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sábado, 28 de septiembre de 2013

AGENTES CAUSANTES DE ESTRÉS EN LAS ABEJAS

Los agentes causantes de estrés en las abejas pueden ser de muy variada etiología. Individualmente o en conjunto pueden debilitar al insecto y producir su muerte, hecho que en los últimos años preocupa mucho a la sociedad científica.




El problema medioambiental es de bastante gravedad, ya que las abejas tienen un papel muy importante en la polinización de muchas especies de plantas, y sirven de alimento a numerosas especies de vertebrados. Según Albert Einstein: “Si la abeja desapareciera de la Tierra, al hombre sólo le quedarían cuatro años de vida: sin abejas no hay polinización, ni hierba, ni animales, ni hombres…”.

¿Qué pasa en una colmena mal ventilada cuando hace calor?

Los nidos de cría de las colonias deben mantenerse a una temperatura constante que varía de 34º a 38º C. Lo mismo ocurre con la humedad, que ha de mantenerse constante, en torno al 80%. Las abejas tienen termo receptores en sus antenas que captan los cambios de temperatura en el ambiente y les permiten adaptarse. En este caso, cuando la temperatura de la colmena supera los 35º C las abejas sacuden sus alas para expulsar el aire caliente y así la refrescan. No todas las abejas participan de este movimiento, sólo algunas (Coppa, 2006). 
Si el calor sigue aumentando, un grupo de abejas sale de la colmena y se coloca por debajo para refrescarse en la sombra. Si continúa el calor salen más abejas y comienzan a ventilar desde fuera a toda la colmena. Con calores prolongados e intensos ventilan hasta por la noche. Si el calor no disminuye, la temperatura corporal irá subiendo poco a poco hasta “freír” a las abejas por dentro: las proteínas se coagulan por encima de los 45º C y pierden sus funciones.
Esta situación provoca además que las abejas defensoras o sanitarias, al tener que colaborar con la ventilación, abandonen sus tareas habituales, dejando a la colonia expuesta al acoso de parásitos, bacterias, hongos o virus.
Si a pesar del gran esfuerzo desplegado por la colonia no se logra rebajar la temperatura, la cría muere deshidratada, la reina corta la puesta, se derriten los panales y se paraliza la colonia.


¿Qué pasa en una colmena mal ventilada cuando hace frío?

Las abejas son expertas en mantener la temperatura más alta que el medio ambiente en épocas de mucho frío. El frío minimiza su actividad hasta provocar la muerte. Algunas razas suspenden la puesta, ya que las crías requieren de más calor y humedad para sobrevivir que una abeja adulta. 
Como mecanismo de regulación, las abejas cuando perciben el descenso de temperatura (de 14-12º C) se agrupan en racimos, con la reina en el centro, formando un “bolo invernal” que se irá compactando a medida que ésta siga descendiendo (Mendizábal, 2006). De esta manera, con pequeñas vibraciones, liberan calor manteniendo la temperatura; sin embargo, les es más difícil controlar la humedad, que tiende a condensarse dentro de la colmena. Ésta se genera por el consumo de miel que hacen las abejas. Por cada litro de miel consumida se produce un litro de agua. Esta humedad, en época de actividad, sale de la colmena mediante el mecanismo de ventilación que desarrollan. Pero en invierno las abejas arracimadas no utilizan el batido de alas para ventilar, de manera que la colmena en sí debe estar dispuesta para que se favorezca la ventilación sin la intervención de las abejas (Coppa, 2006).
Si la colmena está en la sombra en lugares de poca ventilación y alta concentración de humedad la combinación es explosiva, derivando en una permanente situación de estrés de la colonia y un ambiente muy favorable para el desarrollo de algunas enfermedades como la ascoferosis (micosis producida por Ascosphaera apis), nosemosis (parasitosis causada porNosema apis) o loque europea (enfermedad bacteriana por Melissococcus pluton) (Llorente, 2003).

Disponibilidad de agua

Otro elemento imprescindible para la supervivencia es el agua. Si falta agua en el organismo éste intenta recuperarla de donde sea. El primer efecto es el espesamiento de la hemolinfa, que provoca la salida de agua de los tejidos hacia la sangre y afecta al sistema nervioso y al respiratorio. En estas condiciones las abejas se debilitan y se hacen muy sensibles ante cualquier otro proceso patológico.


Disponibilidad y/o calidad de alimento

El polen provee a la colonia de toda la proteína necesaria para el desarrollo del cuerpo y su normal funcionamiento. 
Cuando tienen suficientes reservas las abejas mantienen un comportamiento relajado y no se sobrecargan de trabajo en invierno, pero si la colmena se queda sin reservas (esto es, sin miel operculada en una cámara melaria), salen desesperadas a buscar alimentos, y si pueden, a robarle a otra colmena su reserva (pillaje). Y es que cuando les falta miel, falla el suministro de hidratos de carbono, no pueden producir energía, sobre todo calorífica, y disminuye su capacidad de mantener la temperatura constante, circunstancia especialmente grave en la zona de cría, que acaba paralizada. Esta situación es especialmente dramática cuando además hay una baja temperatura ambiental.
Por otro lado, el exceso de néctar tampoco implica una mejora en la calidad de vida. Cuando esto sucede, y sobre todo si concurren épocas de calor, de alta humedad ambiental o poca ventilación del colmenar, se produce una sobrecarga de trabajo de día y de noche que agota a las abejas haciéndolas muy agresivas, por lo que en tal situación llega a ser muy peligroso manipular las colmenas. Además, debido al estrés, se produce un descenso en la tasa de proteína corporal, por la elevada demanda, con la consecuente disminución de su longevidad. 
Cuando se da un periodo de bajo ingreso de polen (porque no haya o porque el que hay no tiene los nutrientes adecuados -sequía, polen de eucalipto, gramíneas o pino-), las abejas nodrizas no pueden desarrollar correctamente las glándulas hipofaríngeas y por tanto no pueden alimentar a las larvas con jalea real. En estos casos son las abejas viejas las que las alimentan. La falta de polen también provoca en el organismo de las abejas “hambre de proteínas”, que tratan de solucionar extrayendo proteínas de donde las haya, fundamentalmente del músculo y los intestinos. Esta situación puede provocar daños celulares en estos tejidos, con la consiguiente disminución del peso corporal. Paralelamente a ese proceso orgánico hay un aumento del instinto de recolección de polen, lo que hace que, si no lo encuentran, recolecten cualquier cosa que se le parezca (harina, polvo de paja, polvo de los piensos para ganado, etc.).


Influencia del cambio climático sobre la actividad de la colmena

Las abejas tienen actividades anuales que van asociadas a las condiciones climáticas. Lo que está ocurriendo con el cambio climático es que determinados árboles adelantan su floración porque se adelanta la primavera, sin embargo, las abejas no salen debido al frío y se mueren de hambre. El tiempo las engaña. 
En nuestro país, el año 2005 fue especialmente nefasto en este sentido (Hernández, 2006), pues a los bajos precios derivados del aumento en las importaciones de miel se sumaron las nefastas condiciones climatológicas por la sequía y la sorprendente y extraña muerte de millones de abejas (síndrome de desabejación). 
Aunque no se conozca la causa exacta de tal misterio, el cambio climático que está sufriendo el planeta influye en el despoblamiento. 


¿Y las radiaciones?

