lunes, 18 de febrero de 2013

FACTORES QUE INFLUYEN EN LAS PRODUCCIONES



  ante las floraciones importantes o masivas en el lugar de nuestro asentamiento debemos hacer una valoración que nos permitirá conocer:
superficie que ocupan las plantas interesantes.
distancia a que se hallan de las colmenas.
obstáculos que las abejas tienen que salvar.
facilidad de aprovisionamiento de agua en Verano.
acción del viento sobre las rutas de vuelo.
El primer factor tiene una importancia muy grande, pues cuanto mayor sea la superficie disponible también será mayor la capacidad de recolección. Es importante tener en cuenta que se produce una renovación constante en la secreción del néctar por las plantas pero tiene que transcurrir un cierto tiempo para que en los cálices de las flores se halle una cantidad aprovechable por las abejas, así podemos verlas que apenas posadas en un flor reemprenden el vuelo hacia otra, sucede que de no disponer de una cantidad abundante de pasto habrá un pérdida notable de tiempo y la cosecha será menor.
En segundo lugar la distancia a que las abejas tienen que volar para cosechar condiciona el número de vuelos que en un tiempo determinado pueden realizar, cuanto más cerca a la colmena se hallen los pastos mejor resultado se obtendrá. Las largas distancias exigen por otra parte consumo adicional de miel que es empleada como energía para volar y las abejas se hallan más expuestas a ser muertas por las circunstancias adversas y en caso de tiempo irregular no se atreven a salir perdiendo capacidad recolectora.

En tercer lugar consideramos la situación del colmenar teniendo en cuenta la peculiar forma de ver que las abejas tienen y que en ocasiones las lleva a remontar obstáculos por la parte más elevada, una casa por ejem, que se halla interpuesta en su camino recto al lugar de pecorea. Pueden así morir golpeadas contra los estorbos que no bordean como lo hacen otros animales. Esto es motivo para que de hallarse muy cerca de su colmena las hagan entrar en otra diferente, aunque en esta época del año son bien recibidas debemos procurar que esto no ocurra, y así en grupos de tres o cuatro la deriva solo es la propia de ese pequeño grupo y evita muertes de abejas golpeadas contra obstáculos inmediatos por el viento.
Los colores identificativos son necesarios para la orientación de las futuras madres, y para dar seguridad a las pecoreadoras cuando regresan del campo al no perder tiempo en localizar los grupos desde lejos.
Las grandes extensiones de agua muy cerca son un obstáculo casi insalvable reduciendo el radio de actividad, lo mismo las montañas muy elevadas que no son remontadas para pasar al otro lado.
Como cuarto factor consideramos la facilidad de aprovisionarse de agua al conocer que el consumo es muy elevado y que sobretodo en verano tienen que recogerla de los manantiales cercanos. Algunos días por la mañana podemos ver abejas posadas en las plantas tomándola del rocío de la noche, cuando por el clima esto no sucede debemos colocar bebederos apropiados para que siempre se halle en condición siendo útil plantar plantas acuáticas, se ha podido comprobar como recogen agua salada posadas en las rocas del mar o sobre las algas en la playa, posiblemente la usen de forma indistinta recogiendo una u otra según la facilidad y la cercanía.

En quinto lugar valoramos la influencia de los vientos dominantes al saber que en los días en que son más fuertes las abejas apenas salen al campo por ser arrastradas fuera de las rutas de aprovisionamiento, si son moderados 20 -30 km., si salen y es entonces cuando la disposición del colmenar es importante, según se halle encontrarán mayor riesgo de resultar dañadas o muertas al golpearse contra los muros o paredes, si caen entre las hierbas en general emprenden el vuelo resultando de ello solo una pérdida de tiempo, pero sobretodo en las remociones y si el colmenar está algo en sombra las arrojadas fuera de las piqueras y que llegan muy cargadas se enfrían en el suelo y no levantan vuelo resultando una mortandad notable todos los atardeceres, para evitarlo se deben prolongar hacia adelante todos los tableros de vuelo hasta alcanzar los 30 cm. ý así si caen algo fuera de la piquera caen en el tablero y entran andando.

Resulta sencillo comprobar visualmente sus preferencias de vuelo y determinar el riesgo que corren cuando el viento las obliga a variar de dirección, si cuando esto ocurre se acercan demasiado a cualquier objeto contra el que pueden resultar muertas, las colmenas serán cambiados hasta lograr corregir la dirección de salida-entrada en el sentido conveniente, lo cual solo lo veremos realizado cuando las nuevas pecoreadoras se orienten en sus primeros vuelos, las más viejas de no ser la diferencia de situación muy significativa seguirán utilizando su ruta anterior aunque en ocasiones les sea preciso dar un rodeo hasta hallar su piquera.
El sexto factor que anotamos se refiere a las perturbaciones ajenas generadas por las condiciones ambientales cercanas, la proximidad de una carretera ocasionará una gran mortandad si es atravesada por ellas en días de viento cuando, como es su costumbre, vuelan rasantes. Un ferrocarril cercano ocasionará una motivación a la agresividad por las fuertes vibraciones que produce y que causan irritación continua, llegando las colonias a ser muy difíciles de manejar.
Las fábricas cercanas suelen ser emisores de gases a menudo tóxicos y de sustancias que al depositarse en las plantas impiden una correcta pecorea. Deben alejarse las abejas de todos esos emisores situándolas donde todas o la mayoría de las condiciones sean más favorables, una buena cosecha depende de ello.
Es interesante señalar que en ocasiones son las abejas las que resultan perturbadoras de la actividad de las personas que cultivan los campos en las inmediaciones, en general se admite que esto ocurre por tener en esos los lugares el vuelo rasante, un seto de unos dos o tres metros situado a unos diez o quince de las primeras piqueras lo que las obliga a elevar el vuelo, en general se soluciona el problema, en casos extremos es necesario desplazar las colonias. 

domingo, 17 de febrero de 2013

NÉCTAR Y NECTARIOS


El néctar es el liquido azucarado que recogen las abejas de las plantas y que será después de elaborado la miel. La parte de la planta donde se halla el néctar se llama nectario y está en el interior y hacia la base de las flores, en mucha menor cuantía algunas plantas disponen de nectarios extraflorales.
En la parte baja de la flor se hallan tejidos que disponen de una acumulación de azucares que constituyen una reserva alimenticia para ser usada después de la florescencia en las primeras etapas del desarrollo del fruto, una parte de esas sustancias son arrastradas hacia el exterior en forma de pequeñas gotitas que son recolectadas por las abejas.
Dos fenómenos son los que dan origen al néctar:
mucha savia ascendente.
mucha transpiración de la planta.
La absorción por las raíces de los elementos nutritivos disueltos en agua constituye la denominada savia bruta que asciende por los vasos leñosos hasta las partes verdes donde es elevada y transformada por medio de la función clorofílica en sustancias asimilables por las plantas (savia elaborada).
El exceso de agua que lleva la savia bruta es eliminada por la transpiración que durante el día es intensa y que por la noche es muy limitada, el exceso de agua que no puede ser eliminado por la transpiración lo es atraves de unos mínimos agujeros llamados estomas formando pequeñas gotas muy azucaradas es el néctar.
Un tercer fenómeno tiene lugar durante la producción de néctar es la denominada presión osmótica, gracias a ella y al desequilibro entre los azucares que propicia la propia planta se mantiene la secreción, la presencia de un líquido muy azucarado en el nectario y otro menos azucarada en los tejidos próximos crea una diferencia en el nivel de azúcar que tiende a ser igualado aunque nunca se logra lo que da como consecuencia la secreción por el nectario.

