que es la que esparce en el aire una sustancia odorífera que sirve para reunir a los miembros de la colonia dispersos por alguna razón, el olor característico es esparcido al aire y puede llegar a ser percibido por el apicultor cuando son muchas las abejas que lo están produciendo, es lo que llamamos señal de llamada, es típico de cada colonia pues las abejas de las vecinas no responden a ella, solamente las abejas propias reconocen esa señal y se reúnen, con frecuencia les sirve para llamar a una reina que ya no esta en el nido, e incluso colmenas huérfanas reaccionan iniciando con el aleteo su difusión, bajo esas condiciones las abejas pueden ser cogidas con la mano sin el menor temor, es una situación típica al realizar un trasiego en donde todo vaya correctamente.
Las abejas cuando están sanas evacuan sus intestinos en pleno vuelo no haciéndolo nunca en el interior de la colmena ni cuando se hallen recogidas en periodos largos de invernada, aquellas colonias que reciben una cantidad de humo desmesurada reaccionan procediendo algunas de sus abejas a evacuar encima de las paredes de la colmena e incluso en algunos cuadros, pero solo son casos muy aislados. Es una buena condición que se alimenten de miel de la mejor calidad lo que las producirá pocos excrementos, si padecen ciertas enfermedades intestinales evacuan dentro de la colmena, lo que por si mismo es signo de un desajuste grave.

Necesitan una luminosidad apropiada para volar, no pueden hacerlo durante la noche ni en días en que no se supere un nivel mínimo, necesitan poder orientarse usando como referencia la posición del sol y ello no es posible en días muy cubiertos aunque no es imprescindible que se halle visible, las condiciones atmosféricas adversas las mantienen en las colmenas y manifiestas una mayor agresividad cuando se producen tormentas de verano o turbonadas. El hecho que no puedan volar durante la noche las hace especialmente peligrosas pues caminan sobre nuestros vestidos sin que nosotros nos percatemos que intentan clavarnos lo que al final van a lograr, las que se echan a volar van a parar a cualquier luz que pueda haber encendida donde mueren, los manejos nocturnos no deben realizarse nunca a menos que se trate de traslados con la intención de recoger todas las pecoreadoras que de otro modo se quedarían en el campo.
El trabajo diario durante el intenso periodo de pecorea primavera-verano hace que las abejas envejezcan muy pronto y así podemos ver como su cuerpo que fue brillante es ahora muy oscuro, casi negro, y se aprecia con claridad como los extremos de las alas están rotos de volar de forma incansable, en estas condiciones la vida que le resta a la abeja es de pocos días y posiblemente morirá en el campo al no poder regresar.

LA REINA UN PILAR FUNDAMENTAL




Aunque la reina   carece totalmente de algún atributo que la permita mandar en alguna forma, está por tanto sometida como los demás miembros a una disciplina superior cuyo objetivo es el perpetuar la especie, no obstante ella tiene tres funciones reservadas de la mayor importancia:
da cohesión al conjunto.
induce el estímulo al trabajo y propicia un dinamismo general.
es la madre, en condiciones normales, de todos los individuos de la colonia.
La presencia de la reina propicia la cohesión o unión de todos los miembros laborando conjuntamente. La presencia de la reina es conocida en la colonia gracias a la secreción por ella de una hormona especial especialmente cuando es acariciada al ser alimentada y que es esparcida por toda la colmena.
El estímulo de cohesión es proporcional a la potencia de la colonia considerada y constituye una atracción irresistible para las pequeñas colonias que pudieran estar cerca y que pudieran captarlo.
La naturaleza de lo descrito es totalmente diferente del clásico "unificar olores" para evitar que las abejas se peleen, mientras este es logrado en pocos minutos con diversos métodos aquel requiere de mayor tiempo y es la causa última de la necesidad de enjaular las reinas al cambiarlas de colonia.
En el exterior de la colonia el estímulo de cohesión sirve para agrupar abejas dispersas, recién salidas formando un enjambre o por nuestros manejos, en ambos casos una vez las primeras abejas localizan la situación de ella esparcen al aire una feromona por el último anillo del abdomen y que es la causa final de la reunión.
