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sábado, 4 de octubre de 2014
jueves, 21 de noviembre de 2013
sábado, 28 de septiembre de 2013
AGENTES CAUSANTES DE ESTRÉS EN LAS ABEJAS
Los agentes causantes de estrés en las abejas
pueden ser de muy variada etiología. Individualmente o en conjunto pueden
debilitar al insecto y producir su muerte, hecho que en los últimos años
preocupa mucho a la sociedad científica.
El problema medioambiental es de bastante gravedad, ya que las abejas tienen un papel muy importante en la polinización de muchas especies de plantas, y sirven de alimento a numerosas especies de vertebrados. Según Albert Einstein: “Si la abeja desapareciera de la Tierra, al hombre sólo le quedarían cuatro años de vida: sin abejas no hay polinización, ni hierba, ni animales, ni hombres…”.
¿Qué
pasa en una colmena mal ventilada cuando hace calor?
Los nidos de cría de las colonias deben mantenerse a una temperatura constante que varía de 34º a 38º C. Lo mismo ocurre con la humedad, que ha de mantenerse constante, en torno al 80%. Las abejas tienen termo receptores en sus antenas que captan los cambios de temperatura en el ambiente y les permiten adaptarse. En este caso, cuando la temperatura de la colmena supera los 35º C las abejas sacuden sus alas para expulsar el aire caliente y así la refrescan. No todas las abejas participan de este movimiento, sólo algunas (Coppa, 2006).
Si el calor sigue aumentando, un grupo de abejas sale de la colmena y se coloca por debajo para refrescarse en la sombra. Si continúa el calor salen más abejas y comienzan a ventilar desde fuera a toda la colmena. Con calores prolongados e intensos ventilan hasta por la noche. Si el calor no disminuye, la temperatura corporal irá subiendo poco a poco hasta “freír” a las abejas por dentro: las proteínas se coagulan por encima de los 45º C y pierden sus funciones.
Esta situación provoca además que las abejas defensoras o sanitarias, al tener que colaborar con la ventilación, abandonen sus tareas habituales, dejando a la colonia expuesta al acoso de parásitos, bacterias, hongos o virus.
Si a pesar del gran esfuerzo desplegado por la colonia no se logra rebajar la temperatura, la cría muere deshidratada, la reina corta la puesta, se derriten los panales y se paraliza la colonia.
¿Qué
pasa en una colmena mal ventilada cuando hace frío?
Las abejas son expertas en mantener la temperatura más alta que el medio ambiente en épocas de mucho frío. El frío minimiza su actividad hasta provocar la muerte. Algunas razas suspenden la puesta, ya que las crías requieren de más calor y humedad para sobrevivir que una abeja adulta.
Como mecanismo de regulación, las abejas cuando perciben el descenso de temperatura (de 14-12º C) se agrupan en racimos, con la reina en el centro, formando un “bolo invernal” que se irá compactando a medida que ésta siga descendiendo (Mendizábal, 2006). De esta manera, con pequeñas vibraciones, liberan calor manteniendo la temperatura; sin embargo, les es más difícil controlar la humedad, que tiende a condensarse dentro de la colmena. Ésta se genera por el consumo de miel que hacen las abejas. Por cada litro de miel consumida se produce un litro de agua. Esta humedad, en época de actividad, sale de la colmena mediante el mecanismo de ventilación que desarrollan. Pero en invierno las abejas arracimadas no utilizan el batido de alas para ventilar, de manera que la colmena en sí debe estar dispuesta para que se favorezca la ventilación sin la intervención de las abejas (Coppa, 2006).
Si la colmena está en la sombra en lugares de poca ventilación y alta concentración de humedad la combinación es explosiva, derivando en una permanente situación de estrés de la colonia y un ambiente muy favorable para el desarrollo de algunas enfermedades como la ascoferosis (micosis producida por Ascosphaera apis), nosemosis (parasitosis causada porNosema apis) o loque europea (enfermedad bacteriana por Melissococcus pluton) (Llorente, 2003).
Disponibilidad
de agua
Otro elemento imprescindible para la supervivencia es el agua. Si falta agua en el organismo éste intenta recuperarla de donde sea. El primer efecto es el espesamiento de la hemolinfa, que provoca la salida de agua de los tejidos hacia la sangre y afecta al sistema nervioso y al respiratorio. En estas condiciones las abejas se debilitan y se hacen muy sensibles ante cualquier otro proceso patológico.
Disponibilidad y/o calidad de alimento
El polen provee a la colonia de toda la proteína necesaria para el desarrollo del cuerpo y su normal funcionamiento.
Cuando tienen suficientes reservas las abejas mantienen un comportamiento relajado y no se sobrecargan de trabajo en invierno, pero si la colmena se queda sin reservas (esto es, sin miel operculada en una cámara melaria), salen desesperadas a buscar alimentos, y si pueden, a robarle a otra colmena su reserva (pillaje). Y es que cuando les falta miel, falla el suministro de hidratos de carbono, no pueden producir energía, sobre todo calorífica, y disminuye su capacidad de mantener la temperatura constante, circunstancia especialmente grave en la zona de cría, que acaba paralizada. Esta situación es especialmente dramática cuando además hay una baja temperatura ambiental.
Por otro lado, el exceso de néctar tampoco implica una mejora en la calidad de vida. Cuando esto sucede, y sobre todo si concurren épocas de calor, de alta humedad ambiental o poca ventilación del colmenar, se produce una sobrecarga de trabajo de día y de noche que agota a las abejas haciéndolas muy agresivas, por lo que en tal situación llega a ser muy peligroso manipular las colmenas. Además, debido al estrés, se produce un descenso en la tasa de proteína corporal, por la elevada demanda, con la consecuente disminución de su longevidad.
Cuando se da un periodo de bajo ingreso de polen (porque no haya o porque el que hay no tiene los nutrientes adecuados -sequía, polen de eucalipto, gramíneas o pino-), las abejas nodrizas no pueden desarrollar correctamente las glándulas hipofaríngeas y por tanto no pueden alimentar a las larvas con jalea real. En estos casos son las abejas viejas las que las alimentan. La falta de polen también provoca en el organismo de las abejas “hambre de proteínas”, que tratan de solucionar extrayendo proteínas de donde las haya, fundamentalmente del músculo y los intestinos. Esta situación puede provocar daños celulares en estos tejidos, con la consiguiente disminución del peso corporal. Paralelamente a ese proceso orgánico hay un aumento del instinto de recolección de polen, lo que hace que, si no lo encuentran, recolecten cualquier cosa que se le parezca (harina, polvo de paja, polvo de los piensos para ganado, etc.).
Influencia
del cambio climático sobre la actividad de la colmena
Las abejas tienen actividades anuales que van asociadas a las condiciones climáticas. Lo que está ocurriendo con el cambio climático es que determinados árboles adelantan su floración porque se adelanta la primavera, sin embargo, las abejas no salen debido al frío y se mueren de hambre. El tiempo las engaña.
En nuestro país, el año 2005 fue especialmente nefasto en este sentido (Hernández, 2006), pues a los bajos precios derivados del aumento en las importaciones de miel se sumaron las nefastas condiciones climatológicas por la sequía y la sorprendente y extraña muerte de millones de abejas (síndrome de desabejación).
Aunque no se conozca la causa exacta de tal misterio, el cambio climático que está sufriendo el planeta influye en el despoblamiento.
¿Y
las radiaciones?
Las abejas utilizan los cristales de magnetita como magnetorreceptor. Jungreis (1987) investigó la habilidad de los insectos para viajar estacionalmente largas distancias, lo que requiere la utilización de algunos mecanismos hereditarios para encontrar la dirección adecuada. Se hallaron partículas de magnetita biológicamente sintetizadas tanto en especies migradoras, que las utilizan como una brújula en el campo magnético terrestre, como en las especies no migrantes, para las que tienen una función todavía desconocida.