Las abejas utilizan los cristales de magnetita como magnetorreceptor. Jungreis (1987) investigó la habilidad de los insectos para viajar estacionalmente largas distancias, lo que requiere la utilización de algunos mecanismos hereditarios para encontrar la dirección adecuada. Se hallaron partículas de magnetita biológicamente sintetizadas tanto en especies migradoras, que las utilizan como una brújula en el campo magnético terrestre, como en las especies no migrantes, para las que tienen una función todavía desconocida.
Desde hace meses se viene hablando de la misteriosa desaparición de enjambres enteros de abejas en distintos lugares del mundo, en especial en EE. UU. y determinados países europeos (España incluida).
Hay sospechas de que la radiación electromagnética podría interferir en los sistemas de navegación de las abejas, aunque no existen estudios concluyentes. Varios medios de comunicación han publicado con cierta regularidad noticias relacionadas con la crisis del sector apícola, producida entre otras razones, por las mortandades de abejas y despoblamiento de las colmenas de origen desconocido. Teniendo en cuenta los efectos conocidos de las microondas sobre los insectos y en particular sobre las abejas, y habida cuenta de la proliferación de estaciones base en el campo, es necesario investigar si las radiaciones de telefonía están incidiendo de alguna manera en estas mortandades. Los resultados deben ser considerados por los apicultores españoles con el fin de prevenir posibles pérdidas económicas (Balmori, 2006).
Varios autores (Ramirez et al., 1983) han demostrado la agitación, inquietud y el comportamiento agresivo que muestran las abejas expuestas a los campos electromagnéticos de las líneas de alta tensión. 
En una interesante revisión, Balmori (2006) destaca entre otros, los estudios llevados a cabo por Ferdinand Ruzicka, investigador de la Universidad de Doz (Austria) y apicultor aficionado, quien explica cómo los problemas de sus abejas comenzaron tras la instalación de varias antenas de telefonía en las cercanías de sus colmenas (a 50 metros de una estación base y a 150 metros de otras tres más). El investigador no encontró explicación a este comportamiento ni por enfermedades, ni por envenenamiento, culpando del mismo a la radiación de las antenas (Ruzicka, 2003).
En ese mismo artículo, se cita también las observaciones realizadas en 1997 por A. Firstenberg, relativas a la desaparición de abejas en la proximidad de antenas de telefonía en Nueva Zelanda señalando que las que recibían directamente el haz de radiación morían sin razón aparente. 
Por el contrario, en dos estudios financiados por la NASA, de Westerdahl y Gary (1981a, b) no se encontraron diferencias en la mortalidad ni en el consumo de azúcares ni variaciones en la orientación del vuelo o la memoria en abejas que fueron irradiadas con microondas. 


Conclusión

Como conclusión, podemos decir que son muchas las causas que producen estrés en estos insectos, y seguramente gran parte de la responsabilidad de tantas alteraciones está en el ser humano. Nuestro papel, como futuros veterinarios es ser conscientes de esta realidad y ayudar al sector implicado.

 Adriana Grille y María Calviño. 
Estudiantes de segundo ciclo. Facultad de Veterinaria de Lugo.

Universidad de Santiago de Compostela.  

lunes, 2 de septiembre de 2013

EL SILENCIO DE LAS ABEJAS

 La desaparición de  las abejas

En 2006 saltó la alarma: colonias enteras de abejas de la miel se desvanecen sin dejar rastro Sin ellas, muchos de nuestros alimentos desaparecerían, y con ellos, nuestra forma de vida Los expertos estudian cuáles son las causas que ponen su existencia en peligro.

 

 


Dave Hackenberg lleva ganándose la vida como apicultor desde 1962, cuando decidió dedicarse a la cría de las abejas de la miel. Su negocio consiste en transportar sus colmenas a lo largo y ancho de Estados Unidos a bordo de grandes camiones.   Este apicultor recorre todos los años miles de kilómetros de costa a costa con sus  colmenas para polinizar las plantaciones de manzanos de Pensilvania –donde tiene su casa de verano– o los extensos cultivos de almendras de California, a principios de la primavera. En otoño de 2006, Hackenberg se desplazó a Florida, donde tiene su casa de invierno, para que sus abejas se ocuparan de fertilizar los amplios cultivos de calabazas. Sus colonias eran un hervidero cuando las dejó, pero al regresar allí un mes después se encontró con la mayor sorpresa de su vida. Más de la mitad de sus 3.000  colmenas aparecían desiertas, con tan solo la abeja reina y unas cuantas obreras guardianas. Los alrededores tampoco mostraban cadáveres de abejas. Los insectos se habían desvanecido.  
Hackenberg comunicó el suceso a sus colegas, lo que le costó no pocas críticas. Enseguida lo tacharon de apicultor descuidado. Pero poco después, los casos de desapariciones misteriosas de abejas se propagaron entre otros muchos colegas. Estos insectos tienen un fuerte sentido colectivo, dentro de una sociedad que gira alrededor de la abeja reina . Dependiendo de la edad de las abejas, realizan diferentes funciones dentro de la colmena  guardianas que defienden la colmena, otras    cuidan los huevos y las larvas hasta que emergen de sus celdas, y otras que se encargan de traer el alimento –néctar y polen a la colmena, transformando el néctar en miel. El abandono de una colmena resulta un comportamiento inconcebible: un suicidio colectivo. Los apicultores, aterrados, no encontraron restos de insectos, ni señales o pistas que pudieran explicar la tragedia. Las abejas se habían desvanecido inexplicablemente.

En la primavera de 2007, los investigadores descubrieron que una cuarta parte de los apicultores estadounidenses habían sufrido pérdidas catastróficas. Pero el desastre se propagó a otros países: Brasil, Canadá, Australia, y también en Europa, en Francia y España. En la televisión saltaban extrañas noticias como la desaparición de 10 millones de abejas en Taiwán. Desde aquel otoño de 2007 se vienen repitiendo las desapariciones masivas. Hackenberg pasó de apicultor descuidado a pionero, el primero en dar la voz de alarma: millones de abejas desaparecen cada año. Algo está ocurriendo. “Sí, es un fenómeno global”, afirma Carlo Polidori a Como experto en comportamiento de himenópteros e investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Polidori es muy consciente del problema. En Europa, las pérdidas de colmenas se suceden anualmente a un ritmo de un 20%, observa con preocupación. “En este año se han perdido en Inglaterra el doble de colmenas que el año anterior”.

En España, las noticias anteriores al hallazgo de Hackenberg son incluso peores. “Antes de 1994 había una desaparición anual de entre el 5% y el 7    “A partir de esta fecha estamos entre el 35% y 40% (de pérdidas)”.  Cabe  destacar  que en algunas regiones las pérdidas de colmenas llegan hasta el 90%. En España, la situación roza el drama. Han desaparecido  miles y miles de colonias en los últimos  años. Las pérdidas económicas se contabilizan por cientos de  millones de euros,   pero el valor polinizador “se eleva a más de mil millones de euros”.