La función de estímulo al trabajo es fácil constatarla en un colmenar numeroso y comprobar como algunas colonias no populosas mantienen una actividad proporcionalmente mayor que algunas en teoría más aventajadas, se puede suponer que la causa inicial esta en el dinamismo que de alguna forma su reina imprime al conjunto, es normal constatar como esto ocurre con mayor frecuencia en las colonias con madres más jóvenes.

En tercer lugar ella es la madre de toda la colonia, todos los apicultores saben que en cada colonia si está en perfecto estado se halla una sola hembra fecunda, que es por ello la madre de todos los individuos que la integran, si bien de forma transitoria, pueden convivir dos reinas, esto solo es por un espacio de tiempo corto. Es alimentada por las nodrizas con una sustancia secretada por unas glándulas presentes en la cabeza y denominada jalea real. En los periodos de puesta intensa esa alimentación es suministrada de forma copiosa lo que tiene como consecuencia estimular su metabolismo, formando una gran cantidad de óvulos en los ovarios de tal forma que según van lográndose y una vez fecundados uno a uno por los espermatozoos, que se hallan en un lugar especial del cuerpo llamado espermateca, desde la cópula con los machos, y que por ello la "verdadera" fecundación tiene lugar cuando un óvulo procedente del ovario y en su camino hacia el exterior se junta con un espermatozoo que lo fecunda, dando lugar a lo que nosotros llamamos comúnmente huevo o puesta de huevos.
Debemos tener presente que la espermateca es un lugar del cuerpo de la reina donde el semen procedente de los machos es mantenido con todo su poder fecundante durante varios años, si es necesario, los normales de la vida de la reina, una vez comprobado que tan solo realiza sus vuelos de fecundación en los días inmediatos a su nacimiento y que se estima como máximo en veintiuno, pasados estos, diríamos que pierde ese estimulo y ya no saldrá, algún tiempo después iniciará su postura y como nunca fue fecundada en los óvulos que produce no hay fecundación posible, y depositados en las celdillas solo nacerán machos. En la naturaleza no es corriente que se dé este comportamiento en muchos insectos y que se llama partenogénesis.
La reina en plena actividad deposita los huevos uno a uno en las celdas del panal a una velocidad admirable, alcanzando puestas de varios miles todos los días, en una cantidad similar a la estimada de abejas que mueren a diario en los campos agotadas por el trabajo, en épocas de lanzamiento donde las bajas no son tan numerosas por permanecer la población recluida, esas puestas tan grandes permiten a la colonia promoverse hasta alcanzar cantidad muy elevadas de individuos que serán los encargados del futuro de la colonia; deposita huevos en celdas de mayor tamaño que las destinadas a abejas obreras, situadas en los bordes de los panales, casi siempre, o donde las abejas han tenido a bien construirlas lo mismo en panales completamente hechos por ellas que de vez en cuando transformando las celdas de las láminas para adecuarlas, esta puesta es la que dará lugar a los machos, necesarios en varias actividades de la colonia, no solo en la fecundación.
Durante los periodos de reposo invernal la actividad de la colonia tiene que ser nula o casi nula en cuanto a la puesta, la reina es alimentada muy poco con jalea, casi para solo mantenerla con vida lo que unido a las condiciones del clima y del aporte de néctar a la colonia hace que de forma refleja su puesta disminuya hasta llegar a anularse. En cualquier caso su presencia da unión a la colonia y la estimula al trabajo, su pérdida causa alarma entre la población, que la busca por todos los rincones y recorriendo las paredes exteriores de la colmena e incluso el tejado, dando constante señal de llamada tratando de hallarla.
Su presencia se manifiesta gracias a una sustancia odorífica o feromona que impregna todo lo que ella toca y que las abejas al tocarla esparcen por la colonia, especialmente cuando la alimentan con jalea o cuando la acarician mientras pone huevos o se mueve por los panales.

Cada colonia tiene su olor típico e identificativo, cualquier reina que introdujésemos en la colonia mientras en olor identificativo exista será muerta sobre la marcha, también lo será sencillamente por el olor típico del alojamiento en que se hallaba antes de ser trasladada al nuevo, por ello cuando procedamos al cambio de reinas viejas debemos obrar con sumo cuidado, para no perder reinas al ser introducidas.