Desde hace meses se viene hablando de la misteriosa desaparición de enjambres enteros de abejas en distintos lugares del mundo, en especial en EE. UU. y determinados países europeos (España incluida).
Hay sospechas de que la radiación electromagnética podría interferir en los sistemas de navegación de las abejas, aunque no existen estudios concluyentes. Varios medios de comunicación han publicado con cierta regularidad noticias relacionadas con la crisis del sector apícola, producida entre otras razones, por las mortandades de abejas y despoblamiento de las colmenas de origen desconocido. Teniendo en cuenta los efectos conocidos de las microondas sobre los insectos y en particular sobre las abejas, y habida cuenta de la proliferación de estaciones base en el campo, es necesario investigar si las radiaciones de telefonía están incidiendo de alguna manera en estas mortandades. Los resultados deben ser considerados por los apicultores españoles con el fin de prevenir posibles pérdidas económicas (Balmori, 2006).
Varios autores (Ramirez et al., 1983) han demostrado la agitación, inquietud y el comportamiento agresivo que muestran las abejas expuestas a los campos electromagnéticos de las líneas de alta tensión.
En una interesante revisión, Balmori (2006) destaca entre otros, los estudios llevados a cabo por Ferdinand Ruzicka, investigador de la Universidad de Doz (Austria) y apicultor aficionado, quien explica cómo los problemas de sus abejas comenzaron tras la instalación de varias antenas de telefonía en las cercanías de sus colmenas (a 50 metros de una estación base y a 150 metros de otras tres más). El investigador no encontró explicación a este comportamiento ni por enfermedades, ni por envenenamiento, culpando del mismo a la radiación de las antenas (Ruzicka, 2003).
En ese mismo artículo, se cita también las observaciones realizadas en 1997 por A. Firstenberg, relativas a la desaparición de abejas en la proximidad de antenas de telefonía en Nueva Zelanda señalando que las que recibían directamente el haz de radiación morían sin razón aparente.
Por el contrario, en dos estudios financiados por la NASA, de Westerdahl y Gary (1981a, b) no se encontraron diferencias en la mortalidad ni en el consumo de azúcares ni variaciones en la orientación del vuelo o la memoria en abejas que fueron irradiadas con microondas.
Conclusión
Como conclusión, podemos decir que son muchas las causas que producen estrés en estos insectos, y seguramente gran parte de la responsabilidad de tantas alteraciones está en el ser humano. Nuestro papel, como futuros veterinarios es ser conscientes de esta realidad y ayudar al sector implicado.
Adriana Grille y María Calviño.
Estudiantes de segundo
ciclo. Facultad de Veterinaria de Lugo.
Universidad de Santiago de
Compostela.
lunes, 2 de septiembre de 2013
EL SILENCIO DE LAS ABEJAS
La desaparición de las abejas
En
2006 saltó la alarma: colonias enteras de abejas de la miel se desvanecen sin
dejar rastro Sin ellas, muchos de nuestros alimentos desaparecerían, y con
ellos, nuestra forma de vida Los expertos estudian cuáles son las causas que
ponen su existencia en peligro.
Dave Hackenberg lleva ganándose la
vida como apicultor desde 1962, cuando decidió dedicarse a la cría de las
abejas de la miel. Su negocio consiste en transportar sus colmenas a lo largo y
ancho de Estados Unidos a bordo de grandes camiones. Este apicultor recorre todos los años miles
de kilómetros de costa a costa con sus colmenas para polinizar las plantaciones de
manzanos de Pensilvania –donde tiene su casa de verano– o los extensos cultivos
de almendras de California, a principios de la primavera. En otoño de 2006,
Hackenberg se desplazó a Florida, donde tiene su casa de invierno, para que sus
abejas se ocuparan de fertilizar los amplios cultivos de calabazas. Sus
colonias eran un hervidero cuando las dejó, pero al regresar allí un mes
después se encontró con la mayor sorpresa de su vida. Más de la mitad de sus
3.000 colmenas aparecían desiertas, con
tan solo la abeja reina y unas cuantas obreras guardianas. Los alrededores
tampoco mostraban cadáveres de abejas. Los insectos se habían desvanecido.
Hackenberg comunicó el suceso a sus
colegas, lo que le costó no pocas críticas. Enseguida lo tacharon de apicultor
descuidado. Pero poco después, los casos de desapariciones misteriosas de
abejas se propagaron entre otros muchos colegas. Estos insectos tienen un
fuerte sentido colectivo, dentro de una sociedad que gira alrededor de la abeja
reina . Dependiendo de la edad de las abejas, realizan diferentes funciones
dentro de la colmena guardianas que
defienden la colmena, otras cuidan los
huevos y las larvas hasta que emergen de sus celdas, y otras que se encargan de
traer el alimento –néctar y polen a la colmena, transformando el néctar en miel.
El abandono de una colmena resulta un comportamiento inconcebible: un suicidio
colectivo. Los apicultores, aterrados, no encontraron restos de insectos, ni
señales o pistas que pudieran explicar la tragedia. Las abejas se habían
desvanecido inexplicablemente.
En la primavera de 2007, los
investigadores descubrieron que una cuarta parte de los apicultores estadounidenses habían sufrido pérdidas
catastróficas. Pero el desastre se propagó a otros países: Brasil, Canadá,
Australia, y también en Europa, en Francia y España. En la televisión saltaban
extrañas noticias como la desaparición de 10 millones de abejas en Taiwán.
Desde aquel otoño de 2007 se vienen repitiendo las desapariciones masivas.
Hackenberg pasó de apicultor descuidado a pionero, el primero en dar la voz de
alarma: millones de abejas desaparecen cada año. Algo está ocurriendo. “Sí, es
un fenómeno global”, afirma Carlo Polidori a Como experto en comportamiento de
himenópteros e investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid,
del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Polidori es muy
consciente del problema. En Europa, las pérdidas de colmenas se suceden
anualmente a un ritmo de un 20%, observa con preocupación. “En este año se han
perdido en Inglaterra el doble de colmenas que el año anterior”.
En España, las noticias anteriores al
hallazgo de Hackenberg son incluso peores. “Antes de 1994 había una
desaparición anual de entre el 5% y el 7 “A
partir de esta fecha estamos entre el 35% y 40% (de pérdidas)”. Cabe destacar que en algunas regiones las pérdidas de
colmenas llegan hasta el 90%. En España, la situación roza el drama. Han
desaparecido miles y miles de colonias
en los últimos años. Las pérdidas
económicas se contabilizan por cientos de millones de euros, pero el valor polinizador “se eleva a más de
mil millones de euros”.
Existen alrededor de 20.000 especies
de abejas, pero las abejas de la miel (Apis mellifera) son extraordinarias ya
que polinizan una amplia variedad de flores. Cada individuo es un prodigio de
la ingeniería biológica: está equipado con sensores de temperatura, de dióxido
de carbono y de oxígeno, y su cuerpo está diseñado para cargarse de electricidad
estática. Cuando las abejas recolectan el alimento en las flores, los granos de
polen que quedan adheridos a ellas permiten que el polen de una flor viaje
hasta otra, la cual se fertiliza. El resultado es una semilla y un fruto. La
magnitud del fenómeno resulta increíble cuando examinamos la labor colectiva.