Existen alrededor de 20.000 especies de abejas, pero las abejas de la miel (Apis mellifera) son extraordinarias ya que polinizan una amplia variedad de flores. Cada individuo es un prodigio de la ingeniería biológica: está equipado con sensores de temperatura, de dióxido de carbono y de oxígeno, y su cuerpo está diseñado para cargarse de electricidad estática. Cuando las abejas recolectan el alimento en las flores, los granos de polen que quedan adheridos a ellas permiten que el polen de una flor viaje hasta otra, la cual se fertiliza. El resultado es una semilla y un fruto. La magnitud del fenómeno resulta increíble cuando examinamos la labor colectiva. En una  colmena puede haber  entre 60.000 y 80.000 abejas, de las que 40.000 salen en busca de alimento. Cada obrera realiza hasta 30 salidas diarias, y en cada viaje puede llegar a polinizar un total de 50 flores. En una sola jornada de trabajo, una colmena puede lograr la fertilización de millones de flores. Los cálculos   sugieren que una sola colmena es capaz de encargarse de fertilizar las flores en una zona de 700 hectáreas, es decir, la superficie equivalente a unos 350 campos de fútbol.
La importancia económica de las abejas de la miel es colosal. En la Red circula una citación atribuida a Einstein que sugiere que si las abejas desaparecieran hoy de la Tierra, el hombre solo podría sobrevivir cuatro años. Sea o no cierta esta cita, hay una parte de verdad en ella que evoca un futuro apocalíptico.Las abejas de la miel intervienen en uno de cada tres bocados que nos llevamos a la boca. Los cultivos básicos como el arroz, el trigo o la cebada son polinizados por el viento. Pero en un mundo sin abejas, una gran parte de las frutas y verduras comunes de los supermercados desaparecerían de las estanterías. Sus precios resultarían tan astronómicos que un kilo de manzanas podría costar casi como el caviar.

Y si no, echen un vistazo a la siguiente lista. En España, la polinización de las abejas permite que tengamos almendras, melocotones, cerezas, ciruelas, manzanas y peras; también hacen posible la alfalfa y el trébol; frutas como melones, pepinos, calabazas, calabacines y berenjenas, las fresas, frambuesas, las zarzamoras y el tomate. A las abejas le debemos los espárragos, el aceite de colza o de girasol y   fibras textiles como el lino o el algodón. La vid depende parcialmente de la labor de las abejas –y con ella, la producción de vino y mosto.

 “Más del 80% de las plantas con flores son polinizadas por animales”, “Y más del 30% de las plantas de cultivo y frutas dependen de la polinización por parte de las abejas”.
Y si bien hay especies de abejas silvestres y abejorros que hacen un trabajo muy importante –pudiendo ser en algunos cultivos hasta más efectivo que el realizado por las abejas de la miel–, el carácter todoterreno de estos animales colectivos les convierte en la especie de insecto que más importancia económica tiene para el hombre.

En un mundo sin abejas, gran parte de las frutas y verduras desaparecerían de los supermercados.
  Meses después  de  las  primeras desapasiones de abejas en las colmenas, los investigadores catalogaron el fenómeno como“ colapso desordenado de la colonia” (CCD, siglas en inglés de colony collapse disorder).  al día de hoy, los interrogantes persisten. Los investigadores han indagado como si fueran forenses científicos en busca de cadáveres que examinar; han realizado autopsias en las  abejas en busca de parásitos, virus y rastros de insecticidas; han examinado la capacidad reproductora de las abejas  reina, y han realizado un sinfín de estudios de toxicidad buscando restos de pesticidas en los granos de polen.
Hasta el momento, no han encontrado a un solo culpable, pero sí muchas pistas, y todas inquietantes. Los inmensos campos de monocultivos que sostienen la agricultura mundial son un festín continuo para legiones enteras de insectos devoradores. La única manera de mantenerlos a raya es rociándolos con nuevas fórmulas de plaguicidas e insecticidas cada vez más letales. Y estas sustancias tóxicas podrían alterar el comportamiento y el sistema nervioso de las abejas. En concreto, un tipo de pesticidas sintéticos –llamados neonicotinoides– atacan los centros del sistema nervioso de los insectos. Cuando las abejas obreras salen para recoger el néctar, entran en contacto con estas sustancias, que alteran su sistema nervioso. Los animales, desorientados, no encuentran el camino de vuelta hacia la colmena –situado a kilómetros de distancia– y mueren lejos. Esto podría explicar el hecho de que los investigadores suelen encontrar las colmenas con los panales casi vacíos sin  abejas posadas en los panales.  

  “La puesta en el mercado de estos pesticidas neurotóxicos y sistémicos coincide con las pérdidas registradas de hasta un 40%”. Si la legión de obreras que parten para recolectar polen no regresa, la colmena no dispone de suficientes individuos y está condenada irremisiblemente a morir.
Los pesticidas podrían tener otro efecto devastador. Debilitan a las abejas y las hace más susceptibles al contagio de patógenos y virus. Un tipo de ácaro, la Varroa destructor, “es capaz de destrozar una colonia entera”. Estos ácaros se pegan al cuerpo de las obreras y transmiten un virus letal que deforma el abdomen y las alas de las  abejas. Con defensas débiles, estos insectos sucumben también ante un parásito unicelular llamado Nosema, que produce esporas que los infectan. Una de las características de la enfermedad radica en un cambio de comportamiento. Las abejas jóvenes que cuidan de las crías de la colmena y que resultan afectadas por el parásito dejan su labor como nodrizas y se convierten en guardianas de la colmena, o en abejas obreras que salen para alimentarse. Al cambiar el ciclo, las cría se queda desguarnecida y mueren. La comunidad empieza a derrumbarse desde dentro.

Los apicultores en todo el mundo se enfrentan a un nuevo reto. En Estados Unidos, la cría de abejas se ha transformado en un negocio en el que centenares de miles de colmenas son transportadas a lo largo y ancho del país. Uno de los acontecimientos del año es la polinización de los cultivos de almendros en California. Los apicultores llegan con sus grandes camiones, rocían de antibióticos los panales para mantenerlos libres de enfermedades y alimentan a las abejas con sirope de glucosa. Ante la pérdida de  colmenas, se han llegado a importar abejas desde Australia para mantener la industria de la almendra californiana. Los insectos llegaban a bordo de aviones Boeing 747.

El doctor Eric Mussen, del departamento de entomología de la Universidad de California en Davis (Estados Unidos), es a la vez un académico y un experto apicultor, el puente ideal entre la ciencia entomológica y el mundo real, en el que los apicultores han domesticado y criado a las abejas desde hace siglos. “Cada país es diferente, pero los apicultores están teniendo dificultades para mantener el número de las abejas de sus colonias”, admite este academico.
En Estados Unidos, asegura, la mayoría de los apicultores está alejándose de la agricultura comercial masiva. El mensaje de sus colegas orgánicos ha calado, al menos en lo que respecta al manejo de las  colmenas. No hace mucho se acarreaban las  colmenas en vagones junto con caballos, o en camiones mal acondicionados. Pero ahora las colmenas viajan en tráileres preparados con suspensión neumática. Estos largos desplazamientos no suponen un gran problema para las abejas, ya que en apenas un par de días se adaptan al lugar.
Las importaciones de abejas de otros países también se han suspendido en Estados Unidos por el temor a que con ellas lleguen nuevas enfermedades. El porcentaje de pérdidas en la actualidad es  entre el 20% y el 30%  es una media estadística, aunque en el caso de algunos apicultores se eleva al 50% e incluso al 80%.