La reina se distingue de entre las obreras cuando se tiene un poco de práctica de la apicultura y cuando se conocen las condiciones idóneas para encontrarla, su cuerpo algo mas alargado y las fajas claras del abdomen la hacen fácilmente reconocible. Pero como no siempre las abejas dan todas las facilidades para localizarla con rapidez nos ayudamos pintándola en el coselete, parte central entre la cabeza y el abdomen, con un punto de color y que es variable según el año de su nacimiento con lo que podemos saber su edad. La sucesión de colores es blanco, amarillo, rojo, verde y azul, que se corresponden con el número con el que termina la cifra del año, es posible y en ocasiones conveniente utilizar un método de marcaje que permite fijar en el coselete un número de orden o una clave, con el que identificar de forma concreta una reina, en este caso colocamos un poco de pegamento en el coselete y a continuación fijamos el número o letra identificativa. Todos los pegamentos pueden ocasionar un fuerte rechazo cuando soltamos la reina, para prevenir esto y en general después de cualquier marcaje podemos asperjar la reina y el grupo de abejas que la rodean con jarabe aromatizado que disimula el olor y permite a la reina incorporarse al grupo sin problemas. Con este método si observamos un retraso en alguna colonia con relación a las demás y nos pareciese imputable a su reina, podremos de una forma rápida determinar si está presente en la colonia y de estarlo podemos saber si tiene varios años o se le ve algún defecto, como puede ser la pérdida de una pata o tal vez padezca algún problema funcional que la impida poner huevos o quizás su reserva de espermatozoides se ha terminado y se ha vuelto zanganera. El marcaje es útil cuando deseemos realizar enjambres forzados a fin de desplazarla o no según nos convenga, o bien vamos a reemplazarla por vejez, por ser estirpe enjambradora o demasiado agresiva, todas estas operaciones se ven simplificadas y el tiempo empleado reducido con esta ayuda.
Las madres en plena postura avanzan lentamente por los panales de tal suerte que en las horas centrales del ida, cuando el movimiento de piquera es intenso y por tanto la merma de ganado en el interior es notable podemos encontrarla con relativa facilidad en aquellos cuadros donde la presencia de la cría abierta es mayor, todo ello si no hemos golpeado la colmena es exceso y las abejas permanecen adheridas a los panales formando un película que nos permite verla con facilidad. Es de señalar la curiosa habilidad que tienen para ocultarse de la vista del apicultor de hallarse en el momento de sacar el panal en el borde inferior, se pasará enseguida a la cara opuesta a la que nosotros observemos en medio de un grupo de abejas y nos será algo difícil encontrarla. Si en una primera revisión no la hallamos comprobamos si hay puesta reciente de huevos lo que nos asegura que se halla en la colmena, es mejor dejarlo todo así e intentarlo de nuevo otro día, exámenes exhaustivos y de mucho duración harán que la cría se enfríe, cosa que debemos evitar siempre y evitar así sus consecuencias.

Cuando al final del invierno las poblaciones han descendido en número de abejas se puede intentar buscarla para marcarla, debemos tener presente que todavía no hay machos o no es época conveniente a las fecundaciones y si durante las manipulaciones necesarias la dañásemos y desapareciera no seria posible que las abejas se dieran otra y nos veríamos forzados a reunir esa colonia con una vecina, es mejor proceder tener la pintura a mano y así realizar al realizar cualquier revisión si la vemos la marcamos. Los apicultores más familiarizados con el tema la cogen sin vacilar de en medio del grupo de abejas, que en general estarán muy pacificas, si hay alboroto no será posible encontrarla, como sabemos aunque dispone de aguijón nunca lo utiliza contra el apicultor que la coge, solo emplea para atacar y matar a sus rivales que han nacido y que no son necesarias después que una está fecundada.
Se coge por la cabeza o las alas y nunca por el abdomen, depositando la laca en el coselete, es fundamental dejar que se seque bien y sobretodo tener la certeza del rechazo que produce en las abejas, algunas pinturas lo producen y las reinas son atacadas y muertas sobre la marcha. Es posible usar diversos aparatos para ayudarnos en este propósito, uno de ellos es un cilindro de plástico transparente que tiene una red en un extremo y que se cierra con un émbolo que nos permite una vez dentro la reina empujarla y "fijarla" contra la cuadricula de la red, cuando el coselete nos quede en medio la marcamos, no es conveniente y no hace falta para nada presionarla en exceso, una vez depositada la laca retiramos el émbolo hacia abajo quedando libre dentro del cilindro mientras se seca, si nos parece bien la liberamos encima de los cuadros o casi mejor cerramos la colmena y la soltamos por el agujero de cebar.