En una colmena puede haber entre 60.000 y 80.000 abejas, de las que
40.000 salen en busca de alimento. Cada obrera realiza hasta 30 salidas
diarias, y en cada viaje puede llegar a polinizar un total de 50 flores. En una
sola jornada de trabajo, una colmena puede lograr la fertilización de millones
de flores. Los cálculos sugieren que una sola colmena es capaz de
encargarse de fertilizar las flores en una zona de 700 hectáreas, es decir, la superficie
equivalente a unos 350 campos de fútbol.
La importancia económica de las abejas
de la miel es colosal. En la Red circula una citación atribuida a Einstein que
sugiere que si las abejas desaparecieran hoy de la Tierra, el hombre solo
podría sobrevivir cuatro años. Sea o no cierta esta cita, hay una parte de
verdad en ella que evoca un futuro apocalíptico.Las abejas de la miel
intervienen en uno de cada tres bocados que nos llevamos a la boca. Los
cultivos básicos como el arroz, el trigo o la cebada son polinizados por el
viento. Pero en un mundo sin abejas, una gran parte de las frutas y verduras
comunes de los supermercados desaparecerían de las estanterías. Sus precios
resultarían tan astronómicos que un kilo de manzanas podría costar casi como el
caviar.
Y si no, echen un vistazo a la
siguiente lista. En España, la polinización de las abejas permite que tengamos
almendras, melocotones, cerezas, ciruelas, manzanas y peras; también hacen
posible la alfalfa y el trébol; frutas como melones, pepinos, calabazas,
calabacines y berenjenas, las fresas, frambuesas, las zarzamoras y el tomate. A
las abejas le debemos los espárragos, el aceite de colza o de girasol y fibras
textiles como el lino o el algodón. La vid depende parcialmente de la labor de
las abejas –y con ella, la producción de vino y mosto.
“Más del 80% de las plantas con flores son
polinizadas por animales”, “Y más del 30% de las plantas de cultivo y frutas
dependen de la polinización por parte de las abejas”.
Y si bien hay especies de abejas
silvestres y abejorros que hacen un trabajo muy importante –pudiendo ser en
algunos cultivos hasta más efectivo que el realizado por las abejas de la
miel–, el carácter todoterreno de estos animales colectivos les convierte en la
especie de insecto que más importancia económica tiene para el hombre.
Meses
después de las primeras desapasiones de abejas en las colmenas,
los investigadores catalogaron el fenómeno como“ colapso
desordenado de la colonia” (CCD, siglas en inglés de colony collapse disorder). al día de hoy, los interrogantes persisten. Los investigadores han
indagado como si fueran forenses científicos en busca de cadáveres que examinar;
han realizado autopsias en las abejas en
busca de parásitos, virus y rastros de insecticidas; han examinado la capacidad
reproductora de las abejas reina, y han
realizado un sinfín de estudios de toxicidad buscando restos de pesticidas en
los granos de polen.
Hasta el momento, no han encontrado a
un solo culpable, pero sí muchas pistas, y todas inquietantes. Los inmensos
campos de monocultivos que sostienen la agricultura mundial son un festín
continuo para legiones enteras de insectos devoradores. La única manera de
mantenerlos a raya es rociándolos con nuevas fórmulas de plaguicidas e
insecticidas cada vez más letales. Y estas sustancias tóxicas podrían alterar
el comportamiento y el sistema nervioso de las abejas. En concreto, un tipo de
pesticidas sintéticos –llamados neonicotinoides– atacan los centros del sistema
nervioso de los insectos. Cuando las abejas obreras salen para recoger el
néctar, entran en contacto con estas sustancias, que alteran su sistema
nervioso. Los animales, desorientados, no encuentran el camino de vuelta hacia
la colmena –situado a kilómetros de distancia– y mueren lejos. Esto podría
explicar el hecho de que los investigadores suelen encontrar las colmenas con
los panales casi vacíos sin abejas
posadas en los panales.
“La puesta en el mercado de estos pesticidas neurotóxicos y sistémicos
coincide con las pérdidas registradas de hasta un 40%”. Si la legión de obreras
que parten para recolectar polen no regresa, la colmena no dispone de
suficientes individuos y está condenada irremisiblemente a morir.
Los pesticidas podrían tener otro efecto devastador.
Debilitan a las abejas y las hace más susceptibles al contagio de patógenos y
virus. Un tipo de ácaro, la Varroa destructor, “es capaz de destrozar una
colonia entera”. Estos ácaros se pegan al cuerpo de las obreras y transmiten un
virus letal que deforma el abdomen y las alas de las abejas. Con defensas débiles, estos insectos
sucumben también ante un parásito unicelular llamado Nosema, que produce
esporas que los infectan. Una de las características de la enfermedad radica en
un cambio de comportamiento. Las abejas jóvenes que cuidan de las crías de la
colmena y que resultan afectadas por el parásito dejan su labor como nodrizas y
se convierten en guardianas de la colmena, o en abejas obreras que salen para
alimentarse. Al cambiar el ciclo, las cría se queda desguarnecida y mueren. La
comunidad empieza a derrumbarse desde dentro.
Los apicultores en todo el mundo se
enfrentan a un nuevo reto. En Estados Unidos, la cría de abejas se ha
transformado en un negocio en el que centenares de miles de colmenas son
transportadas a lo largo y ancho del país. Uno de los acontecimientos del año
es la polinización de los cultivos de almendros en California. Los apicultores
llegan con sus grandes camiones, rocían de antibióticos los panales para
mantenerlos libres de enfermedades y alimentan a las abejas con sirope de
glucosa. Ante la pérdida de colmenas, se
han llegado a importar abejas desde Australia para mantener la industria de la
almendra californiana. Los insectos llegaban a bordo de aviones Boeing 747.
El doctor Eric
Mussen, del departamento de entomología de la Universidad de California en
Davis (Estados Unidos), es a
la vez un académico y un experto apicultor, el puente ideal entre la ciencia
entomológica y el mundo real, en el que los apicultores han domesticado y
criado a las abejas desde hace siglos. “Cada país es diferente, pero los
apicultores están teniendo dificultades para mantener el número de las abejas
de sus colonias”, admite este academico.
En Estados Unidos, asegura, la mayoría
de los apicultores está alejándose de la agricultura comercial masiva. El mensaje
de sus colegas orgánicos ha calado, al menos en lo que respecta al manejo de las
colmenas. No hace mucho se acarreaban las
colmenas en vagones junto con caballos,
o en camiones mal acondicionados. Pero ahora las colmenas viajan en tráileres
preparados con suspensión neumática. Estos largos desplazamientos no suponen un
gran problema para las abejas, ya que en apenas un par de días se adaptan al
lugar.
Las importaciones de abejas de otros
países también se han suspendido en Estados Unidos por el temor a que con ellas
lleguen nuevas enfermedades. El porcentaje de pérdidas en la actualidad es entre el 20% y el 30% es una media estadística, aunque en el caso de
algunos apicultores se eleva al 50% e incluso al 80%.
El problema esencial para las abejas, es
conseguir una buena nutrición. Las obreras deben salir para recolectar
alimento, polen y néctar de buena calidad. De ellas depende una colmena de
miles de individuos a los que tienen que alimentar de manera incansable. Los
monocultivos ganan cada vez más terreno, ya que sostienen una agricultura
masiva necesaria para alimentar a millones y millones de personas. Para las
abejas, este efecto es devastador. Es como si, para los seres humanos, los
campos cultivables en todo el planeta se fueran convirtiendo en desiertos de
arena.