El problema esencial para las abejas,   es conseguir una buena nutrición. Las obreras deben salir para recolectar alimento, polen y néctar de buena calidad. De ellas depende una colmena de miles de individuos a los que tienen que alimentar de manera incansable. Los monocultivos ganan cada vez más terreno, ya que sostienen una agricultura masiva necesaria para alimentar a millones y millones de personas. Para las abejas, este efecto es devastador. Es como si, para los seres humanos, los campos cultivables en todo el planeta se fueran convirtiendo en desiertos de arena.
En Europa, las pérdidas de colmenas oscila  también entorno a 20%  30% anual. Una colmena al lado de una gran plantación de maíz está casi condenada a muerte, por ejemplo. Los insectos no encuentran alimento y además se impregnan de insecticidas. La malnutrición afecta a sus defensas y a los sistemas para desintoxicarse. Se hacen más débiles frente a agresores como el ácaro Varroa . Para evitarlo, los apicultores suelen  tratar las colmenas con sustancias antiparasitarias para mantener lo más baja posible la población de ácaros. Pero muchas veces es como añadir gasolina al fuego. “Con ello aportan otra sustancia química a la cual tiene que enfrentarse el sistema de desintoxicación de la abeja”, que de por sí ya está debilitado. Y los ácaros también contagian los virus, tanto a las larvas como a los individuos adultos.
Los perjuicios que sufren las colonias tienen orígenes distintos –ácaros, los virus que portan, la falta de alimento y las enfermedades importadas de otras abejas, pero cuando se combinan es como si la comunidad sufriera un ataque multidimensional cuyo efecto se va multiplicando a medida que las defensas de las abejas disminuyen. Los obstáculos se superponen. Este es el punto clave. En una situación de equilibrio, las defensas naturales de las abejas mantienen a raya a los ácaros y a las enfermedades. Pero ahora hay graves agujeros en esas barreras defensivas. La presencia de parásitos en las colmenas es cada vez mayor. Hay una incógnita sobre quién ganará finalmente la batalla, si las abejas o sus enemigos, y todo dependerá de si las defensas se derrumban o no. Por ahora, parece que los parásitos llevan ventaja.

Los pesticidas neonicotinoides son solo una parte del problema. Ya que en los análisis realizados a los granos de polen se ha observado que “están contaminados por todo tipo de pesticidas y residuos”. La Unión Europea se dispone a restringir el uso de estos pesticidas sintéticos, pero eso significaría colocar en los cultivos otros pesticidas orgánicos igualmente dañinos.   Las abejas nos están mandando un mensaje que recuerda nuestra estupidez. “Sabemos que estos insectos son indispensables para la subsistencia del género humano, pero durante décadas nos hemos dedicado a rociar los campos con plaguicidas. Las abejas nos recuerdan que siempre llegamos tarde”.
¿Qué opciones pueden ofrecer las investigaciones? Quizá podríamos recurrir a otros polinizadores distintos de las abejas de la miel. Existen especies de abejas silvestres que ahora no están domesticadas por el hombre, pero que podrían cultivarse en el futuro para hacer un magnífico trabajo de fertilización.
A pesar de la gravedad de la situación,  se puede mantener relativamente una visión optimista sobre estos maravillosos insectos. “Las abejas llevan existiendo desde los tiempos de los dinosaurios y las glaciaciones, han sobrevivido a todo eso, así que creo que también van a sobrevivir a los humanos”. Si los apicultores no pueden finalmente mantener los números de abejas en sus colmenas para sostener la polinización comercial, el mundo cambiará. Pero lo haría de forma gradual, con una escasez desigual en la producción de frutas y verduras dependiendo del lugar y de la presencia o no de otros insectos polinizadores. Y, sin duda, con el tiempo las frutas y verduras se convertirían en un manjar al alcance de los más ricos. “Será un proceso lento y  que traerá graves consecuencias para alimentar un planeta cada vez mas poblado  
 El País Semanal.




domingo, 25 de agosto de 2013

QUE ESTA MATANDO A LAS ABEJAS


Los científicos descubren lo que está matando a las abejas

En este mes de agosto recibí por mail una noticia terrible hace un par de días. Muchos han oído hablar de que las abejas están desapareciendo, lo cierto es que están muriendo de forma misteriosa y masiva sin que nadie sepa porqué y esto ha provocado innumerables investigaciones en medio de una alarma generalizada.

¿Pero porqué la desaparición de las  abejas preocupa tanto y se lo considera un problema global? … para nosotros los humanos, es lo único que parece seguir contando. Aunque la industria de la apicultura no es un asunto despreciable, viene a ser algo secundario respecto al verdadero problema; las abejas polinizan la tierra, su labor es indispensable para que millones de plantas puedan dar fruto y eso las sitúa en la base de la pirámide de la alimentación en la Tierra. Y creo que aún esto, con su gravedad, podría ser ignorado a la vista de cómo se atiende la salud del planeta si no fuera porque ya está pasando una importante factura (económica, se entiende).

Pongamos un ejemplo: EE.UU. lleva sufriendo de forma especial la desaparición masiva de sus abejas   (en los últimos seis años han perdido 10.000 millones de colmenas) y sus poblaciones de abejas son ahora tan bajas que uno de sus cultivos estrella, la almendra en California, está requiriendo el 60% de las colmenas supervivientes de todo el país para su polinización. California provee el 80% de la exportación mundial de almendras y eso le supone al estado un valor de $ 4 mil millones, por lo que cualquiera, independientemente de su inquietud ecológica, entiende que esto es un problema. (Para los que además tenga alguna inquietud ecológica, mucho habría que hablar de lo que supone un monocultivo de dimensiones tan brutales…)

Volviendo al colapso de colmenas, se sospechaba de los  pesticidas, de ciertos parásitos o de una mala nutrición, pero en el primer estudio de su tipo, los científicos de la Universidad de Maryland y el Departamento de Agricultura de EE.UU. han identificado una mezcla extraña de pesticidas y fungicidas que contaminan el polen que las abejas recolectan para alimentar sus colmenas. Cuando los investigadores recogieron este polen y alimentaron con él a abejas sanas, estas mostraron una disminución significativa en su capacidad para resistir a la infección de un parásito específico, el Nosema Ceranae. Este polen estaba contaminado por una media de nueve pesticidas y fungicidas diferentes, aunque los científicos descubrieron hasta 21 productos químicos agrícolas en una de las muestras.

Lo que el estudio demostró es que las abejas que comían polen contaminado con fungicidas tenían tres veces más probabilidades de ser infectadas por el parásito. Estos fungicidas se utilizan de forma generalizada en la agricultura porque hasta ahora se pensaba que eran inofensivos para las abejas, ya que están diseñados para matar a los hongos, no a los insectos, en los cultivos como las manzanas. Dennis vanEngelsdorp, el autor principal del estudio, manifestó que cada vez hay más pruebas de que los fungicidas pueden estar afectando a las abejas por si mismos.

En los últimos años, una clase de químicos llamados neonicotinoides se ha vinculado a las muertes de abejas y recientemente se ha prohibido en la Unión Europea, donde la las poblaciones de colmenas también se han desplomado, la utilización de estos pesticidas durante dos años. Pero van Engelsdor dice que el nuevo estudio muestra que es la interacción de múltiples pesticidas lo que está afectando a la salud de las abejas. “El tema de los pesticidas en sí mismo es mucho más complejo de lo que hemos llegado a creer”, dice. “Es mucho más complicado que un solo producto, lo que significa, por supuesto, que la solución no consiste simplemente en la prohibición de un tipo de producto.
El estudio mostró además que el polen que las abejas recogían también de las malas hierbas y flores silvestres cercanas estaba igualmente contaminado con plaguicidas, aunque esas plantas no eran el objetivo de la pulverización.