Las variaciones tanto en la composición del néctar como en la cantidad exudada es muy notable, las variaciones de la humedad del suelo y del aire tienen una importancia decisiva, es necesario una buena humedad en la tierra para que haya néctar. La del aire tiene influencia decisiva, si los vientos son secos causan gran perjuicio al contribuir a la evaporación del néctar antes de que sea aprovechado por las abejas, los vientos húmedos y templados no facilitan la transpiración de las plantas al estar cargados de humedad, de ese modo los nectarios producen de forma continuada.
Las temperaturas altas favorecen la producción de néctar siempre que el aire tenga humedad suficiente, sino la tiene favorece la transpiración de la planta y el néctar fluye en menor cantidad.
Las abejas pueden hacer una selección sobre determinados néctares por la mayor facilidad o dificultad a la hora de alcanzar con su lengua los nectarios, algunas flores presentan dificultades "mecánicas" al tener corolas muy profundas a donde solo llegan abejas dotadas de lenguas largas es el caso de flores con los pétalos soldados.
La composición química del polen es muy variable dependiendo del tipo de planta, estación del año, clima , etc. en general contiene un 30% de hidratos de carbono, en torno del 1% proteínas y minerales que aún estando en tan pequeña cuantía son los que dan más tarde las características de aroma, color, cristalización y otros típicos de cada clase de miel.

Cuando las circunstancias son favorables a la producción de néctar se va renovando constantemente y así después que una abeja se lleva lo que está reunido pronto la planta inicia la salida por los estomas de una nueva provisión, se admite que justamente que la abeja se lleve el néctar acumulado favorece la producción de más, pues no se acumula indefinidamente en la planta.

LA CONDUCTA DE LAS ABEJAS


Es corriente constatar como después de observar plácidamente las idas y venidas de las abejas de una colonia/as nos agreden y nos persiguen si no nos alejamos. El recuerdo de aquel desafortunado encuentro permanecerá imborrable en la memoria reforzado por las secuelas, un intenso dolor y una más que considerable hinchazón, en casos afortunadamente muy escasos todo lo anterior puede llegar a producir reacciones de intolerancia o de alergia con graves o muy graves consecuencias. Todo esto ha dado lugar a un halo de precaución, temor e incluso odio, que dificulta más que otra cosa en numerosos casos la aplicación de las modernas técnicas apícolas ante la incertidumbre de perder el control de las colonias y resultar gravemente dañado. Es normal sobretodo en los profanos y en los principiantes sentir presente ese recuerdo cuando realizan manejos y tienden a un gran nerviosismo cuando dudan de su capacidad de control de la colonia que manejan, o cuando constatan que abejas enfurecidas intentar por todos lados clavarles el aguijón, en la mayoría de los casos está más que justificado ese temor, no es difícil darse cuenta que se ha perdido por completo el control de la situación lo imposibilita para continuar no solo con la colonia en la que nos hallamos sino por añadidura sobre las otras al las que nos acercamos con temor y poca decisión.
No es ningún demérito para un apicultor sea cual sea su nivel perder el control sobre una colonia, pero lo verdaderamente importante es saber o intuir porqué se ha producido y a continuación tomar medidas o evitar en el futuro situaciones que nos lleven por ese camino equivocado.
Si consideramos prioritario realizar una apicultura activa debe ser objetivo principal conocer en profundidad los comportamientos naturales de las abejas, pues somos nosotros los que nos adaptamos a ellas, conociendo e interpretando sus reacciones y tan solo sometiéndolas cuando se altera la agresividad natural mínima impidiéndonos continuar con nuestro trabajo. Tenemos presente que nos protegemos tan solo para evitar daños accidentales y nunca para aislarnos de ellas. Nuestra protección nos evita llevar un pinchazo en un sitio delicado de la cara, por eje. pero su misión no es evitar que nos lleguen las abejas a cualquier otro sitio en cualquier situación, para lograr que no nos agredan fuera de un pequeño número, debemos manejar la colonia correctamente, como es sabido la agresividad es hereditaria, por ello es diferente según la raza que manejemos y diferente entre colonias de la misma raza, es algo mayor en colonias con reinas jóvenes, pero sobretodo la calidad de los manejos tiene una influencia decisiva en sus manifestaciones. Todos aquellos manejos que impliquen gran muerte de abejas deben considerarse defectuosos y proclives a exacerbar la agresividad de las colonias que se mantendrán alerta durante varios días después de realizado el manejo, impidiéndonos acercarnos. En el análisis de la conducta de las abejas separamos dos aspectos diferenciados:
reacciones ante las perturbaciones recibidas.
información que se deduce de la conducta observada a la colonia.