Si atendemos solos el colmenar y deseáramos meter una reina en la jaula de marcar la disponemos sin el émbolo y tan pronto la vemos colocamos el panal plano sobre los otros sin dar golpes, le ponemos encima la jaula encerrándola, al sentirse acorralada intenta subir por la pared de la jaula, en ese momento aprovechamos para inclinarla ligeramente con lo que le facilitamos la subida, de forma inmediata tapamos la entrada con el émbolo. Colocamos la jaula en sitio conveniente y reponemos los panales en su sitio a continuación sujetamos con una mano el embolo y con la otra manejamos el pincel. Si previamente constatamos que el rechazo a la pintura es muy pequeño o no existe podemos marcarla cuando la vemos directamente sobre el panal, el inconveniente es que resultarán pintadas las alas u otras partes del cuerpo lo cual no será muy estético pero alguna vez es útil.

Las reinas fecundas son mas tranquilas a la hora de cogerlas, las que no lo están o son recién fecundadas son muy nerviosas y corren por los panales haciendo difícil su marcaje, es corriente que levanten el vuelo para regresar minutos después.
Si en una colonia la reina desaparece por muerte natural o por accidente, las abejas tomaran cría de menos de seis días de edad desde puesto el huevo, lo que se corresponde con el tercer día de larva y construirán celdas especiales alargadas hacia abajo, por su longitud solo de esa forma caven entre los panales, están ubicadas de forma arbitraria según nuestra apreciación, pero reúnen en un lugar todas las condiciones necesarias para hacer posible su construcción, que sea zona de larvas jóvenes o de huevos y que la cera sea lo bastante maleable para transformar tres celdas en la base de lo que será la realera, las ceras viejas son muy duras y con frecuencia las abejas no pueden moldearlas con facilidad y renuncian al construir realeras en ese lugar, suelen hallarse cerca de los bordes pero no es excluyente, el número depende en principio de la potencia de la colonia, y así una colonia muy potente construirá muchas y las más medianas algo menos, pero está apreciación no siempre se cumple y no es extraño encontrarse con grandes cantidades en los núcleos de fecundación. No parece haber una causa concreta que permita suponer cuando nos hallamos en presencia de una colonia huérfana la cantidad de realeras que será posible hallar algunos días después. Las colonias que enjambrarán construyen un elevado número cuyas reinas pueden acompañar a los sucesivos enjambres.
Cuando se ha iniciado su construcción la larva se halla en el interior y se va depositando la jalea que le servirá de alimento de forma simultánea a realizar la realera, llegado el dieciséis ida, contando desde aquel en que fue puesto el huevo, roe por el extremo opuesto a la base una tapa redonda y sale al nido. Unos siete u ocho días más tarde ya no encontraremos rastros de las realeras pues en cuanto van naciendo las reinas las abejas las destruyen totalmente, tan solo es posible hallar en los panales las llamadas realeras falsas que tan solo tienen construida la base y están vacías en el interior.
Como es normal construir muchas realeras con larvas o huevos del mismo ida, es perfectamente posible que nazcan con diferencia de unas horas muchas reinas, he tenido ocasión de comprobar como en un intervalo de seis horas nacieron veintidós reinas que se incorporaron al nido como una abeja más, pues en estos primeros días de vida aún no se manifiestan en ella las feromonas que pronto la diferenciarán no solo de las obreras sino de las otras reinas. Las siguientes reinas que se hallan en las realeras nacerán en las siguientes horas no siendo molestadas de ningún modo, pronto empezaran las fecundaciones y cuando una regresa fecunda con ayuda de las abejas eliminará a las otras. Las abejas embolan y matan todas las demás que no necesitan pero solo después de disponer de una fecunda.