Esto  lo contaban apicultores hace años, lo que está matando a las abejas es el veneno al que las llevamos sometiendo durante décadas de agricultura “eficiente”: herbicidas, fungicidas y pesticidas. Ahora, el Departamento de Agricultura de EE.UU. nos lo presenta en un estudio que lo hace oficial. Y recuerda, el bouquet de productos químicos descubierto por los científicos en su estudio, ¡Se encuentra en el polen de las plantas de las que nos alimentamos también nosotros!

sábado, 2 de marzo de 2013

DESPOBLACIÓN Y MORTANDAD INVERNAL


DESPOBLACIÓN Y MORTANDAD INVERNAL

 Vamos a tratar aquí el problema de la despoblación invernal, que ha tomado actualidad e importancia porque en los últimos dos inviernos se han registrado numerosos casos de colmenares que "se quedan", que "no levantan" y que finalmente llegan a la primavera con una población que parece un núcleo.
 O también se han dado muchos casos de alta  mortandad, no del 5 o del 10% que se considera normal o tolerable, sino del 30% o más aún. Hay muchos factores que influyen, a veces sumándose unos a otros, las enfermedades, la mala nutrición, el nucleado excesivo o inoportuno, etc., etc. Vamos a ir analizándolos uno a uno y sugiriendo algunas medidas que se han mostrado efectivas para evitarlos o remediarlos. Estas medidas deben tomarse sobre todo en una época muy especial, la "OTOÑADA", Es una época fundamental para evitar el problema de la despoblación, que es necesario PREVENIRLO, pues en las épocas de mucho frío poco y nada se puede hacer para evitar la disminución de la población de las colonias. Durante la otoñada hace calor y hay intensa actividad todavía, por lo que es nuestra última oportunidad de intervenir para asegurarnos un arranque exitoso en la siguiente campaña. ¡No creamos que es una época de merecido descanso, luego de una agotadora cosecha! Al contrario, los últimos trabajos de la cosecha se mezclan con los primeros trabajos de la otoñada, y no debemos aflojar hasta quedar totalmente seguros de que” hicimos  bien los deberes".
Lo primero que conviene hacer al comienzo de la otoñada es una INSPECCIÓN DE TODAS LAS CÁMARAS DE CRÍA, sacando al menos un panal del centro del nido en búsqueda de problemas sanitarios o de problema con la reina, al tiempo que sopesamos las reservas de miel.
Hay que tomar precauciones para evitar el pillaje. De esta manera podremos diagnosticar a tiempo los problemas y proceder según corresponda, tal como se indica más adelante. Pero antes de eso veamos cómo evoluciona una colmena normal en condiciones ideales.

LA POBLACION IDEAL
Aquí sólo se observa la variación de la CANTIDAD de abejas, pero no así la variación de la CALIDAD, que también es un dato muy importante. A comienzos de la otoñada la reina disminuye su postura y entonces se crían abejas un tanto diferentes a las de verano. Son las llamadas ABEJAS INVERNALES, más robustas, con una reserva de proteínas en el cuerpo significativamente mayor, lo que las hace más pesadas que las abejas cosecheras. Son las abejas destinadas a hacer el puente generacional con la siguiente temporada. Cuando la colmena cuenta con suficiente cantidad de abejas en condiciones de invernar, la reina detiene su postura aunque las condiciones sean propicias para seguir aovando. Esto es un síntoma de buena salud. Mientras que las cosecheras viven alrededor de 6 semanas, las invernales deberán sobrevivir los meses más crudos y llegar hasta agosto o setiembre, cuando son reemplazadas por las abejas de primavera. Cuando nacen más abejas nuevas que las invernales que van muriendo, es cuando se inicia el repunte primaveral de la colmena.
 Como se comprenderá de lo dicho, la otoñada reviste una importancia de primer orden, ya que en esa época se crían las abejas especiales de invierno. DE LA CALIDAD Y CANTIDAD DE LAS ABEJAS DE INVIERNO DEPENDERÁ EL ÉXITO DEL COMIENZO DE LA SIGUIENTE CAMPAÑA.
Veamos entonces qué factores atentan contra este objetivo, y su forma de contrarrestarlos.

LAS ENFERMEDADES
 Hoy por hoy, las enfermedades son la principal causa de despoblación invernal, y de ellas la varroa se destaca netamente por su acción solapada, continua y destructiva. En cambio la otra gran enfermedad, la loque americana, tiene en la despoblación invernal una incidencia menor, aunque no despreciable.
Para poder diagnosticarlas es imprescindible efectuar a comienzos de la otoñada. 
la INSPECCION DE LAS CAMARAS DE CRIA que he mencionado más arriba. Varroa No es necesario que entre en detalles sobre las características de esta enfermedad, la más dañina y la más estudiada de toda la historia de la apicultura y sobre la cual hay excelente bibliografía y amplísima experiencia de parte de los colegas apicultores. Veremos solamente la manera en que afecta a la supervivencia invernal de las abejas y la manera y la oportunidad de hacer las curas. La varroa es una enfermedad que ataca principalmente a la cría, a la que muerde o pica con frecuencia en su estado larval, produciéndole heridas que rompen las defensas naturales del epitelio y permiten la penetración de enfermedades víricas, como por ej. el "virus de las alas atrofiadas". La primera consecuencia de esto es una importante disminución en la longevidad (duración de la vida) de las abejas. Dependiendo del grado de parasitismo pueden no nacer, o nacer con las alas atrofiadas por lo que viven sólo horas, porque son expulsadas de la colmena; pero aunque logren nacer enteras vivirán mucho menos que lo normal, pues vienen ya muy debilitadas. Se comprende fácilmente que una colmena que durante la otoñada presente un grado importante de infestación difícilmente sobreviva la invernada. Por lo tanto es imprescindible efectuar curas contra la varroa desde comienzos de la otoñada, apenas terminada la cosecha de miel.
Pero cuando la colmena ha tenido una infestación muy fuerte durante el verano, las curas otoñales a veces no son suficientes y la colonia se muere igual, aunque no le quede una sola varroa dentro. Esto es común observarlo en las colmenas más pobladas, que son las que más han cosechado pero que suelen ser asimismo las que han estado más infestadas de varroa durante el verano. La razón de esto parece estar en que las abejas de verano vienen muy debilitadas por el "picoteo" y no son capaces de criar buenas y robustas abejas de invierno, entonces éstas mueren prematuramente y la colmena perece o se reduce drásticamente. ¡Es asombroso ver cómo entre mayo y junio las abejas que han tenido algún problema sanitario en el verano, "desaparecen" como por arte de magia! O sea que si la varroa se desarrolla demasiado en el verano estamos perdidos. ¿Cómo evitarlo, si los remedios usuales son contaminantes, por lo que no deben aplicarse en época de cosecha? Una alternativa posible es el uso frecuente de vaselina gasificada, aunque no está aún demostrada la eficacia de este producto, habiendo apicultores que lo han usado y tuvieron problemas.
 Es muy importante tener en claro que la varroa no es tan temible cuando la población de abejas aumenta muy rápidamente, como en la primavera, pero sí en cambio se vuelve dañina cuando la población se estanca y desciende, como sucede en el verano.


LOQUE AMERICANA  
Esta enfermedad apareció diagnosticada por primera hace décadas   y se desarrolló con mucha virulencia, pero últimamente tiene escasa incidencia, sobre todo porque el apicultor hace un adecuado control. Pero a consecuencia de la varroa suele presentarse en un cierto número de colmenas y hay que erradicarla apenas la detectemos en la inspección de las cámaras de cría Cualquiera sea el método de control que utilicemos siempre habrá que sacrificar toda la cría, por lo cual habrá un fuerte bajón en la población. Además y al igual que en el caso de la varroa, las abejas de colmenas con loque vienen con algunos problemas, por lo que no son demasiado duraderas. Así que si la población es fuerte y estamos a comienzos de la otoñada, la salvamos, pero si no es fuerte la juntamos con otra sacrificando la reina, ya que puede ser de una línea enfermiza.
 