En
Europa, las pérdidas de colmenas oscila también entorno a 20% 30% anual. Una colmena al lado de una
gran plantación de maíz está casi condenada a muerte, por ejemplo. Los insectos
no encuentran alimento y además se impregnan de insecticidas. La malnutrición afecta a sus
defensas y a los sistemas para desintoxicarse. Se hacen más débiles frente a
agresores como el ácaro Varroa . Para evitarlo, los apicultores suelen tratar las colmenas con sustancias
antiparasitarias para mantener lo más baja posible la población de ácaros. Pero
muchas veces es como añadir gasolina al fuego. “Con ello aportan otra sustancia
química a la cual tiene que enfrentarse el sistema de desintoxicación de la
abeja”, que de por sí ya está debilitado. Y los ácaros también contagian los
virus, tanto a las larvas como a los individuos adultos.
Los perjuicios que sufren las colonias
tienen orígenes distintos –ácaros, los virus que portan, la falta de alimento y
las enfermedades importadas de otras abejas, pero cuando se combinan es como si
la comunidad sufriera un ataque multidimensional cuyo efecto se va
multiplicando a medida que las defensas de las abejas disminuyen. Los
obstáculos se superponen. Este es el punto clave. En una situación de
equilibrio, las defensas naturales de las abejas mantienen a raya a los ácaros
y a las enfermedades. Pero ahora hay graves agujeros en esas barreras
defensivas. La presencia de parásitos en las colmenas es cada vez mayor. Hay
una incógnita sobre quién ganará finalmente la batalla, si las abejas o sus
enemigos, y todo dependerá de si las defensas se derrumban o no. Por ahora,
parece que los parásitos llevan ventaja.
Los pesticidas neonicotinoides son
solo una parte del problema. Ya que en los análisis realizados a los granos de
polen se ha observado que “están contaminados por todo tipo de pesticidas y
residuos”. La Unión Europea se dispone a restringir el uso de estos pesticidas
sintéticos, pero eso significaría colocar en los cultivos otros pesticidas
orgánicos igualmente dañinos. Las
abejas nos están mandando un mensaje que recuerda nuestra estupidez. “Sabemos
que estos insectos son indispensables para la subsistencia del género humano,
pero durante décadas nos hemos dedicado a rociar los campos con plaguicidas.
Las abejas nos recuerdan que siempre llegamos tarde”.
¿Qué opciones pueden ofrecer las
investigaciones? Quizá podríamos recurrir a otros polinizadores distintos de
las abejas de la miel. Existen especies de abejas silvestres que ahora no están
domesticadas por el hombre, pero que podrían cultivarse en el futuro para hacer
un magnífico trabajo de fertilización.
A pesar de la gravedad de la
situación, se puede mantener
relativamente una visión optimista sobre estos maravillosos insectos. “Las
abejas llevan existiendo desde los tiempos de los dinosaurios y las
glaciaciones, han sobrevivido a todo eso, así que creo que también van a
sobrevivir a los humanos”. Si los apicultores no pueden finalmente mantener los
números de abejas en sus colmenas para sostener la polinización comercial, el
mundo cambiará. Pero lo haría de forma gradual, con una escasez desigual en la
producción de frutas y verduras dependiendo del lugar y de la presencia o no de
otros insectos polinizadores. Y, sin duda, con el tiempo las frutas y verduras
se convertirían en un manjar al alcance de los más ricos. “Será un proceso
lento y que traerá graves consecuencias
para alimentar un planeta cada vez mas poblado
El País Semanal.
domingo, 25 de agosto de 2013
QUE ESTA MATANDO A LAS ABEJAS
Los científicos descubren lo que está matando a las abejas
En este mes de agosto recibí por mail una noticia terrible hace un par de días. Muchos han oído hablar de que las abejas están desapareciendo, lo cierto es que están muriendo de forma misteriosa y masiva sin que nadie sepa porqué y esto ha provocado innumerables investigaciones en medio de una alarma generalizada.
¿Pero porqué la
desaparición de las abejas preocupa tanto y se lo considera un problema
global? … para nosotros los humanos, es lo único que parece seguir contando.
Aunque la industria de la apicultura no es un asunto despreciable, viene a ser
algo secundario respecto al verdadero problema; las abejas polinizan la tierra,
su labor es indispensable para que millones de plantas puedan dar fruto y eso
las sitúa en la base de la pirámide de la alimentación en la Tierra. Y creo que
aún esto, con su gravedad, podría ser ignorado a la vista de cómo se atiende la
salud del planeta si no fuera porque ya está pasando una importante factura
(económica, se entiende).
Pongamos un ejemplo: EE.UU. lleva
sufriendo de forma especial la desaparición masiva de sus abejas (en los últimos seis años han perdido 10.000 millones de
colmenas) y sus poblaciones de abejas son ahora tan bajas que uno de sus
cultivos estrella, la almendra en California, está requiriendo el 60% de las
colmenas supervivientes de todo el país para su polinización. California provee
el 80% de la exportación mundial de almendras y eso le supone al estado un
valor de $ 4 mil millones, por lo que cualquiera, independientemente de su
inquietud ecológica, entiende que esto es un problema. (Para los que además
tenga alguna inquietud ecológica, mucho habría que hablar de lo que supone un
monocultivo de dimensiones tan brutales…)
Volviendo al colapso de
colmenas, se sospechaba de los pesticidas, de ciertos parásitos o de una mala nutrición, pero en
el primer estudio de su tipo, los científicos de la Universidad de Maryland y
el Departamento de Agricultura de EE.UU. han identificado una mezcla extraña de
pesticidas y fungicidas que contaminan el polen que las abejas recolectan para
alimentar sus colmenas. Cuando los investigadores recogieron este polen y
alimentaron con él a abejas sanas, estas mostraron una disminución
significativa en su capacidad para resistir a la infección de un parásito
específico, el Nosema Ceranae. Este polen estaba contaminado por una media de
nueve pesticidas y fungicidas diferentes, aunque los científicos descubrieron
hasta 21 productos químicos agrícolas en una de las muestras.
Lo que el estudio demostró es que las abejas que comían polen
contaminado con fungicidas tenían tres veces más probabilidades de ser
infectadas por el parásito. Estos fungicidas se utilizan de forma generalizada
en la agricultura porque hasta ahora se pensaba que eran inofensivos para las
abejas, ya que están diseñados para matar a los hongos, no a los insectos, en
los cultivos como las manzanas. Dennis vanEngelsdorp, el autor principal del
estudio, manifestó que cada vez hay más pruebas de que los fungicidas pueden
estar afectando a las abejas por si mismos.
En los últimos años, una clase de
químicos llamados neonicotinoides se ha vinculado a las muertes de abejas y
recientemente se ha prohibido en la Unión Europea, donde la las poblaciones de
colmenas también se han desplomado, la utilización de estos pesticidas durante
dos años. Pero van Engelsdor dice que el nuevo estudio muestra que es la
interacción de múltiples pesticidas lo que está afectando a la salud de las
abejas. “El tema de los pesticidas en sí mismo es mucho más complejo de lo
que hemos llegado a creer”, dice. “Es mucho más complicado que un
solo producto, lo que significa, por supuesto, que la solución no consiste
simplemente en la prohibición de un tipo de producto.”
El estudio mostró además que el polen que las abejas
recogían también de las malas hierbas y flores silvestres cercanas estaba
igualmente contaminado con plaguicidas, aunque esas plantas no eran el objetivo
de la pulverización.
Esto lo contaban apicultores hace años, lo que está
matando a las abejas es el veneno al que las llevamos sometiendo durante
décadas de agricultura “eficiente”: herbicidas, fungicidas y pesticidas. Ahora,
el Departamento de Agricultura de EE.UU. nos lo presenta en un estudio que lo
hace oficial. Y recuerda, el bouquet de productos químicos descubierto por los
científicos en su estudio, ¡Se encuentra en el polen de las plantas de las que
nos alimentamos también nosotros!
sábado, 2 de marzo de 2013
DESPOBLACIÓN Y MORTANDAD INVERNAL
DESPOBLACIÓN Y MORTANDAD INVERNAL
Vamos a tratar aquí el problema de la
despoblación invernal, que ha tomado actualidad e importancia porque en los
últimos dos inviernos se han registrado numerosos casos de colmenares que "se quedan", que "no levantan" y que finalmente llegan a la primavera con una población que parece un núcleo.