 Según sea la distancia que separa la colonia del emisor las podemos clasificar en:
lejanas.
cercanas.
en el entorno inmediato captadas directamente dentro del nido.
Cuando las abejas están muy lejos de la colonia y su misión solo es el acarreo de néctar o elementos útiles son totalmente pacificas y pueden ser acariciadas con cuidado de no aplastarlas, en esas condiciones si algo las molesta sencillamente se van a otro sitio.
Cerca de la colmena se muestran agresivas cuando nos interponernos en sus rutas de vuelo, especialmente al partir y menos al regresar están muy atentas a movimientos y olores.
En el entorno inmediato son las abejas que han hecho los primeros vuelos junto a las más viejas las encargadas de defender el nido, en el interior de la colmena se suman las obreras mas jóvenes quedando solo excluidas las recién nacidas. En las horas de gran actividad están en el campo la mayoría de las pecoreadoras con lo que restamos un buen número de abejas lo que contribuye al manejo aumentando la facilidad de realizarlo.
De estas tres formas de comportamiento la que nos interesa de forma prioritaria conocer es esta última, sobre cuyas causas podemos actuar, las primeras no tienen relevancia y las segundas tienen una interrelación con las últimas.
Debemos conocer en detalle los motivos que hacen que una colonia tranquila hasta nuestra intervención se presente ahora intolerante hacia nosotros, este conocimiento nos evita actuar pendientes de la sorpresa lo que hace nuestro trabajo agradable y confiado, manteniendo en todo momento una actitud positiva hacia ellas, lo que ayudará sobremanera en el control, nuestro miedo es detectado con gran precisión y no dudan en aprovecharse de nuestra debilidad, el control severo después que una nube de abejas nos han agredido no es propio de la apicultura de calidad que debemos realizar, es necesario profundizar en el conocimiento del comportamiento de las colonias.
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Las abejas alteran su ritmo de trabajo cuando perciben alguna/as de estas cuatro causas básicamente:
vibraciones captadas.
movimientos bruscos.
percepción de olores desagradables para ellas.
condiciones meteorológicas adversas.
Las colonias son extraordinariamente sensibles a las vibraciones captadas, basta el menor golpe en la madera para que respondan con un zumbido desde el interior, es una señal de aviso, pero no solo eso, las vibraciones recibidas desde algunos metros las recogen y así el corte de la hierba cercana es recibido como una perturbación molesta, seguramente las raíces íntimamente unidas a la tierra servirán de elemento conductor hasta la base de la colmena y como en el interior todos los elementos se hallan fijos por la propolización la atenuación que cabe esperar es escasa provocando entonces su irritación. Sucede lo mismo cuando las máquinas agrícolas trabajan cerca de los asentamientos y aún hallándose detrás de muros son sus conductores atacados. La cercanía de ferrocarriles o carreteras son causa de malestar que se traduce en un aumento de la agresividad al ir a manejar, sea cual sea la técnica empleada.
Cuando nos hallamos trabajando en la colonia la causa más frecuente de irritación está en los golpes dados al mover los elementos constitutivos, debemos ser muy cuidadosos y evitarlos en toda ocasión, trabajando con lentitud y sobretodo despegando los marcos ayudados de las dos manos, evitando los desplazamientos bruscos que son causa de choques con otras partes causando alarma entre la población y predisponiéndolas al ataque.
La segunda causa que provoca agresividad inducida son los movimientos bruscos, está probada la dificultad que tienen las abejas para ver objetos que permanecen quietos y así podemos comprobar como chocan contra la madera de la colmena o de la tabla de vuelo cuando regresan en días de calma, si el objeto de su atención se mueve muy aprisa detectan con precisión donde se halla, si queremos alejar una abeja dando manotazos no solo estamos ayudándola a localizarnos con precisión además le manifestamos hostilidad y sola cabe esperar un pinchazo.
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Una abeja vigilante ve perfectamente el movimiento de un dedo cuando lo movemos rápidamente desde una distancia de más de cuatro metros, lanzándose en esa dirección si se persiste en esa actitud. Si las abejas no están vigilantes no hacen cuestión de la presencia de personas sino se las molesta de otra forma, esto solo sucede en colmenares con un nivel de agresividad bajo, puede ser este un modo de medir la repercusión de nuestros manejos en el comportamiento de las colonias.
Al remover la colmena para abrirla las vibraciones producidas son la primera causa de alerta, los movimientos bruscos de nuestro ahumador espátula y los de los elementos constitutivos de la colmena no son sino añadidos que provocarán una nube de abejas agresoras, para nosotros es la segunda causa de agresividad inducida y un motivo para variar nuestra técnica si es necesario.
En tercer lugar sabemos que cuando nos situamos cerca de las colmenas y no reducimos vibraciones indeseables ni movimientos bruscos las abejas nos detectan por la llegada al nido de nuestro olor o el de nuestros vestidos o herramientas que portemos.
El concepto de buen olor no es para las abejas igual que para nosotros, dándose el caso de utilizar elementos de la industria aparentemente apropiados y encontrarnos con abejas limpiadoras que hacen todo lo posible por arrojarlos fuera de la colmena.
Su mayor tolerancia está, como es lógico, en los materiales naturales, que debemos usar para odorificar elementos nuevos y evitar rechazos, la hierba de la abeja Ophrys Apífera es muy conveniente para frotar los guantes tan pronto han sido pinchados y hacer que desaparezca el olor del veneno asimismo lo podemos usar para frotar el buzo o la misma careta para evitarlo, el propóleos disuelto en alcohol se puede usar para dar olor a las maderas. Los olores procedentes de otros elementos emisores son objeto de acoso y agresividad lo mismo que los animales y deben mantenerse alejados de las colonias o evitar realizar manejos cuando ellos estén presentes en al ambiente.
En el cuarto apartado están todos los fenómenos atmosféricos que influyen negativamente en la recolección del néctar y que son por si mismos motivo de cólera para las abejas. El viento, el intenso calor que provoca gran evaporación de néctar y pobre recogida, tormentas de verano, nieblas , etc. y siempre que el acopio de néctar es escaso hacen que la colonia este alterada y muy atenta a todo lo que sucede en el entorno, los buenos manejos solo son posibles cuando se está de forma simultánea recogiendo una gran cosecha.
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Es el segundo aspecto que mencionábamos antes y que nos permitirá actuar para contener cuando es necesario lo que de otra manera será un ataque intenso. Sabemos que el sonido agudo emitido por una abeja que vuela a nuestro alrededor es indicio de su cólera y precede a los intentos de pinchar. Para ellas no importa en absoluto la valoración humana de los hechos y es necesario admitir que con nuestra conducta hemos alterado de forma involuntaria su tranquilidad. Es útil admitir de entrada que somos nosotros los causantes de su enojo, el caso contrario nos lleva a protegernos de tal manera que ninguna abeja podría pincharnos directamente al cuerpo, pero nuestro buzo y guantes se llenarán de aguijones equivalentes en número al de abejas muertas, y no por ello cesarían en sus intentos haciendo víctimas a otras personas y animales que se hallaran cerca, ello será causa de una agresividad inducida muy alta que se manifestará durante muchos días más, sin que medie causa aparente alguna.
El análisis del comportamiento nos hace separar las tres causas que provocan esa conducta demasiado negativa:
causa genética.
causada por manejos deficientes.
causada por una mezcla de las dos.
Si la causa es genética en toda ocasión las abejas se muestran agresivas, es igual que realicemos manejos que simplemente paseemos delante de las colmenas, cualquier ocasión es buena para atacarnos.
Si la causa inicial son los manejos deficientes constatamos que la agresividad se incrementa de forma notable a partir de hechos concretos, realización de núcleos con demasiada muerte de abejas por aplastamiento, revisiones sistemáticas de las cámaras, innecesarias siempre, por algún estudio que exige mucho movimiento de cuadros u otras.
Lo más frecuente es que se produzca una suma de las dos causas iniciales dando lugar a la tercera. Si de un principio nuestras abejas son proclives a la agresividad y realizamos manejos precipitados y violentos incrementaremos nosotros su conducta natural y nos será muy desagradable trabajar con ellas, llegando al caso de no importarnos la muerte de muchas de ellas por aplastamiento o simplemente por la pérdida del aguijón después de pincharnos. Siempre se debe obtener una respuesta positiva de las colonias para evitar todo esto.
No es útil oponer nuestra conducta a la suya, mucho mejor es adaptarnos a sus condiciones y corregir los motivos, lo que se traduce en manejos agradables. Las abejas que no permiten en ninguna ocasión caminar entre las colmenas cuando se hallan en plena actividad pueden estar indicando defectos notables en el comportamiento y exigen una revisión a fondo del manejo y control que están recibiendo y proceder a una corrección incluso de raza si fuera necesario, pero prestando mucha atención a la calidad de nuestro manejo que casi siempre está en la base del problema.
No considero se halle suficientemente contrastado aunque se admite, en general, que aquellas razas de abejas que insisten en pegar con cera unos marcos a otros adoptando formas curvas semejantes, en lo que pueden, a la forma natural de los panales, serán más agresivas que aquellas que construyen recto. Para nosotros que manejamos con frecuencia las colonias es del mayor interés controlarlas, que no dominarlas, tanto en una situación como en otra y como no podemos nunca evitar producir vibraciones violentas o movimientos bruscos lo que junto a otras perturbaciones las enfurecen mucho, solo nos queda estar atentos a sus movimientos que nos darán una información precisa y puntual de su estado de animo y nosotros actuaremos en consecuencia limitando su cólera siempre que sea preciso, siempre anticipándonos a ellas.
 