LA ALIMENTACION
 ¿De qué manera la alimentación, o mejor dicho la falta de ella o su escasez, influye en la despoblación invernal? Sabemos que la abeja tiene dos tipos principales de alimentación bien diferenciada: La alimentación proteica, que le viene por el polen, y la alimentación energética, que le viene por el néctar conteniendo por azúcares inferiores (monosacáridos y sacarosa). Veamos por separado ambos casos.

EL POLEN
 El polen es el elemento proteico básico para la cría de las abejas, y lo es especialmente para las abejas invernales, que requieren más proteínas que las otras. Cuando escasea, la colmena disminuye la postura y puede llegar incluso a interrumpirla, aún en épocas de calor. Hay muchos sustitutos del polen disponibles en el mercado, incluyendo al mismo polen que se suministra en forma de tortas duras mezclado con miel y se aplica sobre los cabezales de la cámara de cría. Pero es un trabajo caro y fatigoso, por lo que en la práctica conviene efectuar el traslado o de última, dejar el colmenar en el lugar esperando que aparezca alguna floración espontánea.
 
LA MIEL
 Las reservas de miel ABUNDANTES son esenciales para una correcta invernada y un buen despegue en la siguiente campaña. ¿Qué se entiende por "abundante? Pues que la colonia tenga la mayoría de sus panales llenos de miel operculada. Lo ideal es que al finalizar la otoñada no haya espacios vacíos, y se encuentren sólo pequeños arcos de cría rodeados de polen y miel. Lógicamente que el peso de la colmena variará según la conformación elegida para invernar, a saber: los clásicos dos cuerpos, la cámara y media o la cámara sola. Conviene ponerse práctico en sopesar las colmenas tanteándolas desde atrás o desde un costado, de manera de poder tener una idea aproximada de las reservas sin necesidad de abrir la colonia. La gran mayoría de los apicultores invernan solamente en cámara de cría sacando el alza al comienzo de la otoñada, lo que obliga a las abejas a comprimirse en el espacio disponible. Si bien aún quedan apicultores que invernan en dos cuerpos, muchos de ellos los separan con entretapas o con láminas plásticas agujereadas, oficiando el alza de depósito de alimentos, o sea que en rigor ésta también es una forma de invernar en cámara de cría.
 Si vemos que durante la otoñada no se completa naturalmente una reserva de miel suficiente, habrá que alimentar con algún sustituto. En esto hay que estar atentos porque es muy grande la variación de reservas de una colmena a otra, ya que en el verano algunas bajan miel a la cámara y otras no bajan casi nada. Cuanto más temprano alimentemos será mejor; lo ideal es hacerlo en marzo, dependiendo de la zona o seguir la regla de los cuarenta días empezar a alimentar para tener la colmena lista cuando empiece la primera floración, pues cuanto mayor sea la temperatura ambiente menos dificultad tendrán las abejas en almacenar el alimento y habrá menos pérdida en el proceso.
Los mejores sustitutos de la miel son los jarabes de alta fructosa (levudex 55, levudex 42, glucovil) que al igual que aquélla están formados fundamentalmente por azúcares simples, fructosa y dextrosa. En segundo término está la sacarosa (azúcar común) que es un disacárido que es menos  asimilado que los anteriores, aunque requiere de un proceso que deben realizar las abejas en su aparato digestivo. Por el contrario deberían descartarse los sustitutos que tienen altos porcentajes de azúcares superiores (dextrinas) como el caramelo (25%) o el sucrodex (29%), ya que las dextrinas se asimilan sólo parcialmente y una parte pasa de largo por el tracto digestivo y aumenta la carga fecal. Esto puede producir trastornos (diarrea) y en la faz económica, el peso muerto desaprovechado que tienen estos productos y la actividad extra que exigen a las abejas hacen que pierdan la ventaja de sus menores precios de venta.
Los alimentadores más aconsejables son los internos, como las bolsitas o cajas plásticas que contienen dos panales, o el clásico Doolitle, o las botellas plásticas con un agujero Su capacidad total debe ser de 4 litros o superior, lo que nos permite poner por vez alrededor de 6 Kg. de alimento.

REINAS DECADENTES
 Al hacer la primera revisión otoñal se debe prestar atención a los síntomas que delatan la calidad de la reina de la colmena. Si no hay enfermedades y la postura es despareja y escasa, con huevos en diferentes direcciones y a veces varios de ellos en una misma celda, convendrá cambiar la reina. También ayuda a decidir si vemos a la reina tambaleante, muy oscura, con las alas comidas o limpiándose permanentemente las antenas. Por supuesto que con más razón si vemos celdas de reemplazo comenzadas, aunque si ya la reina nueva ha nacido podemos darle la oportunidad de que se fecunde, pues estaremos a fines de febrero o comienzos de marzo.
 No hay que olvidar que lo más común en un caso de reemplazo de reina decadente es que mientras dura el proceso de fecundación de la reina nueva, convivan madre e hija en la colmena. Incluso esto puede prolongarse dándose el caso de que ambas pongan simultáneamente por algunos días o semanas, luego de lo cual la vieja desaparece. Pero atención, a veces sucede lo contrario y desaparece la joven, así que habrá que marcar las colmenas que estén en proceso de recambio y revisarlas nuevamente tres o cuatro semanas después. Si el recambio falla y nos encontramos ya a fines de la otoñada, quizá sea conveniente matar a la reina vieja (si aún está) y agregar las abejas a alguna colmena débil De esta sencilla manera pueden evitarse en gran medida las colmenas zanganeras que habitualmente aparecen a finales de la invernada, aprovechando al 100% esa población en colmenas que nos brindarán abundante cría primero, y abundante cosecha después.

NUCLEADO OTOÑAL
 Visto desde el punto de vista de la despoblación invernal, el nucleado de otoño deberá hacerse tratando de no debilitar demasiado a las colmenas proveedoras de material vivo. La clásica "división", o sea hacer de una colmena dos núcleos, puede ser muy arriesgado si luego escasean los recursos de floración. Es más seguro sacar a cada colmena sólo una parte reducida de su población, por ejemplo una quinta parte, lo que no la afectará demasiado. Pero debemos tener en cuenta que la reina de estas colmenas buscará recuperar la población pérdida, lo cual representará un consumo extra de reservas que hay que suministrar si es que no entra naturalmente. En lo que hace a los núcleos hay que tratar de hacerlos fuertes, ya que cuanto más fuertes sean más probabilidades tienen de sobrevivir. También es importante la calidad de las abejas, por lo que no nuclearemos ninguna colmena que haya tenido recientemente varroa o loque, aún en el caso de que se muestre recuperada. Otro punto a tener en cuenta es la relación cría/abejas al momento de armar los núcleos. El núcleo es una familia desorganizada, por lo que atiende a la cría naciente bastante mal. Recordemos que la cría naciente necesita mucho polen, así que si el núcleo no tiene suficientes pecoreadoras, o no hay suficiente floración, las abejas nuevas se criarán mal y serán muy poco durables, comprometiendo la población de la familia. Tengamos en cuenta que en primavera todo "va para arriba", pero en otoño es a la inversa. Por lo tanto hay que tratar de poner MAS ABEJAS QUE CRIA, siendo lo ideal "paquetear", o sea hacer núcleos sólo con abejas, aunque esto exige el uso de un embudo desabejador, una reina fecundada y algo de práctica.