O también se han dado muchos casos de alta mortandad, no del 5 o del 10% que
se considera normal o tolerable, sino del 30% o más aún. Hay muchos factores
que influyen, a veces sumándose unos a otros, las enfermedades, la mala
nutrición, el nucleado excesivo o inoportuno, etc., etc. Vamos a ir
analizándolos uno a uno y sugiriendo algunas medidas que se han mostrado
efectivas para evitarlos o remediarlos. Estas medidas deben tomarse sobre todo
en una época muy especial, la "OTOÑADA", Es una época fundamental
para evitar el problema de la despoblación, que es necesario PREVENIRLO, pues
en las épocas de mucho frío poco y nada se puede hacer para evitar la disminución
de la población de las colonias. Durante la otoñada hace calor y hay intensa
actividad todavía, por lo que es nuestra última oportunidad de intervenir para
asegurarnos un arranque exitoso en la siguiente campaña. ¡No creamos que es una
época de merecido descanso, luego de una agotadora cosecha! Al contrario, los
últimos trabajos de la cosecha se mezclan con los primeros trabajos de la
otoñada, y no debemos aflojar hasta quedar totalmente seguros de que” hicimos bien los deberes".
Lo primero que conviene hacer al
comienzo de la otoñada es una INSPECCIÓN DE TODAS LAS CÁMARAS DE CRÍA, sacando
al menos un panal del centro del nido en búsqueda de problemas sanitarios o de problema con la reina, al tiempo que sopesamos las reservas de miel.
Hay que tomar precauciones para
evitar el pillaje. De esta manera podremos diagnosticar a tiempo los problemas
y proceder según corresponda, tal como se indica más adelante. Pero antes de
eso veamos cómo evoluciona una colmena normal en condiciones ideales.
LA POBLACION IDEAL
Aquí sólo se observa la variación
de la CANTIDAD de abejas, pero no así la variación de la CALIDAD, que también
es un dato muy importante. A comienzos de la otoñada la reina disminuye su
postura y entonces se crían abejas un tanto diferentes a las de verano. Son las
llamadas ABEJAS INVERNALES, más robustas, con una reserva de proteínas en el cuerpo
significativamente mayor, lo que las hace más pesadas que las abejas
cosecheras. Son las abejas destinadas a hacer el puente generacional con la siguiente
temporada. Cuando la colmena cuenta con suficiente cantidad de abejas en
condiciones de invernar, la reina detiene su postura aunque las condiciones
sean propicias para seguir aovando. Esto es un síntoma de buena salud. Mientras
que las cosecheras viven alrededor de 6 semanas, las invernales deberán
sobrevivir los meses más crudos y llegar hasta agosto o setiembre, cuando son
reemplazadas por las abejas de primavera. Cuando nacen más abejas nuevas que
las invernales que van muriendo, es cuando se inicia el repunte primaveral de
la colmena.
Como se comprenderá de lo dicho, la otoñada
reviste una importancia de primer orden, ya que en esa época se crían las
abejas especiales de invierno. DE LA CALIDAD Y CANTIDAD DE LAS ABEJAS DE
INVIERNO DEPENDERÁ EL ÉXITO DEL COMIENZO DE LA SIGUIENTE CAMPAÑA.
Veamos entonces qué factores
atentan contra este objetivo, y su forma de contrarrestarlos.
LAS ENFERMEDADES
Hoy por hoy, las enfermedades son la principal
causa de despoblación invernal, y de ellas la varroa se destaca netamente por
su acción solapada, continua y destructiva. En cambio la otra gran enfermedad,
la loque americana, tiene en la despoblación invernal una incidencia menor, aunque
no despreciable.
Para poder diagnosticarlas es
imprescindible efectuar a comienzos de la otoñada.
la INSPECCION DE LAS CAMARAS DE CRIA
que he mencionado más arriba. Varroa No es necesario que entre en detalles
sobre las características de esta enfermedad, la más dañina y la más estudiada
de toda la historia de la apicultura y sobre la cual hay excelente bibliografía
y amplísima experiencia de parte de los colegas apicultores. Veremos solamente
la manera en que afecta a la supervivencia invernal de las abejas y la manera y
la oportunidad de hacer las curas. La varroa es una enfermedad que ataca principalmente
a la cría, a la que muerde o pica con frecuencia en su estado larval,
produciéndole heridas que rompen las defensas naturales del epitelio y permiten
la penetración de enfermedades víricas, como por ej. el "virus de las alas
atrofiadas". La primera consecuencia de esto es una importante disminución
en la longevidad (duración de la vida) de las abejas. Dependiendo del grado de
parasitismo pueden no nacer, o nacer con las alas atrofiadas por lo que viven
sólo horas, porque son expulsadas de la colmena; pero aunque logren nacer
enteras vivirán mucho menos que lo normal, pues vienen ya muy debilitadas. Se
comprende fácilmente que una colmena que durante la otoñada presente un grado importante
de infestación difícilmente sobreviva la invernada. Por lo tanto es
imprescindible efectuar curas contra la varroa desde comienzos de la otoñada, apenas
terminada la cosecha de miel.
Pero cuando la colmena ha tenido
una infestación muy fuerte durante el verano, las curas otoñales a veces no son
suficientes y la colonia se muere igual, aunque no le quede una sola varroa
dentro. Esto es común observarlo en las colmenas más pobladas, que son las que
más han cosechado pero que suelen ser asimismo las que han estado más
infestadas de varroa durante el verano. La razón de esto parece estar en que
las abejas de verano vienen muy debilitadas por el "picoteo" y no son
capaces de criar buenas y robustas abejas de invierno, entonces éstas mueren prematuramente
y la colmena perece o se reduce drásticamente. ¡Es asombroso ver cómo entre mayo
y junio las abejas que han tenido algún problema sanitario en el verano,
"desaparecen" como por arte de magia! O sea que si la varroa se
desarrolla demasiado en el verano estamos perdidos. ¿Cómo evitarlo, si los
remedios usuales son contaminantes, por lo que no deben aplicarse en época de
cosecha? Una alternativa posible es el uso frecuente de vaselina gasificada,
aunque no está aún demostrada la eficacia de este producto, habiendo
apicultores que lo han usado y tuvieron problemas.
Es muy importante tener en claro que la varroa
no es tan temible cuando la población de abejas aumenta muy rápidamente, como
en la primavera, pero sí en cambio se vuelve dañina cuando la población se
estanca y desciende, como sucede en el verano.
LOQUE AMERICANA
Esta enfermedad apareció
diagnosticada por primera hace décadas y se desarrolló con mucha virulencia, pero
últimamente tiene escasa incidencia, sobre todo porque el apicultor hace un
adecuado control. Pero a consecuencia de la varroa suele presentarse en un
cierto número de colmenas y hay que erradicarla apenas la detectemos en la
inspección de las cámaras de cría Cualquiera sea el método de control que utilicemos
siempre habrá que sacrificar toda la cría, por lo cual habrá un fuerte bajón en
la población. Además y al igual que en el caso de la varroa, las abejas de
colmenas con loque vienen con algunos problemas, por lo que no son demasiado duraderas.
Así que si la población es fuerte y estamos a comienzos de la otoñada, la
salvamos, pero si no es fuerte la juntamos con otra sacrificando la reina, ya
que puede ser de una línea enfermiza.