Unos cuatro días después de nacida la joven reina está preparada para realizar los vuelos de fecundación, antes ha salido y entrado varias veces en la colmena para no equivocarse al regresar, como hemos señalado la fecundación consiste en realizar cópula con varios machos y de ellos almacenar en la espermateca el semen que fecundará sus óvulos durante toda su vida de reina, una vez que se instale en la colonia no volverá a salir al exterior. Si en los veintiún días útiles que tiene para fecundarse no saliera al exterior, por no poder volar por ejemplo o alguna causa impidiera su fecundación parcialmente, siendo incompleta, su rendimiento sería bajo, las abejas son muy previsoras y de las reinas presentes en la colonia siempre resultarán fecundadas las mejores logrando de ese modo la prosperidad del grupo, experimentalmente se puede comprobar que de las reinas retenidas en las colmenas impidiéndolas salir nacerán tan solo machos, una colonia mantenida en estas condiciones es obvio que desaparecerá en breve.
Si nosotros eliminamos la reina de una colonia tendremos muy en cuenta las fechas lo que nos permitirá acertar en las revisiones para no perturbar los vuelos de fecundación y para no sacar conclusiones erróneas por considerar los plazos de forma equivocada. Las realeras que ellas construirán nacerán sobre los doce días después de la orfandad, (consideramos larvas de un día) unos cuatro o cinco días mas tarde iniciara los entrenamientos para los vuelos de fecundación, como una semana más tarde los habrá realizado y en otros seis o siete días iniciará la puesta de algunos huevos, estimamos con todo ello que sin perjuicio de las revisiones que creamos oportuno, unos treinta días después de la orfandad debemos encontrar puesta en la colonia, lo que nos indicará que todo marcha correctamente, la mayoría de las veces la encontraremos en alguna cantidad operculada pero es posible hallarla sin opercular, siendo del todo normal.
Si en nuestro lugar de asentamiento las floraciones son de corta duración, la espera que ocasiona una renovación de reina por simple orfandad ocasiona una pérdida de nacimiento que se traducirá en una merma significativa de la cosecha, por ello se procura introducir reinas probadas procedentes de pequeños núcleos que mantienen el ritmo de puesta, pero si nuestro colmenar está situado en una zona de floración normal, la renovación de las reinas se hace de forma natural o inducida sin mayor problema.
La fecundación de las reinas se estima que tiene lugar en las concentraciones de machos fuera de la colmena en el aire en lugares al parecer predeterminados, es necesario que ella se desplace hasta ese lugar quedando expuesta a ser comida por los pájaros o muerta por accidente durante el vuelo o de hallarse los núcleos de fecundación o las colmenas muy juntas podría equivocarse a pesar de los precauciones que toma y al introducirse en una colmena diferente a la suya resulta muerta. Los núcleos de fecundación si son numerosos deben colocarse con las piqueras en varias direcciones y deben estar pintados de diferentes colores, blanco, azul, rojo o negro y amarillo que son los que distinguen, se admite una pérdida de reinas notable durante los vuelos de fecundación, aunque no siempre es así, y con frecuencia las bajas no son significativas.
Al ser ella la única hembra fecunda de la colonia todas las características en cuanto a agresividad, resistencia a las enfermedades o en el trabajo y todas las demás dependen de su raza y en un porcentaje menor de la de los machos que la fecundaron. La cualidad más interesante que debe poseer es ser muy prolífica, para ser capaz de poner la enorme cantidad de huevos necesarios para lograr la vertiginosa sucesión en la renovación de los individuos que componen la colonia y que son al final los que darán la cosecha en sus variadas formas.

Es un hecho curioso que la reina antes de depositar un huevo en una celdilla inspecciona la misma metiendo la cabeza en el interior para seguidamente introducir el abdomen a la vez que se sujeta con las patas al borde depositándolo en el fondo. Repite esto mismo tantas veces como huevos pone, simultáneamente un círculo de nodrizas la rodean y alimentan, cuando está en plena postura puede llegar a depositar varios miles de huevecillos cada ida, es por ello interesante mantener al frente de las colonias madres jóvenes cuidando al máximo las condiciones de preparación y nacimiento, de lo contrario degenerará la raza del colmenar, disminuyendo la producción. Una colonia con población insuficiente no se halla en condiciones optima para preparar alimentar ni incubar correctamente las pocas realeras que suelen construir, no obstante las abejas siguiendo su instinto de supervivencia pueden llegar a formar un elevado numero todas ellas de mala calidad, si nos basamos en el hecho cierto que no disponen de la situación apropiada a tal cría. Las colonias potentes construyen siempre un elevado número de realeras que alcanza con frecuencia varias decenas, en todos los cuadros y con frecuencia agrupadas. Estas, criadas con todas las condiciones a favor sí lograrán promover con entusiasmo las colonias tan pronto se pongan al frente.