Todo lo que sucede en la colonia lo mismo antes de nuestra llegada como cuando se produce y al irnos obedece a una serie de pautas fijas que debemos conocer para actuar en consecuencia, se puede dividir la información que sobre esto nos dan ellas en cuatro apartados, cada uno responde a un estado de ánimo de la colonia y es necesario distinguirlos con precisión para poder actuar:
tranquilidad sobre el panal y en la colonia, continuamos trabajo.
tendencia a subir a la parte superior, debemos tener precaución.
abandonan colmena, sin volar, tienen excesivo temor, ¿asfixia?
abandonan y se echan a volar, colonia fuera de control, peligro.
En el primer caso al ir sacando los panales las abejas permanecerán sobre ellos formando un a modo de capa y continúan con su trabajo, es posible ver la reina poniendo en las celdillas como si estuviera el cuadro en el nido, todos los manejos son posibles, podemos prescindir de la protección, las abejas se alejan de nuestras manos y si alguna se siente prisionera emite una vibración típica manifestándonos que no puede liberarse, la liberamos y se va sin intentar pincharnos, muchas nos tocan las manos, libres de guantes, y perciben y nosotros percibimos claramente la actitud positiva de ambas partes consecuencia de la tranquilidad con la que trabajamos, nos permiten continuar nuestro trabajo sin molestarnos, en esos momentos existe una complicidad entre apicultor-abeja que hace que la Apicultura sea mucho más que una profesión, nos permiten mejorar y optimizar de manera notable su situación. Debemos en estos momentos de buena disposición de las colonias emplear nuestra mejor técnica para alterar lo menos posible esa situación favorable, los días tranquilos con buena llegada de néctar y de polen van a ser los mejores soportes de esta situación.
En el segundo lugar colocamos una apreciación que constatamos con mucha frecuencia y es la tendencia de las abejas a subir a la parte superior de los cuadros de la cámara o del alza, y lo intentan cada pocos minutos y como no podemos permitir que lo hagan los manejos serán mucho más lentos y deben ser hechos con mucho cuidado y atención podemos llevarnos sorpresas desagradables, al menor descuido caerían sobre nosotros como una granizada. Si nuestro interés fuera realizar un núcleo nos encontraríamos con pocas abejas sobre los panales, el día no es bueno y el control difícil si vemos que no es posible continuar con tranquilidad lo dejamos para mas adelante, lo importante es mantener el control y en estos casos no resulta fácil aunque no es imposible.
El tercer supuesto, abandono sin volar, se da cuando un gran temor las alcanza. Los golpes continuados durante un trasiego que empiezan enfureciéndolas terminan siendo determinantes del abandono de su vieja colmena y el paso a la nueva, el empleo del humo de forma exagerada o emplear humos procedentes de la combustión de materiales plásticos pueden ser la causa de la intoxicación y quizás de la asfixia de las abejas que abandonan si pueden la colmena y se arraciman en el exterior.
En el último caso está configurado por las abejas que se lanzan a volar sobre la marcha, abandonan la colmena por la piquera y por la parte superior, forman una gran masa que nos rodean y empiezan a atacarnos siguiéndonos bastantes metros lejos del colmenar, se hallan en ese momento fuera de control siendo la situación mas peligrosa pues atacan por todos los sitios y todo lo que pueden , si a pesar de nuestra protección recibimos muchas picadas lo que puede suceder en breves minutos debemos alejarnos de la colonia y dejarlo todo como esta durante algunos minutos o bien permitir que otra persona continúe el trabajo, en general solo será posible tapar y esperar otro día para realizar los manejos que teníamos dispuestos, en los colmenares numerosos debemos cerciorarnos que no estén participando en la agresión otras colonias alejadas de la que manejamos alertadas por los movimientos que hacemos y si es así no dudaremos en ahumarla algo por la piquera para restablecer la normalidad, si estamos solos debemos tener presente que no es ningún perjuicio salirse temporalmente del área de la agresión y regresar mas tarde para tapar la colmena aunque según la época del año tendremos presente la posibilidad de pillajes para actuar en consecuencia. Esta situación es típica cuando se desconoce todo el comportamiento de las colonias y no se repara en dar golpes o mover los panales con brusquedad, y puede suceder cuando se produce un accidente al mover colmenas de sitio por alguna razón de emplazamiento, quedando las abejas hasta ese momento encerradas libres, proceden de inmediato a atacar a todo ser viviente a su alcance. De acuerdo con la sensibilización que tengamos cada uno al veneno estableceremos el límite de picadas que podemos soportar alejándonos sin preocuparnos de otra cosa cuando vamos a rebasarlo, los efectos para nuestra salud lo aconsejan.

sábado, 16 de febrero de 2013

HIVERNACIÓN



Es aquel en el que la actividad de las colonias decrece hasta pararse en su totalidad. Se inicia cuando al no tener floraciones el campo las abejas deciden mantenerse en el interior de las colmenas influenciadas sobretodo por la bajada de la temperatura y el mal clima exterior. Cuando esta etapa llega podemos verlas en las piqueras dedicadas a realizar con un movimiento acompasado con las mandíbulas una especie de limpieza de la madera, tal cual parece que la limpiaran, y que dura varios días. No es fácil establecer la razón última de este comportamiento pero sí es claro que define el momento en que la actividad está decreciendo y marca de forma inequívoca su comienzo.
A diferencia de la época de producción en que mantienen en el nido una temperatura constante en la invernada esa es variable siendo diferente en diferentes puntos aunque elevada si la comparamos con la del ambiente. Depende sobretodo de la concentración de abejas agrupadas sobre una cara u otra del panal, y es consecuencia última de la posición en que las encuentra la bajada de temperatura del día que consideremos, en esta etapa las abejas se muestran reacias a efectuar cambios de ubicación, bien sea la nocturna por heladas u otros fenómenos o la diurna por el paso de frentes u otras causas.
Las temperaturas del nido en cualquier ocasión oscilan entre unos 25ºc. y 32ºc. medidos en el centro del racimo   de abejas. Este calor llega por radiación y conducción al grupo de abejas y por los mismos panales hasta las que forman la capa más exterior que como están más expuestas a las temperaturas del ambiente no serían capaces por si solas de mantenerla en un nivel normal, si se hallan a tan solo unos 10ºc. o 12ºc. empiezan a entumecerse y se mueven con dificultad y si sigue descendiendo se paralizan totalmente y mueren.
Es significativo considerar que con solo 1ºc. ó 2ºc. en el ambiente el centro de la pelota de abejas se halle por encima de los 25ºc. como media. Si el aire que rodea el nido alcanza los 10ºc., por una bonanza exterior , empieza el movimiento de las que se hallan más a la periferia que se limita a caminar sobre los panales, si llega a sobrepasarse los 12ºc. y siendo las condiciones exteriores favorables emprenden el vuelo. Cuando de nuevo desciende la temperatura se agrupan adoptando en general una forma típica de bola apretándose más unas con otras cuanto mayor es la bajada de temperatura.
Durante la invernada se producen pérdidas de ganado por mortandad natural y por enfermedades, también en aquellas condiciones más desfavorables en las colonias débiles se producen muertes no solo de abejas también de reinas, incluso nuevas, que dejan la colonia huérfana y perdida pues antes que el apicultor se de cuenta estará despoblada al llegar la primavera.
De todo ello lo más importante a considerar sería que las abejas necesitan alcanzar una temperatura elevada en sus nidos durante el invierno y como parte del calor que generan se pierde absorbido por los mismos panales y por la radiación del mismo grupo si la cantidad de ganado que lo forman es escasa bien podría no ser suficiente para que todas ellas y sobretodo las de la parte exterior de la bola estén por encima de los 10ºc. esenciales, produciéndose la muerte de abejas en esa zona en el caso de una bajada brusca de la temperatura ambiente o bien de forma continuada que no permitiera al grupo calentar de forma suficiente a las más extremas.
La reducción del volumen o concentración de una colonia cuando se dispone a invernar es verdaderamente notable y es fácil ver como las abejas que en primavera verano ocupaban el equivalente a dos cámaras industriales superpuestas llegado el momento de los grandes fríos solo ocupa un cuarto de aquel volumen y eso en condiciones normales, pues pueden agruparse aún más en el caso de fríos extremos.
Aquellas colonias que solo ocupaban parcialmente su cámara con la llegada de los fríos apenas si cubren un cuadro y ni así lograban mantener una temperatura apropiada por las excesivas pérdidas de calor que tienen que soportar, como consecuencia se les mueren abejas y cuando llega la primavera el retraso en salir es notable. En ocasiones confían en la bondad transitoria del tiempo y se lanzan a la cría teniendo después que abandonarla y agruparse al menor bajón de temperatura quedándose luego el trabajo de sacar los cadáveres de las muchas larvas que mueren de frío.
Todos los datos expuestos nos permiten asegurar que los enjambre secundarios en general y muchos de los forzados mal hechos deben ser reunidos al comenzar este periodo o darles cuidados especiales sino queremos exponernos a morir o debilitarse, la reunión permitiría en estos casos formar con ellos una colonia con la cantidad de ganado suficiente para pasar con seguridad el invierno. Si por alguna razón queremos mantener una pequeña colonia le procuraremos una reducción de su habitación colocando una tabla de separación o un "panal" de porespan, esto ayudará en gran medida a mantener el calor debemos retirar los panales que sobren para evitar pillajes. Puede ser conveniente aislarlas del ambiente usando materiales isotermos, el prosean es apropiado, cuyas láminas podemos poner por el exterior atándolas a la colmena. El porespan interior debemos retirarlo tan pronto las abejas empiezan a roerlo, esto indica que necesitan espacio.