Ricardo Prieto

viernes, 21 de diciembre de 2012

DISENTERÍAS


DISENTERÍAS

Suelen ser frecuentes en las abejas por ingestión de alimentos en mal estado. Provoca una serie de procesos patológicos intestinales que da lugar a la defecación excesiva o diarrea. Los causantes más habituales son:
  • Humedad excesiva en el alimento artificial.
  • Miel calentada más de lo habitual durante el proceso produciendo sustancias nocivas para la abeja.
  • Azúcares semirrefinados que contiene sustancias como el almidón y es asimilado por la abeja.
  • Hidrolizados de sacaros a y almidón, subproductos de procesos de obtención de derivados de azúcar a partir de materia prima vegetal.
  • Otros azúcares como manosa, raftosa, lactosa etc., que alteran el equilibrio intestinal de la abeja.

martes, 27 de noviembre de 2012

SEPTICEMIA


SEPTICEMIA
La Septicemia o Seudomoniasis, es una enfermedad infecciosa de las abejas adultas, causada por la bacteria Pseudomonas apiseptica Burnside. La gravedad de la enfermedad no ha sido bien establecida, aunque bajo ciertas condiciones puede matar rápidamente a las abejas infectadas.
ETIOLOGÍA.
 Pseudomonas apiseptica Burnside, es una bacteria gram negativa muy parecida al Pseudomonas aureoginosa, que está ampliamente distribuida en el medio ambiente.
EPIZOOTIOLOGÍA.
 La enfermedad sólo se ha reportado en Francia, Suiza, Canadá y EE.UU., pero probablemente su distribución es mundial. Afecta exclusivamente a las abejas melíferas adultas. La humedad y el excesivo manejo son factores que favorecen la presencia y desarrollo de la enfermedad. La forma en que las abejas se infectan no está muy clara, pero parece ser que la infección se inicia en las heridas ocasionadas por el Acarapis woodi, en las tráqueas. El ácaro bien puede ser un vector de la bacteria. Se ha demostrado la presencia de la bacteria en el polen y en el suelo donde están ubicadas las colmenas enfermas.
PATOGENIA. De las tráqueas, la bacteria pasa a la hemolinfa donde se reproduce causando una
"septicemia" y la muerte del insecto. Los ácaros jóvenes que chupan la hemolinfa de abejas enfermas, pueden llevar la bacteria a otras abejas sanas. Una vez infectada, las abejas mueren en 1 a 2 días.
CUADRO CLÍNICO. Las abejas moribundas se muestran descansando casi sin moverse en los panales o en la piquera, no se alimentan y son incapaces de volar. Las abejas muertas, se deshacen fácilmente en las manos cuando se levantan (se desprenden los segmentos y apéndices como la cabeza, abdomen, patas y alas). El color de su hemolinfa se observa lechoso y turbio y en ocasiones las abejas afectadas despiden un olor a podrido.
DIAGNÓSTICO. Puede establecerse con base en el cuadro clínico, pero también puede efectuarse en el laboratorio.
TRATAMIENTO. La estreptomicina se ha usado con cierto éxito aunque se han presentado casos de resistencia bacteriana al antibiótico. Otra posibilidad puede ser el uso de ácido cítrico en el jarabe.

ASPERGILOSIS


ASPERGILOSIS

Enfermedad, también llamada “pollo pétreo”, producida por distintas especies de hongos que afecta tanto a la cría como a las abejas adultas y con muy baja incidencia en nuestro país.
ETIOLOGÍA
Se produce, esta micosis por hongos del género Aspergillus, siendo las especies más comunes Aspergillus flavus y Aspergillus fumigatus Estos hongos se encuentran muy difundidos en la naturaleza, teniendo un papel muy importante en los procesos de fermentación. Su presencia es normal en nuestros colmenares sin provocar problema alguno, si bien en presencia de otras patologías o por otras circunstancias que provoquen la bajada de defensas de la cría o de las abejas adultas, producen infestaciones, generalmente poco importantes. Producen aspergilosis en el hombre (irritación de mucosas y conjuntivas).
Archivo: Aspergillus fumigatus 01.jpg
 Aspergillus fumigatus
PATOGENIA
La aspergilosis provoca la infestación, en la cría y en las abejas adultas, por ingestión de esporas del agente productor de la enfermedad, que contaminan los alimentos. Las esporas germinan en el aparato digestivo, tanto en larvas como en abejas adultas, a nivel del ventrículo, invadiendo, el micelio del hongo, las diferentes estructuras corporales. Posteriormente, y una vez se ha producido la muerte de la larva, las hifas del hongo salen al exterior rompiendo las membranas intersegmentarias y produciendo los cuerpos
fructíferos que son los encargados de la producción de las esporas. El micelio puede proliferar tanto, que llene por completo las celdas afectadas. Las momias (larvas muertas), por su parte, adquieren una consistencia dura y quebradiza, resultando muy difícil extraerlas de las celdillas, de ahí que las abejas limpiadoras se vean forzadas a roer las celdillas o recubrir los cadáveres con propóleos cuando su extracción no es posible Las abejas adultas, mueren, fundamentalmente, por las toxinas producidas por el hongo en su desarrollo.
EPIZOOTIOLOGÍA
La transmisión de la enfermedad se realiza, principalmente, mediante el consumo de alimentos contaminados y por las abejas limpiadoras que al intentar extraer las larvas muertas (momias) se contagian. Las nodrizas que portan esporas de A. flavus o A. fumigatus infestan a las larvas que alimentan. Fuentes adicionales que pueden provocar la enfermedad son el polen y la miel, productos, almacenados y contaminados y cera estampada insuficientemente tratada, que tiene su origen en panales que portan la enfermedad. La transmisión entre colmenas se produce por el pillaje, los errores de vuelo (deriva) y por la acción del propio apicultor que por un manejo inadecuado.
aspergillius flavus 
SINTOMATOLOGIA
La cría presenta un aspecto irregular y en mosaico, lo que indica claramente la existencia de un problema patológico en la cría. En las abejas adultas y en los estadios intermedios de la enfermedad se presenta una marcada incoordinación e incapacidad para el vuelo. Posteriormente, sobre las abejas muertas, puede apreciarse el abundante crecimiento del micelio y la formación de los cuerpos fructíferos del hongo. En el colmenar no se nota la presencia de momias extraídas por las abejas debido a la dificultad de su extracción.
DIAGNÓSTICO
Clínico.- Los síntomas que presenta la enfermedad son claros, sobre todo en las abejas adultas y la presencia de momias, en los cuadros de las colmenas afectadas, nos demuestra la presencia de “cría pétrea”.
Laboratorial.- El diagnóstico se hace sobre la comprobación del agente causal en el microscopio. Los hongos, A flavus y A, fumigutus, crecen bien en medios de cultivo convencionales para micología.
Diferencial.- No confundir A. flavus y A. fumigatus, con otros tipos de hongo, A. apis, agente etiológico de la Ascosferosis, también llamada “pollo escayolado” que presenta una incidencia mucho mayor. El hongo Bettsia alvei, afecta fundamentalmente al polen almacenado, (moho del polen).
TRATAMIENTO
En la actualidad no existen tratamientos realmente eficaces contra las micosis de las abejas, pues si bien se han ensayado multitud de agentes antifúngicos, todos han dado resultados aleatorios. Si la infección está muy extendida se recomienda la eliminación por fuego del material biológico, cuadros de la cámara de cría, y posterior flameado del resto de las estructuras de la colmena
PROFILAXIS
Bajo estas circunstancias las medidas preventivas son las más eficaces. Todo este material se deberá manejar con sumo cuidado (mascarilla protectora) para evitar la inhalación de las esporas, que podrían producir al manipulador problemas serios en el tracto respiratorio.
Jesús Llorente Martínez
Dr. Veterinario