Sabemos que a los dieciséis días nacen las reinas, pero como las abejas pueden escoger entre huevos y larvas para formarlas, resulta que la edad que tengan en el momento en que son escogidos y destinados a maestriles determina el tiempo final del nacimiento, siendo el intervalo posible de seis días. Por lo dicho resulta que si las abejas realizaron una realera sobre una larva del máximo de tres días (es su seis días de vida) y sumamos los ocho que espera el apicultor antes de realizar los injertos tiene catorce días de edad, le faltan dos para nacer, más o menos algunas horas. Si las abejas tomaron un huevo recién puesto a los ocho días tendrá justamente ocho más menos algunas horas y como nace a los dieciséis le faltan otros ocho para nacer, estas realeras suelen dañarse si se manipulan y es normal que sus ninfas mueran, a tan temprana edad la futura reina realiza dentro de la realera diversos movimientos necesarios a su metamorfosis y el hecho de moverla la daña en muchos casos.
Lo más normal por parte de las abejas es utilizar cría de una edad intermedia y así unos cinco días después de realizados los injertos todas las realeras que estén bien habrán nacido.
La cohesión que procura la presencia de una reina en perfectas condiciones a la colonia es intensa, siendo motivación suficiente e imprescindible para que todos los individuos realicen los diversos trabajos necesarios al bien común.
La sustancia secretada por ella para este fin es proporcional al volumen de ganado de la colonia pues debe esparcirse y llegar a todos los individuos que la componen y es capaz de favorecer la absorción de otro grupo de abejas más pequeño y que se halle próximo y huérfano o con su reina presente debilitada. Su feromona posee entonces una atracción irresistible llegando las abejas a embolar su reina defectuosa e integrarse con el grupo mayor en unos días y espontáneamente.

Se debe distinguir lo que es el olor típico del grupo de abejas incluida ella, como conjunto, de lo que es el causante de la cohesión y armonía de la colonia y que es producido solamente por la reina, en condiciones normales, las obreras ponedoras llegan a tener una cierta influencia en el conjunto pero no es comparable. En el primer caso lo simulamos cuando unificamos olores de dos colonias utilizando una esencia evitando así que se peleen cuando las reunimos, no ocurre lo mismo con el procedente de la reina, transcurridos unos minutos después de nuestra marcha una reina abandonada por nosotros en el nido procedente de otra colonia es muerta, el olor típico de la anterior está presente en la colmena varias horas después de nuestra intervención. Las reinas tienen que ser enjauladas cuando se las da a colonias huérfanas o diferentes de aquellas donde nacieron y permanecer en la jaula bastantes horas antes de poder salir al nido con seguridad, durante ese intervalo la feromona de la reina sustituida va desapareciendo y se va imponiendo la de la introducida por nosotros al tocar las abejas la jaula de introducción.
La falta de esta feromona despierta en las abejas el instinto de la construcción de realeras, lo mismo que cuando una población muy grande no dispone de sitio holgado para trabajar y se decide que ella abandonará la colmena con un grupo de abejas. Su falta produce un fenómeno curioso que se manifiesta cuando destapamos alguna colmena que no dispone de reina: la abejas caminan en todas direcciones dando constante señal de llamada tan pronto como removemos algún cuadro o simplemente al retirar el cubre panales recorriendo las paredes interiores de la colmena y formando grupos que se dirigen hacia sitios concretos como si en ellos se hallara la reina que les falta. Cosa similar ocurre cuando ya tienen obreras ponedoras y por tanto la falta de reina es definitiva aunque en este caso se agrupan en torno de las falsas reinas.