PILLAJE ENTRE COLONIAS



Se denomina de esta manera un  incidente que surge en el colmenar y que cosiste en que una colonia potente ataca y destruye a otra/s más débiles llevándose la miel que tengan. Este hecho sucede más bien al final de las floraciones cuando las pecoreadoras no tienen néctar que recoger en el campo y están atentas a todas las percepciones de olor procedentes de las colmenas vecinas, al menor descuido de las guardianas entran y si por debilidad de las mismas logran su objetivo, que es llevarse la miel, darán aviso a sus compañeras de la situación y estado de aquella que será en breve atacada por millares de abejas combatiendo con las otras y si dominan las atacantes destruyen los panales, dejándolos reducidos a polvo fino que sale por la piquera y abundantes abejas muertas.
En ocasiones la colmena atacada es tan débil que se resigna y su población parece que deserta y acompaña a las atacantes no encontrando por esta razón el apicultor elevado número de bajas. El refuerzo con las abejas, incluso las de la pillada, la motiva a atacar de nuevo y si la colonia elegida es algo más potente resultan del combate muertas muchas, las vemos delante de la colmena en gran cantidad o arrastrándose por el suelo y piquera en una postura típica formando su cuerpo una figura semejante a una C.
ante el tumulto que se forma otras colonias hasta ahora tranquilas realizan a su vez tentativas, que se saldan con más bajas y durante varios días encontraremos en el colmenar un gran nerviosismo y agresividad, y aunque al final reine la calma bastará algo de olor a miel o el mismo del propóleos al destapar para que se reanude la inquietud y las tentativas vuelvan.

Todos los casos de pillaje obedecen al instinto natural que las impulsa a recoger toda la miel posible en la colmena para servir de alimento al grupo o colonias potentes que son los que la naturaleza señala para perpetuar la especie, para el apicultor suele tratarse de un grave inconveniente, este estado de pillaje las lleva a atacar incluso colonias muy potentes pero que tienen alguna rendija que ha quedado de un cubre mal puesto y no siempre la colonia potente logra vencer a las atacantes.
Si detectamos el fenómeno en sus comienzos lo primero es tapar parcialmente las piqueras de todas las colmenas que se estiman como débiles y revisar todas las demás en busca de resquicios por donde se puedan colar abejas, así serán mejor defendidas en caso de ataque  aunque las propias de la colonia intentan entrar, pero dada la confusión es difícil saber si se trata de pilladoras decidas a entrar a toda consta, así que lo mejor es cerrar totalmente la piquera con hierba y dejar entrar a intervalos solo a aquellas abejas que lleven polen en las patas. Es un síntoma inequívoco de la presencia de pilladoras ver abejas que se posan en lugares raros como puede ser el tejado intentando entrar o se muestran muy dubitativas ante la piquera, pero este hecho no debe ser confundido con la presencia de un grupo de abejas que realiza los primeros vuelos de reconocimiento, en este caso las abejas están delante de la piquera formando una nube pero entran y salen con confianza las extrañas se mueven alejándose de las propias de la colonia y podemos ver como estas las sujetan por las patas y aquellas tratan por todos los medios de zafarse.

Alguna vez es el propio apicultor el causante de la excitación inicial que desencadena todo el problema, en primavera todos los manejos son fáciles, la ocupación de traer néctar no las distrae en otras cosas y se puede dejar miel destapada durante bastante tiempo y no van a recogerla, no sucede lo mismo en el otoño o en momentos donde por alguna causa, como puede ser una sequía, se pase tiempo sin poder realizar recolección alguna. Destapar colmenas y remover panales con el olor que se desprende motiva la reacción de las pecoreadoras de las colmenas vecinas y pronto la abierta se ve rodeada de pilladoras a millares que intentan entrar, tratando de hallan cualquier abertura y si no lo encuentran atacan por piquera, una vez el combate se generaliza se producen muertes a millares y es posible que haya intentos sobre varias colonias de forma simultánea. Si un colmenar ha padecido pillaje es normal que los intentos duren varios días más, por ello todos los trabajos previstos tienen que ser suspendidos ante la imposibilidad material de llevarlos a cabo, apenas se destapa un colmena cuando empiezan ha llegar las pilladoras, transcurridos unos días podemos reiniciar el trabajo siempre atentos a las reacciones de las colonias.
Si fuera imprescindible realizar alguna inspección en medio de esta situación anómala debemos trabajar sobre unas pocas colonias, suspendiendo el trabajo por algunos minutos al menor síntoma y iniciando de nuevo en otro sitio del colmenar alejado para sorprenderlas, es bueno trabajar al atardecer para que la noche las calme. Alguna vez puede suceder que sean nuestras colonias las que procedan a pillar en otras de la vecindad o que sean abejas extrañas las que vengan a nuestro colmenar con el mismo propósito, en el primer caso cabe mojar con agua la colonia que suponemos esta pillando a otras, se suele detectar por la gran actividad que tiene cuando sus vecinas se hallan prácticamente paradas, en el segundo supuesto se puede cambiar la colonia de sitio para despistarlas o colocarla en el lugar de una potente, pero este cambio sobre la marcha puede provocar alguna baja al no estar los olores unificados.

Uno de los avisos de probabilidad de pillaje nos lo indica el comienzo de la matanza de los machos, como sabemos que se realiza al finalizar la recolección cuando se produce deberemos tomar precauciones adicionales. Sobre este tiempo corresponde retirar las alzas para la extracción lo que provoca una gran excitación en todo el colmenar y el peligro aumenta de forma muy notable, siendo frecuentes las interrupciones por esa causa, procederemos al atardecer y cuidaremos que todo este bien tapado. Devolver las alzas para la limpieza es otra forma de motivar pillajes, las alzas suelen tener residuos de miel exteriores lo que unido al intenso olor provoca pillaje sobre la marcha, es una buena medida lavar la madera una vez colocada en la colmena y comprobar que todo está bien cerrado. Todo intento de pillaje debe ser corregido sobre la marcha y en época de riesgo realizar frecuentes visitas al colmenar para ver que todo está tranquilo, aunque solo fuera por el valor de los panales que evitamos sean reducidos a polvo nos interesa cuidar que no se producía esta anormalidad.

viernes, 15 de febrero de 2013

POLINIZACIÓN POR LAS ABEJAS



En cada ocasión en que una abeja recoge néctar de una flor o bien néctar y polen y se desplaza a otra para hacer lo mismo realiza uno de los actos más importantes y beneficiosos para las plantas pues las ayuda en la polinización de sus flores. Es importante resaltar que todo el cuerpo de la abeja se halla cubierto de pelos rígidos a los que el polen se adhiere transportándolo hasta otra planta, muchas disponen de un polen de unas característica determinadas y que facilitan de por sí el agarre a la abeja. Cuando por propia iniciativa la abeja recoge polen y debe llenar las cestas de las patas con las bolas que prepara, necesita hacerlo de muchas flores y es entonces cuando la función de polinización se realiza de forma óptima si consideramos además que solo recoge de una sola especie con lo que se produce una simbiosis entre abeja y planta muy importante.
La polinización en las flores de las plantas equivale a la cópula entre las especies del reino animal, y si no se realiza o se hace de forma deficiente los frutos de esa planta tendrán defectos y serán menos.