lunes, 26 de noviembre de 2012

AMEBIASIS


DEFINICIÓN.
La amebiasis es una enfermedad parasitaria de las abejas adultas, frecuentemente asociada a la nosemiasis (Nosema apis), causada por Malpighamoeba mellificae, que se localiza en sus órganos excretores  (tubos de  Malpighi). En infecciones mixtas destruye el precario equilibrio que pueda existir entre el hospedador y N. apis.
DISTRIBUCIÓN GEOGRÁFICA E IMPORTANCIA ECONÓMICA.
La enfermedad se halla extendida por todo el mundo. Cuando se presenta de forma independiente no tiene demasiada importancia y sí cuando está asociada a nosemiasis, agravando el proceso parasitario.
ETIOLOGIA
El agente causal, Malpighamoeba mellificae fue descrito por Maasen en1916 y clasificado como por Prell en 1927. Protozoario de la clase Rizópodos, orden Sarcodina, se desarrolla en primer lugar en fase vegetativa, para finalmente enquistarse, que es la forma de eliminación, de resistencia y de infestación del parásito. Los quistes tienen forma redondeada, de seis a siete μm de diámetro y están rodeados de una membrana. Son resistentes a las condiciones del medio, superando incluso la desecación.
HOSPEDADORES: FACTORES DE LA RECEPTIVIDAD.
No se han encontrado factores que influyan en la receptividad a la amebiasis por parte de las abejas, a excepción de que la reina no está afectada por esta parasitosis. El incremento de la parasitación en un determinado tipo de abejas (viejas) está más en relación con el grado de intensidad del metabolismo en los hospedadores (relacionado con el incremento de actividad) que con la edad de las abejas.
Fig. 8
 Malpighamoeba mellificae y  nosema cerane
RELACIONES PARÁSITO/HOSPEDADOR/AMBIENTE.
EPIDEMIOLOGÍA.
Las abejas limpiadoras ingieren los quistes cuando proceden a limpiar de materias fecales los cuadros, panales o paredes de la colmena. Estas formas de resistencia rompen su cubierta cuando llegan al último tercio del intestino y la fase vegetativa penetra en el interior de los tubos excretores, donde se reproduce por división directa presentando tamaño y formas muy variables y un flagelo en su parte anterior. Destruidas las células epiteliales y bajo diversas circunstancias, se forman los quistes, que llegan al intestino, ampolla rectal, y con las heces, al exterior. El recrudecimiento de la enfermedad se produce a la salida del invierno y va en aumento hasta principios de verano, para disminuir después de forma importante. Este ciclo se debe a factores fisiológicos, como el metabolismo, que es reducido durante los meses invernales y mucho más intenso a principios de primavera, cuando la actividad de las células epiteliales aumenta, su renovación se hace a ritmo más rápido así como la absorción y la multiplicación de las amebas y la consecuencia una extensión de las lesiones causadas por los parásitos. En primavera, con temperaturas entre 20º y 30º C, suelen darse elevadas infestaciones de M. mellificae, que en un tiempo de 21 días puede producir tiempo30 millones de esporos; por lo tanto, la primera se difunde con menos rapidez que la segunda, fundamentalmente en tiempo caluroso, cuya propagación prácticamente
desaparece por la corta vida de la abeja, en contraposición al largo ciclo biológico del parásito. La transmisión natural de la enfermedad en la colmena se realiza, principal mente, por las heces contaminadas con quistes de M. mellificae que las abejas enfermas depositan en los cuadros y en el interior de la colmena y que son limpiadas rápidamente por abejas, debido fundamentalmente a su riqueza en azúcares. De una colonia a otra, la enfermedad se propaga por los errores de la orientación de las abejas y por el pillaje. En la distancia, por transacciones comerciales y por trashumancia no controlada.
 Fotomicrografías de Malpighamoeba mellificae en Apis mellifera 2, túbulo de Malpighi seccionado liberando formas quísticas (Escala = 50 μm); 3, detalle de un túbulo de Malpighi infectado (Escala = 20 μm); 4, quiste maduro [Q], quistes inmaduros [q] y trofozoíto [T] (Escala = 10μm); 5, infección mixta con Nosema sp. (Escala = 10 μm).
PATOGENIA.
Estos parásitos presentan formas móviles reptantes (vegetativas) y formas quísticas. Las primeras también llamadas amebianas, emiten prolongaciones plasmáticas, que facilitan el movimiento y la nutrición de la ameba en las paredes epiteliales de los tubos excretores. Las formas vegetativas derivan a quistes, que se consideran como formas de multiplicación y de resistencia, que se forman cuando las formas vegetativas son expuestas a condiciones disgenésicas. La acumulación de quistes, hace difícil la eliminación del líquido de provocan la disminución de la capacidad funcional excretora del epitelio. Las amebas también excretan toxinas.
CLÍNICA: SINTOMAS
Los síntomas son parecidos a los de la nosemiasis. Los casos típicos de amebiasis se ponen de manifiesto por unas abundantes diarreas, color amarillo claro, de consistencia acuosa o pastosa, que manchan tanto los cuadros como la piquera y la plancha de vuelo. Las abejas aparecen con signos diarreicos a la menor excitación que sufren, como pueden ser la apertura de la colmena, presentando un abdomen globoso y distendido, en contraste con el abdomen abultado y más corto que presentan cuando la enfermedad es la nosemiasis. El agotamiento de las colonias es rápido y las abejas mueren en el exterior
de la colmena.
LESIONES
Las formas vegetativas provocan lesiones consistentes en la destrucción de las células que tapizan los tubos de Malpighi. Las toxinas provocan la alteración de todo el metabolismo de la abeja. El intestino de las abejas con amebiasis sufre modificaciones en su textura y color. El recto está distendido y lleno de líquido acuoso.
DIAGNÓSTICO
Clínico.- El diagnóstico clínico de la amebiasis es prácticamente imposible, pues los síntomas son muy parecidos a los de la nosemiasis.
Laboratorial.- Un diagnóstico laboratorial nos muestra unos tubos de Malpighi  ligeramente abultados, con aspecto vítreo, color blanco lechoso y con zonas necróticas cuando la infección es grave. En observación microscópica se observan quistes en los tubos excretores, utilizando una tinción de contraste. También se pueden utilizar para tal fin los excrementos en dilución con agua destilada.
Diferencial.- El diagnóstico diferencial se realiza con los esporos de N.apis, que son ovales; tienen una longitud apenas igual que el diámetro de los quistes de M. mellificae y unos límites menos espesos. Por otro lado las levaduras, en general, se colorean en su totalidad y las gotas de grasa, de tamaño variable, forma irregular y límites poco netos.
TRATAMIENTO
Los medios de lucha contra la amebiasis son esencialmente profilácticos. La fumagilina, tan eficaz contra la nosemiasis, es ineficaz contra la amebiasis, no conociéndose ningún tratamiento farmacológico eficaz contra la enfermedad. La infección puede ser controlada, transfiriendo las colonias, a principio de verano, a panales y colmenas no contaminadas.
PROFILAXIS.
Para esta enfermedad se consideran más importantes las medidas profilácticas que las terapéuticas, haciendo énfasis en la desinfección de todo el material.

Jesús Llorente Martínez
Dr. veterinario

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