LA ALIMENTACION
¿De qué manera la alimentación, o mejor dicho
la falta de ella o su escasez, influye en la despoblación invernal? Sabemos que
la abeja tiene dos tipos principales de alimentación bien diferenciada: La
alimentación proteica, que le viene por el polen, y la alimentación energética,
que le viene por el néctar conteniendo por azúcares inferiores (monosacáridos y
sacarosa). Veamos por separado ambos casos.
EL POLEN
El polen es el elemento proteico básico para
la cría de las abejas, y lo es especialmente para las abejas invernales, que
requieren más proteínas que las otras. Cuando escasea, la colmena disminuye la
postura y puede llegar incluso a interrumpirla, aún en épocas de calor. Hay
muchos sustitutos del polen disponibles en el mercado, incluyendo al mismo
polen que se suministra en forma de tortas duras mezclado con miel y se aplica
sobre los cabezales de la cámara de cría. Pero es un trabajo caro y fatigoso,
por lo que en la práctica conviene efectuar el traslado o de última, dejar el
colmenar en el lugar esperando que aparezca alguna floración espontánea.
LA MIEL
Las reservas de miel ABUNDANTES son esenciales
para una correcta invernada y un buen despegue en la siguiente campaña. ¿Qué se
entiende por "abundante? Pues que la colonia tenga la mayoría de sus
panales llenos de miel operculada. Lo ideal es que al finalizar la otoñada no haya
espacios vacíos, y se encuentren sólo pequeños arcos de cría rodeados de polen
y miel. Lógicamente que el peso de la colmena variará según la conformación
elegida para invernar, a saber: los clásicos dos cuerpos, la cámara y media o
la cámara sola. Conviene ponerse práctico en sopesar las colmenas tanteándolas
desde atrás o desde un costado, de manera de poder tener una idea aproximada de
las reservas sin necesidad de abrir la colonia. La gran mayoría de los
apicultores invernan solamente en cámara de cría sacando el alza al comienzo de
la otoñada, lo que obliga a las abejas a comprimirse en el espacio disponible.
Si bien aún quedan apicultores que invernan en dos cuerpos, muchos de ellos los
separan con entretapas o con láminas plásticas agujereadas, oficiando el alza
de depósito de alimentos, o sea que en rigor ésta también es una forma de
invernar en cámara de cría.
Si vemos que durante la otoñada no se completa
naturalmente una reserva de miel suficiente, habrá que alimentar con algún
sustituto. En esto hay que estar atentos porque es muy grande la variación de
reservas de una colmena a otra, ya que en el verano algunas bajan miel a la
cámara y otras no bajan casi nada. Cuanto más temprano alimentemos será mejor;
lo ideal es hacerlo en marzo, dependiendo de la zona o seguir la regla de los
cuarenta días empezar a alimentar para tener la colmena lista cuando empiece la
primera floración, pues cuanto mayor sea la temperatura ambiente menos
dificultad tendrán las abejas en almacenar el alimento y habrá menos pérdida en
el proceso.
Los mejores sustitutos de la miel
son los jarabes de alta fructosa (levudex 55, levudex 42, glucovil) que al
igual que aquélla están formados fundamentalmente por azúcares simples, fructosa
y dextrosa. En segundo término está la sacarosa (azúcar común) que es un
disacárido que es menos asimilado que
los anteriores, aunque requiere de un proceso que deben realizar las abejas en
su aparato digestivo. Por el contrario deberían descartarse los sustitutos que
tienen altos porcentajes de azúcares superiores (dextrinas) como el caramelo
(25%) o el sucrodex (29%), ya que las dextrinas se asimilan sólo parcialmente y
una parte pasa de largo por el tracto digestivo y aumenta la carga fecal. Esto
puede producir trastornos (diarrea) y en la faz económica, el peso muerto desaprovechado
que tienen estos productos y la actividad extra que exigen a las abejas hacen que
pierdan la ventaja de sus menores precios de venta.
Los alimentadores más
aconsejables son los internos, como las bolsitas o cajas plásticas que contienen
dos panales, o el clásico Doolitle, o las botellas plásticas con un agujero Su
capacidad total debe ser de 4 litros o superior, lo que nos permite poner por
vez alrededor de 6 Kg. de alimento.
REINAS DECADENTES
Al hacer la primera revisión otoñal se debe
prestar atención a los síntomas que delatan la calidad de la reina de la
colmena. Si no hay enfermedades y la postura es despareja y escasa, con huevos
en diferentes direcciones y a veces varios de ellos en una misma celda,
convendrá cambiar la reina. También ayuda a decidir si vemos a la reina tambaleante,
muy oscura, con las alas comidas o limpiándose permanentemente las antenas. Por
supuesto que con más razón si vemos celdas de reemplazo comenzadas, aunque si
ya la reina nueva ha nacido podemos darle la oportunidad de que se fecunde,
pues estaremos a fines de febrero o comienzos de marzo.
No hay que olvidar que lo más común en un caso
de reemplazo de reina decadente es que mientras dura el proceso de fecundación
de la reina nueva, convivan madre e hija en la colmena. Incluso esto puede
prolongarse dándose el caso de que ambas pongan simultáneamente por algunos
días o semanas, luego de lo cual la vieja desaparece. Pero atención, a veces
sucede lo contrario y desaparece la joven, así que habrá que marcar las
colmenas que estén en proceso de recambio y revisarlas nuevamente tres o cuatro
semanas después. Si el recambio falla y nos encontramos ya a fines de la
otoñada, quizá sea conveniente matar a la reina vieja (si aún está) y agregar
las abejas a alguna colmena débil De esta sencilla manera pueden evitarse en
gran medida las colmenas zanganeras que habitualmente aparecen a finales de la
invernada, aprovechando al 100% esa población en colmenas que nos brindarán
abundante cría primero, y abundante cosecha después.
NUCLEADO OTOÑAL
Visto desde el punto de vista de la
despoblación invernal, el nucleado de otoño deberá hacerse tratando de no
debilitar demasiado a las colmenas proveedoras de material vivo. La clásica "división",
o sea hacer de una colmena dos núcleos, puede ser muy arriesgado si luego
escasean los recursos de floración. Es más seguro sacar a cada colmena sólo una
parte reducida de su población, por ejemplo una quinta parte, lo que no la
afectará demasiado. Pero debemos tener en cuenta que la reina de estas colmenas
buscará recuperar la población pérdida, lo cual representará un consumo extra
de reservas que hay que suministrar si es que no entra naturalmente. En lo que
hace a los núcleos hay que tratar de hacerlos fuertes, ya que cuanto más
fuertes sean más probabilidades tienen de sobrevivir. También es importante la
calidad de las abejas, por lo que no nuclearemos ninguna colmena que haya
tenido recientemente varroa o loque, aún en el caso de que se muestre
recuperada. Otro punto a tener en cuenta es la relación cría/abejas al momento
de armar los núcleos. El núcleo es una familia desorganizada, por lo que
atiende a la cría naciente bastante mal. Recordemos que la cría naciente
necesita mucho polen, así que si el núcleo no tiene suficientes pecoreadoras, o
no hay suficiente floración, las abejas nuevas se criarán mal y serán muy poco durables,
comprometiendo la población de la familia. Tengamos en cuenta que en primavera
todo "va para arriba", pero en otoño es a la inversa. Por lo tanto
hay que tratar de poner MAS ABEJAS QUE CRIA, siendo lo ideal
"paquetear", o sea hacer núcleos sólo con abejas, aunque esto exige
el uso de un embudo desabejador, una reina fecundada y algo de práctica.
viernes, 21 de diciembre de 2012
DISENTERÍAS
DISENTERÍAS
Suelen ser frecuentes en las abejas por ingestión de alimentos en mal estado. Provoca una serie de procesos patológicos intestinales que da lugar a la defecación excesiva o diarrea. Los causantes más habituales son:
Suelen ser frecuentes en las abejas por ingestión de alimentos en mal estado. Provoca una serie de procesos patológicos intestinales que da lugar a la defecación excesiva o diarrea. Los causantes más habituales son:
- Humedad excesiva en el alimento artificial.