La contribución que las abejas realizan se manifiesta como una interacción entre el reino vegetal y animal verdaderamente admirable, el vegetal procura el sustento de las colonias y estas por el solo hecho de recogerlo ayudan a la planta a tan importante función, calculándose que un gran porcentaje de cultivos y también de vegetación silvestre esta directamente beneficiada, la supervivencia de numerosas especies de plantas depende en gran medida de la polinización de los insectos en general y de las abejas en particular.
De forma práctica se pude comprobar que frutales a los que mediante una red se privó de la llegada a sus flores de los insectos, redujeron la cosecha hasta el 2% de la que cabría esperar, tan solo la acción del viento realizó el intercambio del polen.
Siendo a menudo las condiciones meteorológicas no adecuadas en el momento preciso y teniendo en cuenta que no todas las flores masculinas y femeninas que tienen poder fecundante en un momento dado se hallan reunidas, puede suceder que el arrastre de polen por el viento lleve el polen fuera del lugar donde se necesita y esto tratándose de fecundaciones en el mismo árbol. Todo el proceso es más difícil de lograr al hallarse las flores entre dos portadores distantes varios metros donde la acción del viento es aún más incierta, es aquí donde los insectos son los mejores vehículos.
El predominio para polinizar por las abejas en la mayoría de las especies cultivadas y silvestres se debe al hecho de formar sociedades de muy elevado número de individuos, donde el consumo entre otros elementos de polen y néctar es muy grande siendo por ello necesario recogerlo de millones de flores multiplicando así la eficacia de la acción.

Otros insectos también colaboran en esta tarea aunque indiscutiblemente su contribución es menor, en principio por pertenecer a grupos de menor número de miembros y casi siempre se contentan con obtener el alimento diario con lo que la visita a las flores es de poca entidad. No obstante eso, se ha visto que algunas plantas por ellos visitadas no lo eran por las abejas, estimándose entonces beneficiosa su labor y debiendo procurar su mantenimiento respetando su habitar natural.
Los beneficios económicos estimados de incremento de las cosechas en el campo por la acción de las abejas es de unas catorce veces el valor total de la producción apícola de una explotación, siendo en algunos hábitat las abejas estimadas más por la polinización que realizan el los campos que por la misma producción apícola.
Sucede y para contratiempo del apicultor que no todas las personas interesadas comprenden la importancia de los hechos descritos y no tienen en cuenta la presencia de abejas ni de otros insectos en las cercanías cuando proceden a dar tratamientos de cualquier entidad sobre las plantas cultivadas cuando se hallan precisamente en flor, lo que es perjudicial para la polinización de las plantas y contribuye a eliminar abejas que sería el mejor aliado natural en este caso.

Respetando los días del periodo de floración y siempre evitando en los tratamientos antes y después de la floración, los productos más dañinos para las abejas se contribuye a evitar la enorme mortandad que sobreviene cuando ellas acarrean el polen y el néctar contaminado hasta la colmena donde ocasiona un daño añadido en la cría que muere en gran cantidad dejando las colonias muy débiles.
Las colonias destinadas a la polinización de algún cultivo deben formar parte de las colonias más activas para asegurar el trabajo, unas pocas colonias muy potentes realizan mejor el trabajo que varias muy medianas cuyo consumo de polen y néctar va a ser menor en la misma unidad de tiempo. Se necesitan entre cinco y diez colonias por Ha. según el atractivo que para ellas tenga el cultivo, cuando les resulta agradable rápidamente invaden sus flores y en los pocos días de floración resulta una polinización perfecta.
Puede suceder que las abejas prefieran las flores silvestres que las del cultivo en ese caso la única forma de intentar atraerlas sería asperjar algo de agua melada, estos casos son verdaderamente excepcionales y casi siempre al cultivo llegaran las abejas necesarias, se debe tener muy presente que no en todas las horas del día una planta está en disposición de ofrecer néctar en abundancia y como la abeja recoge el polen casi siempre simultáneo con el néctar puede preferir en un momento dado otra planta, es conveniente una observación a diferentes horas del día y durante unos días para cerciorarse de los que sucede.

FASES DE LA ACTIVIDAD APICOLA



En el ciclo de actividad de una colonia existen dos etapas bien diferenciadas en cuanto a la organización vital de los nidos necesaria para lograr la máxima eficacia, la primera se extiende desde un poco antes del comienzo de la primavera y llega como mínimo hasta final del verano y que se caracteriza por el trabajo en el campo y por la cría de abejas en el interior, el resto de la añada sobretodo otoño e invierno es un tiempo en donde la actividad es muy reducida, según el lugar del asentamiento puede llegar a permitir incluso mantener un poco de cría en el centro del nido, favorecida por la aparición de polen temprano en algunas flores de invierno, no obstante esto este segundo periodo puede considerarse de reposo.
Se considera como inicio del año apícola la llegada continuada de polen a las colonias, cosa que podemos ver con facilidad en los días templados, de forma simultánea en el interior están teniendo lugar cambios muy importantes y significativos siendo de destacar la elevación de la temperatura y el mantenimiento de la humedad relativa dentro de un margen muy estrecho y apropiado a la salud de las larvas que se empiezan a incubar. Cuando todo esto tiene lugar deducimos que la remoción de las colonias es un hecho iniciándose todo el proceso vital.

La llegada de gran cantidad de polen, con un porcentaje superior al 50% las abejas que lo traen, nos indica mejor que otra cosa la presencia en el interior de cría abundante y aquellas colonia que así se nos muestran pronto aumentarán de ganado llevando ya desde este momento inicial la delantera durante toda la añada a otras que en este momento presentan una actividad menor y que no logran, en general, igualar a las mas aventajadas que necesitarán antes utilizar las alzas que serán llenadas con facilidad al coincidirles las mejores floraciones con su mayor potencia, en una simbiosis verdaderamente admirable, las más retrasadas que pasa el tiempo y no aumentan de ganado, por variadas causas, tan solo en los días de mucho calor presentan una actividad algo notable, ello es consecuencia de poder abandonar temporalmente el calentamiento del nido, cosa que pueden hacer al ayudarles el calor exterior a mantener la temperatura necesaria.
La relación entre la superficie que ocupa la cría de una colonia y el espacio que las, abejas una vez nacidas ocuparan es de un cuadro y medio de abejas por cada uno de cría, ello hace posible entre otras cosas que la colmena cuando se llena de panales de cría disponga de abejas suficientes para llenar con ellas las alzas y enviar al campo ganado suficiente para trabajar y mantener toda la actividad frenética que tiene lugar.
Con la llegada del otoño ocurre un fenómeno curioso y fácilmente observable, las abejas se hallan en las piqueras y parece que están como limpiando algo con las mandíbulas en un movimiento muy curioso hacia los lados, todas las colonias lo realizan, algunos días mas tarde se van colocando formando la típica bola compacta de la invernada, la actividad tanto exterior como interior se reduce y llega a cesar prácticamente por completo quedando las abejas casi quietas sobre los panales y solo en los días muy calurosos se desplazan por el interior y salen a vaciarse.
Cuando vemos esto en la piquera de la colmena se hallan preparadas para el reposo invernal y no debemos molestarlas con revisiones o exámenes que se dejarán para varios meses adelante, es muy importante respetarles ese deseo de permanecer inactivas y tranquilas, aunque no por ello dejan de estar atentas a lo que ocurre en torno de la vivienda y con el zumbido demuestran su rechazo cuando golpeamos la madera. En alguna ocasión al final de las floraciones importantes se adelanta por causa de la sequía en ese caso pueden llegar a prepararse equivocadamente para la invernada y con la llegada de las floraciones de inicio de otoño realizan una pequeña recolección pero pronto vuelven a su situación de reposo, constituye esto una prueba más de la perfecta sintonía entre ellas y la flora del lugar, mientras las condiciones climáticas exteriores sean adversas y sobretodo mientras la temperatura del ambiente se halle por debajo de diez grados permanecerán recogidas en la colmena, si aquella se elevara entre doce o quince grados salen al campo a vaciar sus intestinos y pueden realizar una recolección en flores cercanas a la colmena.