Como la misión de la reina es poner huevos su cuerpo se halla preparado solo para este fin, es necesario destacar que este cambio solo ha sido producido por la diferente alimentación pues en el origen cualquier huevo o larva destinada finalmente para realera hubiera en condiciones normales producido una abeja corriente. Ella no tiene cestas para el polen, pues nunca las necesitará y si bien tiene aguijón no lo usa contra el apicultor aunque la coja, solamente lo usa en sus luchas con otras reinas para eliminarlas, en esta tarea son más expeditas las mismas abejas. No produce cera ni realiza otro trabajo interior o exterior que no sea el de poner huevos. Es alimentada por las nodrizas con jalea real durante toda su vida, lo que le permite no solo haberse desarrollado sino mantener el elevado ritmo de puesta necesario, en ocasiones excepcionales podría alimentarse de miel o de néctar como lo hace en los primeros días de vida.
Cuando está recién nacida tiene un grosor de cuerpo similar al de las otras abejas y atraviesa entonces los excluidores, pero ya su cuerpo es más alargado y se diferencia completamente del de las otras abejas, las alas le permiten alcanzar con facilidad los lugares de fecundación y produce al volar un sonido más parecido al de los machos que al de las obreras.

La partida de una reina para la fecundación va precedida de diversos cuidados por las abejas, al menos se las ve acompañarla hasta la piquera donde ella camina en varias direcciones hasta que emprende el vuelo y regresa varios minutos después y es frecuente poderla ver volver con los genitales del macho sobresaliendo de su abdomen, ya en el interior se libera de él posiblemente ayudada por las abejas que ya le procuran muchos cuidados, y volverá a salir varias veces más hasta que su espermateca se llene, momento en el que permanecerá dentro de la colmena y ya no volverá a salir durante el resto de su vida a no ser que deba partir con un enjambre. La localización memorizada del lugar donde se halla situado su colmena le permite regresar a ella por un tiempo no muy largo, posiblemente un mes, a partir de ese momento si se soltara en el campo ya no sabe regresar, claro es que transcurrido un mes de la fecundación se hallará ocupada en su trabajo de poner huevos y ya no necesitará para nada conocer la situación de su vivienda.
Los lugares de fecundación de las reinas no se pueden determinar con facilidad aunque se admite que serán sitios más o menos fijos donde se producen las concentraciones de los machos, algunos autores afirman que se realizarán muy cerca del colmenar pues las reinas regresan pronto, es difícil establecer conclusiones en este punto, que por otra parte no es imprescindible en ningún sentido.
El abdomen de la reina tiene unos ovarios muy desarrollados de donde nacerán los óvulos que previa fecundación deposita en las celdas, es una verdadera "máquina" de producirlos y es la parte más vulnerable del cuerpo, si tenemos necesidad de cogerla con la mano siempre lo haremos por la cabeza o las alas, si la cogemos por al abdomen le causaremos daños irreparables.
Como después de fecundada permanece en el interior de la colmena no es proclive a abandonar precipitadamente los panales, excepción hecha de los primeros meses de puesta, ni  echarse a volar de nuevo. Las reinas más jóvenes si se muestran más nerviosas y corren con frecuencia a esconderse en un rincón o a volar fuera de la colmena. Es conveniente tomar precauciones adicionales si vemos abandono de los panales ahumaremos por donde vamos a coger los cuadros y también los apoyos cuidando su extracción y reposición evitando de este modo el riesgo de aplastarla.
Si después de una revisión en alguna colonia vemos una inusual agitación sobretodo si nos hallamos al atardecer y durante varias horas después de una revisión por nuestra parte, podemos deducir con una gran probabilidad que algún contratiempo le ha sucedido durante nuestro trabajo, las revisiones en plena actividad no nos permiten deducir si ocurre esta agitación o no debido al movimiento de pecoreadoras, pero las colonias privadas de reina después de un intervención nuestra, bien por muerte accidental o por haberse quedado fuera de la colmena sin nosotros haberlo percibido permanecen en estado de agitación durante un tiempo muy largo de varias horas y nos es posible verlo aún cuando el resto de las colonias están en calma. De esto podemos deducir que aquella colonia donde esto sucede se halla huérfana después de nuestra intervención. Si esto ocurre en tiempo conveniente solo cabe esperar que las abejas procedan al reemplazo o nosotros hagamos una revisión tres días después y ante la ausencia de huevos procedamos a introducir una reina de nuestra cría.