- Miel
calentada más de lo habitual durante el proceso produciendo sustancias
nocivas para la abeja.
- Azúcares semirrefinados que
contiene sustancias como el almidón y es asimilado por la abeja.
- Hidrolizados de sacaros a y
almidón, subproductos de procesos de obtención de derivados de azúcar a
partir de materia prima vegetal.
- Otros azúcares como manosa, raftosa, lactosa etc., que alteran el equilibrio intestinal de la abeja.
martes, 27 de noviembre de 2012
SEPTICEMIA
SEPTICEMIA
La
Septicemia o Seudomoniasis, es una enfermedad infecciosa de las abejas adultas,
causada por la bacteria Pseudomonas apiseptica Burnside. La gravedad de
la enfermedad no ha sido bien establecida, aunque bajo ciertas condiciones
puede matar rápidamente a las abejas infectadas.
ETIOLOGÍA.
Pseudomonas apiseptica Burnside, es una bacteria gram negativa muy
parecida al Pseudomonas aureoginosa, que está ampliamente distribuida en
el medio ambiente.
EPIZOOTIOLOGÍA.
La enfermedad sólo se ha reportado en Francia,
Suiza, Canadá y EE.UU., pero probablemente su distribución es mundial. Afecta
exclusivamente a las abejas melíferas adultas. La humedad y el excesivo manejo
son factores que favorecen la presencia y desarrollo de la enfermedad. La forma
en que las abejas se infectan no está muy clara, pero parece ser que la infección
se inicia en las heridas ocasionadas por el Acarapis woodi, en las tráqueas. El
ácaro bien puede ser un vector de la bacteria. Se ha demostrado la presencia de
la bacteria en el polen y en el suelo donde están ubicadas las colmenas
enfermas.
PATOGENIA. De las
tráqueas, la bacteria pasa a la hemolinfa donde se reproduce causando una
"septicemia"
y la muerte del insecto. Los ácaros jóvenes que chupan la hemolinfa de abejas
enfermas, pueden llevar la bacteria a otras abejas sanas. Una vez infectada,
las abejas mueren en 1 a 2 días.
CUADRO CLÍNICO.
Las abejas moribundas se muestran descansando casi sin moverse en los panales o
en la piquera, no se alimentan y son incapaces de volar. Las abejas muertas, se
deshacen fácilmente en las manos cuando se levantan (se desprenden los
segmentos y apéndices como la cabeza, abdomen, patas y alas). El color de su
hemolinfa se observa lechoso y turbio y en ocasiones las abejas afectadas
despiden un olor a podrido.
DIAGNÓSTICO. Puede
establecerse con base en el cuadro clínico, pero también puede efectuarse en el
laboratorio.
TRATAMIENTO. La estreptomicina se ha usado con
cierto éxito aunque se han presentado casos de resistencia bacteriana al
antibiótico. Otra posibilidad puede ser el uso de ácido cítrico en el jarabe.
ASPERGILOSIS
ASPERGILOSIS
Enfermedad, también llamada “pollo pétreo”, producida por
distintas especies de hongos que afecta tanto a la cría como a las abejas
adultas y con muy baja incidencia en nuestro país.
ETIOLOGÍA
Se produce, esta micosis por hongos del género Aspergillus,
siendo las especies más comunes Aspergillus flavus y Aspergillus fumigatus Estos
hongos se encuentran muy difundidos en la naturaleza, teniendo un papel muy
importante en los procesos de fermentación. Su presencia es normal en nuestros colmenares
sin provocar problema alguno, si bien en presencia de otras patologías o por
otras circunstancias que provoquen la bajada de defensas de la cría o de las abejas
adultas, producen infestaciones, generalmente poco importantes. Producen
aspergilosis en el hombre (irritación de mucosas y conjuntivas).
| Aspergillus fumigatus |
PATOGENIA
La aspergilosis provoca la infestación, en la cría y en
las abejas adultas, por ingestión de esporas del agente productor de la
enfermedad, que contaminan los alimentos. Las esporas germinan en el aparato
digestivo, tanto en larvas como en abejas adultas, a nivel del ventrículo,
invadiendo, el micelio del hongo, las diferentes estructuras corporales.
Posteriormente, y una vez se ha producido la muerte de la larva, las hifas del
hongo salen al exterior rompiendo las membranas intersegmentarias y produciendo
los cuerpos
fructíferos que son los encargados de la producción de las
esporas. El micelio puede proliferar tanto, que llene por completo las celdas afectadas.
Las momias (larvas muertas), por su parte, adquieren una consistencia dura y
quebradiza, resultando muy difícil extraerlas de las celdillas, de ahí que las abejas
limpiadoras se vean forzadas a roer las celdillas o recubrir los cadáveres con
propóleos cuando su extracción no es posible Las abejas adultas, mueren, fundamentalmente,
por las toxinas producidas por el hongo en su desarrollo.
EPIZOOTIOLOGÍA
La transmisión de la enfermedad se realiza,
principalmente, mediante el consumo de alimentos contaminados y por las abejas
limpiadoras que al intentar extraer las larvas muertas (momias) se contagian. Las
nodrizas que portan esporas de A. flavus o A. fumigatus infestan a las larvas
que alimentan. Fuentes adicionales que pueden provocar la enfermedad son el
polen y la miel, productos, almacenados y contaminados y cera estampada insuficientemente
tratada, que tiene su origen en panales que portan la enfermedad. La
transmisión entre colmenas se produce por el pillaje, los errores de vuelo
(deriva) y por la acción del propio apicultor que por un manejo inadecuado.
| aspergillius flavus |
SINTOMATOLOGIA
La cría presenta un aspecto irregular y en mosaico, lo que
indica claramente la existencia de un problema patológico en la cría. En las
abejas adultas y en los estadios intermedios de la enfermedad se presenta una
marcada incoordinación e incapacidad para el vuelo. Posteriormente, sobre las
abejas muertas, puede apreciarse el abundante crecimiento del micelio y la
formación de los cuerpos fructíferos del hongo. En el colmenar no se nota la
presencia de momias extraídas por las abejas debido a la dificultad de su
extracción.
DIAGNÓSTICO
Clínico.- Los síntomas que presenta la enfermedad son
claros, sobre todo en las abejas adultas y la presencia de momias, en los cuadros
de las colmenas afectadas, nos demuestra la presencia de “cría pétrea”.
Laboratorial.- El diagnóstico se hace sobre la
comprobación del agente causal en el microscopio. Los hongos, A flavus y A,
fumigutus, crecen bien en medios de cultivo convencionales para micología.
Diferencial.- No confundir A. flavus y A. fumigatus, con
otros tipos de hongo, A. apis, agente etiológico de la Ascosferosis, también
llamada “pollo escayolado” que presenta una incidencia mucho mayor. El hongo Bettsia
alvei, afecta fundamentalmente al polen almacenado, (moho del polen).
TRATAMIENTO
En la actualidad no existen tratamientos realmente
eficaces contra las micosis de las abejas, pues si bien se han ensayado
multitud de agentes antifúngicos, todos han dado resultados aleatorios. Si la
infección está muy extendida se recomienda la eliminación por fuego del
material biológico, cuadros de la cámara de cría, y posterior flameado del
resto de las estructuras de la colmena
PROFILAXIS
Bajo estas circunstancias las medidas preventivas son las
más eficaces. Todo este material se deberá manejar con sumo cuidado (mascarilla
protectora) para evitar la inhalación de las esporas, que podrían producir al
manipulador problemas serios en el tracto respiratorio.