La primera diferenciación importante entre los miembros de la colonia en este periodo de actividad viene marcada por la edad de los individuos y así su función depende de aquella. Los podemos dividir en tres grupos, aunque en el desarrollo normal de los nacimientos los tres se solapan un poco en el tiempo, el primero sobre el segundo y este a su vez sobre el tercero, es lo que en apicultura se llama enjambre evolucionado hacia adulto siendo en este caso los individuos de la primera fase cada vez menos numerosos.
El primer grupo comprende las abejas recién nacidas y hasta aproximadamente el doce o catorce de vida, el segundo va desde unos quince días después de nacer y llega hasta los veintidós o veinticuatro días y el tercero desde esta fecha hasta la muerte de la abeja, cosa que sucede unos dos o dos y medio mes desde el nacimiento en primavera y unos cinco o mas cuando el nacimiento de aquella obrera ha tenido lugar al final de temporada y llegará con vida hasta la remoción del próximo año.
Las abejas nada mas salir de la celda presentan un aspecto débil y su color es más claro que el del insecto adulto, empieza a alimentarse pronto del néctar o miel y en los primeros días tan solo se fortalece, pronto empieza a poner en funcionamiento las glándulas situadas en la cabeza y que son productoras de jalea real y que a partir del quinto día están en su apogeo. Esta función es de la mayor importancia por tener una relación directa con la cantidad de puesta a alimentar sin olvidar la cantidad necesaria para alimentar la reina que en esta época de hacerse de forma abundante.

Se admite que la jalea va cambiando de composición según varía la edad de la larva a la que se alimenta y fácilmente se puede comprobar que aquella lo es a intervalos cortos depositando un poco de jalea cada vez, la abeja realiza esta alimentación introduciendo la cabeza en la celdilla y depositándola en el fondo. Si hubiera maestriles aquellos deben ser provistos de una cantidad importante de jalea y son las nodrizas las encargadas de hacerlo, las colonias muy potentes en nodrizas pueden hacer muchos y bien alimentados lo mismo que las mas débiles no pueden hacerlo.
Es fácil darse cuenta como a pesar de la gran cantidad de larvas a alimentar y de las variaciones que en la composición de la jalea se admiten no por ello se quedan larvas sin alimentar, olvidadas, lo que da idea de la perfecta organización que la colonia tiene. La abeja realiza este cometido hasta los doce o catorce días de edad y es un verdadero ejército las que se ocupan de este menester, para diferenciarlas de los otros grupos las llamamos nodrizas y debemos señalar que ellas no salen al campo a realizar recolección, solo parten algunas apenas pueden volar acompañando a las otras mas viejas en los enjambres.
Las nodrizas tienen una gran importancia en todo el proceso de cría de reinas, mas bien son imprescindibles, es conveniente que sus colonias estén en las mejores condiciones en todos los sentidos para que ellas puedan abastecer con abundancia los futuros maestriles, en algunos manejos se puede estimular su actividad suministrando agua melada.
Cuando de las condiciones naturales de una colonia resulta un crecimiento muy importante de individuos de este tipo coincidente con una baja ocupación de los otros grupos resulta de ello la necesidad de enjambrar, se debe estar muy atento a que esto no suceda por falta de espacio. Es el mismo caso si la numerosa población detecta un bajón en la cantidad de feromona que les llega de la reina, pronto las abejas con una contribución especial de las nodrizas toman la decisión de renovarla. En algún caso renuncian ha hacerlo perdiéndose la colonia, pero es posible que en este caso influyan factores que no se detectan a simple vista, la presencia de alguna enfermedad poco corriente puede causar este comportamiento, en general la desaparición de colonias populosas está precedido de alguna anormalidad grave que no siempre se detecta a tiempo.

En condiciones normales durante la primavera verano y sobre el día catorce las funciones de nodriza van poco a poco desapareciendo y la abeja se integra en el segundo grupo. No sucede lo mismo al final de la estación o cuando ocurren circunstancias anormales, como la pérdida de la reina que ha salido a fecundar y deben esperar a que regrese otra en cuyo caso aquellas glándulas permanecen en reposo reanudando su actividad cuando sea necesario, aunque es necesario hacer notar que tan pronto las primeras abejas nacidas reinician el ciclo evolutivo sustituyen a las mas viejas.
La segunda fase de la vida de las obreras comprende un trabajo fundamental que es el de cerera y otros no menos importantes y necesarios e imprescindibles como son la limpieza interior y la transformación del néctar. La limpieza interior es de una pulcritud envidiable, cualquier objeto ajeno a la colonia es rápidamente retirado y echado fuera, los cadáveres de otras abejas residuos de su actividad y cualquier cosa que no es de su agrado es arrastrado al exterior o propolizado en el sitio que ocupa cuando no pueden moverlo, es el caso de grandes insectos que se adentran en el nido o caracoles que son muertos y sus caparazones o esqueletos fijados con propóleos a la madera.
La misión fundamental de este grupo es la construcción de panales bien totalmente cuando se hallan libres en la naturaleza o reparando y acondicionando las láminas cuando están en nuestro apiario, se ocupan del operculado de todas las celdillas ya se hallen ocupadas por cría o por miel, contribuyendo de forma decisiva a la elaboración del néctar recién recogido.

Este grupo de abejas, en principio, no realiza trabajos exteriores y no recoge néctar de las flores, pronto realizan vuelos de reconocimiento de los alrededores de la colmena y vacían los intestinos, cosa que como se sabe deben realizar en pleno vuelo. Consumen alimento en abundancia para poder producir la cantidad de cera necesaria y que ellas van secretando por entre los anillos del abdomen mientras se hallan formando racimo muy juntas y quietas en los lugares donde se necesita, podemos ver muchas de estas dinimutas laminillas caídas al suelo cuando su producción sobrepasa el consumo. Como se supone en aquellas colmenas donde tienen que construir todos los panales la cantidad de miel consumida se resta de aquella que cabria esperar como producción.
Otro aspecto muy importante en la vida de las colonias es la ventilación, las abejas se procuran un ambiente interior apropiado controlando la subida de la temperatura sobretodo en verano lo que traería como consecuencia problemas a la cría, pero además y dado que el nido es una zona especialmente protegida la ventilación es usada para evaporar el exceso de agua que contiene el néctar cuando lentamente va siendo concentrado y se va transformando en miel. Para esta función se ocupan todas las que sean necesarias poniéndose en la piquera con el abdomen levantado y con el movimiento de las alas establecen la corriente de aire necesaria, aquellas colmenas dotadas de piqueras muy pequeñas pronto se ven ocupadas por abejas ventilando y es frecuente comprobar como estorban la entrada de otras abejas que llegan del campo, es fundamental el mantener la temperatura y la humedad interior en su justa medida y por ello no dudan en estorbar la llegada de pecoreadoras e incluso las ventiladoras se ven con frecuencia incomodadas y deben pararse ante el tumulto que se forma. No se debe permitir que esto ocurra abriendo las piqueras totalmente en toda época, nadie mejor que ellas saben cuando necesitan proceder a la ventilación o agruparse para mantener la temperatura, las colmenas con amplias piqueras no necesitan ocupar demasiadas abejas en este trabajo y tan solo cuando la recolección a sido muy importante podemos ver abejas que ventilan, especialmente al atardecer.
Si el calentamiento interior es perjudicado por la abundancia de abejas que contribuyen a él, gran parte de las abejas salen al exterior colgándose de los lados, si esta situación persiste varios días pronto enjambrarán. Si el calentamiento es solo temporal la actividad casi se paraliza y no se reanuda hasta que todo es normal.
Sobre los veinte días su actividad de cerera empieza a desaparecer y es entonces cuando sale al exterior en las horas centrales del día realiza nuevos vuelos de reconocimiento con la cabeza vuelta hacia la piquera de la colmena para fijar su situación en relación a los objetos del entorno, va haciendo círculos cada vez con un diámetro mayor hasta que definitivamente sale al campo dedicándose al arrastre de todo lo necesario al nido. En un principio se aleja unos centenares de metros pero pronto puede alejarse varios km. si fuera necesario, regresando a la colmena y reconociéndola, en general, sin dificultad.

Este trabajo de pecoreadora lo realiza hasta su muerte, pudiendo en ocasiones permanecer algunos días antes de morir haciendo trabajos de interior, ahora su cuerpo es mas oscuro, casi negro, por haber perdido gran parte del pelo y sus alas se pueden ver rotas, han sido desgarradas en las plantas que tienen espinas y estropeadas por los incesantes vuelos que ha realizado a lo largo de esta última etapa. Lo corriente es que las abejas viejas mueran en el campo al no poder regresar por faltarles las fuerzas, algunas que perecen durante la noche son sacadas al amanecer pero siempre son una cantidad mínima, como tiene que haber una renovación necesaria la cantidad que perecen en el campo es muy superior a las que perecen en la colonia, en condiciones normales delante de las colmenas apenas podemos ver abejas muertas.
Las abejas de este grupo tiene totalmente desarrollado su instinto de defensa y son más proclives a atacar que los son las otras de interior, cuando regresan cargadas son tolerantes y podemos acercarnos a las colmenas con poco riesgo de ser agredidos en los días de mucha actividad, cosa que no ocurre cuando esta es escasa, los manejos en el colmenar siempre se deben ejecutar en aquellos días en que la actividad es mayor, nuestro trabajo resultará favorecido.
Las misiones fundamentales de las pecoreadoras son el acarreo de néctar, de polen, de agua y de propóleos para los nidos y la defensa con vehemencia del grupo cuando se sienten atacadas y molestadas en su actividad cotidiana.
El número de individuos de este grupo tiene que ser aproximadamente tan elevada como la suma de las nodrizas y de las cereras, así se asegura la alimentación de aquellos grupos y como no siempre en el campo las condiciones de recolección son buenas como no lo es siempre el tiempo meteorológico este grupo de abejas se encargan de formar una reserva suficiente para cubrir las necesidades de consumo en esos días.
Se debe tener presente que la cantidad de miel presente en la colmena, incluso llegado el momento de la recolección, es solo una mínima parte de la realmente preparada por las abejas, pues se debe incluir además aquella cantidad que ellas han consumido durante la añada, se trata de un trabajo de acarreo verdaderamente sorprendente que solo se explica por la tenacidad con que las abejas lo realizan y por la cantidad de ellas que participan.
Los machos presentes en la colonia en espera de fecundar reinas no realizan trabajo exterior alguno, pero en el interior se puede asegurar que participan en tareas no bien definidas, en cualquier caso el calentamiento de la cría cuando permanecen en el interior pudiera ser una función indirecta pero interesante, algunas abejas podrían dedicarse a otras cosas mientras ellos permanecen sobre los panales. De todas formas ellos salen y permanecen bastante tiempo fuera de las colmenas para regresar al atardecer y alimentarse, el hecho que sean tolerados durante el tiempo de las fecundaciones es normal, no lo es tanto la cantidad que pueden llegar a alcanzar, esto hace pensar que son necesarios a la colonia, aunque no se pueda determinar con precisión cual es su influencia, parece cierto que las colonias privadas totalmente de machos tienen un comportamiento anormal, baja actividad e incluso pueden llegar a desaparecer, si esto es así parece lógico suponer que son necesarios.

Durante los meses desde el otoño hasta finales del invierno se produce el tiempo de reposo y es muy simple la organización, si desciende mucho la temperatura exterior se deja de criar abejas por la gran dificultad que seria el mantener la temperatura necesaria en esa zona, 35º c. así conforme van llegando los fríos se agrupan en un lugar de la colmena sin que se pueda establecer previamente, a no ser que tenga algún defecto o alguna humedad en cuyo caso se alejan de ese lugar y se instalan en uno mas seco no cambiando hasta la remoción de primavera. Como es lógico se alimentan de la reserva de miel que tienen cerca y solo en los días de mayor temperatura pueden acercarse a otros panales si los primeros ya no tienen alimento.
En los sitios de inviernos templados donde la temperatura mínima no desciendo por debajo de 2º ó 3º c. se mantiene la cría pero solo en las colonias excepcional mente potentes, la cantidad en todo caso es muy pequeña. ½ ó 1 cuadro, en las otras la cría se interrumpe, pero apenas notan condiciones favorables se la lanzan a criarla, parece que estuvieran esperando el tiempo apropiado para lanzarse.
La movilidad del grupo de abejas no se produce si el frío es intenso porque ello implicaría enfriamiento adicionales de abejas que después necesitan de nuevo calentarse para mantenerse con vida lo que ocasiona un gasto de energía que ellas no consienten, en los casos de temperaturas extremadamente frías pueden llegar a morir abejas de la capa exterior de frío después de haber protegido y calentado a las otras, en condiciones normales se puede observar un cierto intercambio de abejas desde las capas exteriores a las mas interiores para calentarse. En casos muy extremos es tal la quietud en que se halla la colonia que no se mueven ni para acercarse a panales cercanos de miel y pueden llegar a morir incluso de hambre teniendo la miel tan cerca. La disposición de la miel en la parte alta de los panales que construyen en la naturaleza y la misma disposición en nuestras colmenas movilistas que es una imitación de aquella junto con la facilidad que tienen las abejas para subir, o la misma miel que colocan encima de los cuadros de cría sugiere que su instinto las indica colocarse formando la bola sobre los panales de miel y luego ir ascendiendo lentamente según van consumiendo.
El consumo de miel durante este periodo es verdaderamente mínimo y como corresponde a todo lo que sucede en la colonia, su cantidad solo es la necesaria para mantenerse con vida, nada hay de perjuicio en dejar una reserva superior de miel pues no por ello dejaran en su momento de recolectar la conducta de las abejas en este como en otros supuestos es excepcional.

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