Jesús Llorente Martínez
Dr. Veterinario
lunes, 26 de noviembre de 2012
AMEBIASIS
DEFINICIÓN.
La amebiasis es una enfermedad parasitaria de las abejas
adultas, frecuentemente asociada a la nosemiasis (Nosema apis), causada por Malpighamoeba
mellificae, que se localiza en sus órganos excretores (tubos de Malpighi).
En infecciones mixtas destruye el precario equilibrio que pueda existir entre
el hospedador y N. apis.
DISTRIBUCIÓN GEOGRÁFICA E IMPORTANCIA ECONÓMICA.
La enfermedad se halla extendida por todo el mundo. Cuando
se presenta de forma independiente no tiene demasiada importancia y sí cuando
está asociada a nosemiasis, agravando el proceso parasitario.
ETIOLOGIA
El agente causal, Malpighamoeba mellificae fue descrito
por Maasen en1916 y clasificado como por Prell en 1927. Protozoario de la clase
Rizópodos, orden Sarcodina, se desarrolla en primer lugar en fase vegetativa,
para finalmente enquistarse, que es la forma de eliminación, de resistencia y
de infestación del parásito. Los quistes tienen forma redondeada, de seis a siete
μm de diámetro y están rodeados de una membrana. Son resistentes a las
condiciones del medio, superando incluso la desecación.
HOSPEDADORES: FACTORES DE LA RECEPTIVIDAD.
No se han encontrado factores que influyan en la
receptividad a la amebiasis por parte de las abejas, a excepción de que la
reina no está afectada por esta parasitosis. El incremento de la parasitación
en un determinado tipo de abejas (viejas) está más en relación con el grado de intensidad
del metabolismo en los hospedadores (relacionado con el incremento de
actividad) que con la edad de las abejas.
| Malpighamoeba mellificae y nosema cerane |
RELACIONES PARÁSITO/HOSPEDADOR/AMBIENTE.
EPIDEMIOLOGÍA.
Las abejas limpiadoras ingieren los quistes cuando
proceden a limpiar de materias fecales los cuadros, panales o paredes de la
colmena. Estas formas de resistencia rompen su cubierta cuando llegan al último
tercio del intestino y la fase vegetativa penetra en el interior de los tubos
excretores, donde se reproduce por división directa presentando tamaño y formas
muy variables y un flagelo en su parte anterior. Destruidas las células epiteliales
y bajo diversas circunstancias, se forman los quistes, que llegan al intestino,
ampolla rectal, y con las heces, al exterior. El recrudecimiento de la
enfermedad se produce a la salida del invierno y va en aumento hasta principios
de verano, para disminuir después de forma importante. Este ciclo se debe a
factores fisiológicos, como el metabolismo, que es reducido durante los meses
invernales y mucho más intenso a principios de primavera, cuando la actividad
de las células epiteliales aumenta, su renovación se hace a ritmo más rápido
así como la absorción y la multiplicación de las amebas y la consecuencia una extensión
de las lesiones causadas por los parásitos. En primavera, con temperaturas
entre 20º y 30º C, suelen darse elevadas infestaciones de M. mellificae, que en
un tiempo de 21 días puede producir tiempo30 millones de esporos; por lo tanto,
la primera se difunde con menos rapidez que la segunda, fundamentalmente en
tiempo caluroso, cuya propagación prácticamente
desaparece por la corta vida de la abeja, en
contraposición al largo ciclo biológico del parásito. La transmisión natural de
la enfermedad en la colmena se realiza, principal mente, por las heces
contaminadas con quistes de M. mellificae que las abejas enfermas depositan en
los cuadros y en el interior de la colmena y que son limpiadas rápidamente por
abejas, debido fundamentalmente a su riqueza en azúcares. De una colonia a
otra, la enfermedad se propaga por los errores de la orientación de las abejas
y por el pillaje. En la distancia, por transacciones comerciales y por
trashumancia no controlada.
| Fotomicrografías de Malpighamoeba mellificae en Apis mellifera 2, túbulo de Malpighi seccionado liberando formas quísticas (Escala = 50 μm); 3, detalle de un túbulo de Malpighi infectado (Escala = 20 μm); 4, quiste maduro [Q], quistes inmaduros [q] y trofozoíto [T] (Escala = 10μm); 5, infección mixta con Nosema sp. (Escala = 10 μm). |
PATOGENIA.
Estos parásitos presentan formas móviles reptantes
(vegetativas) y formas quísticas. Las primeras también llamadas amebianas,
emiten prolongaciones plasmáticas, que facilitan el movimiento y la nutrición
de la ameba en las paredes epiteliales de los tubos excretores. Las formas
vegetativas derivan a quistes, que se consideran como formas de multiplicación
y de resistencia, que se forman cuando las formas vegetativas son expuestas a
condiciones disgenésicas. La acumulación de quistes, hace difícil la
eliminación del líquido de provocan la disminución de la capacidad funcional
excretora del epitelio. Las amebas también excretan toxinas.
CLÍNICA: SINTOMAS
Los síntomas son parecidos a los de la nosemiasis. Los
casos típicos de amebiasis se ponen de manifiesto por unas abundantes diarreas,
color amarillo claro, de consistencia acuosa o pastosa, que manchan tanto los cuadros
como la piquera y la plancha de vuelo. Las abejas aparecen con signos
diarreicos a la menor excitación que sufren, como pueden ser la apertura de la
colmena, presentando un abdomen globoso y distendido, en contraste con el
abdomen abultado y más corto que presentan cuando la enfermedad es la nosemiasis.
El agotamiento de las colonias es rápido y las abejas mueren en el exterior
de la colmena.
LESIONES
Las formas vegetativas provocan lesiones consistentes en
la destrucción de las células que tapizan los tubos de Malpighi. Las toxinas provocan
la alteración de todo el metabolismo de la abeja. El intestino de las abejas
con amebiasis sufre modificaciones en su textura y color. El recto está
distendido y lleno de líquido acuoso.
DIAGNÓSTICO
Clínico.- El diagnóstico clínico de la amebiasis es
prácticamente imposible, pues los síntomas son muy parecidos a los de la
nosemiasis.
Laboratorial.- Un diagnóstico laboratorial nos muestra
unos tubos de Malpighi ligeramente
abultados, con aspecto vítreo, color blanco lechoso y con zonas necróticas
cuando la infección es grave. En observación microscópica se observan quistes
en los tubos excretores, utilizando una tinción de contraste. También se pueden
utilizar para tal fin los excrementos en dilución con agua destilada.
Diferencial.- El diagnóstico diferencial se realiza con
los esporos de N.apis, que son ovales; tienen una longitud apenas igual que el
diámetro de los quistes de M. mellificae y unos límites menos espesos. Por otro
lado las levaduras, en general, se colorean en su totalidad y las gotas de
grasa, de tamaño variable, forma irregular y límites poco netos.
TRATAMIENTO
Los medios de lucha contra la amebiasis son esencialmente
profilácticos. La fumagilina, tan eficaz contra la nosemiasis, es ineficaz
contra la amebiasis, no conociéndose ningún tratamiento farmacológico eficaz
contra la enfermedad. La infección puede ser controlada, transfiriendo las
colonias, a principio de verano, a panales y colmenas no contaminadas.
PROFILAXIS.
Para esta enfermedad se consideran más importantes las
medidas profilácticas que las terapéuticas, haciendo énfasis en la desinfección
de todo el material.
Jesús Llorente Martínez
Dr. veterinario
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