viernes, 22 de febrero de 2013
LA CRÍA DE REINAS
la cría de reinas
En los
últimos años, la producción de reinas en escala comercial esta pasando por un
periodo de crisis. Prueba de ello es que apenas alcanza a satisfacer una
proporción no mayor del 50% de la demanda por parte de los productores de miel
y núcleos.
Criadores nuevos no aparecen, y no
pocos de los ya establecidos hace años, abandonan la especialidad para
dedicarse a la producción de miel o jalea real, productos ambos de la colmena
que en este momento tienen gran demanda a precios muy tentadores.
No tiene nada de extraño que el apicultor se incline por los rubros que le dejen más margen de utilidad con menos esfuerzo. No obstante, uno de los motivos que conspira para que no haya mas apicultores dedicados a la cría de reinas como ocupación exclusiva, en muchos casos, es la falta de un método de trabajo practico y sencillo, con el cual una sola persona pueda producir de cinco a seis mil reinas por temporada, cantidad que económicamente compensa con creces el esfuerzo exigido.

El equipo de crianza. El equipo necesario para la producción citada, y que será atendido por una sola persona es el siguiente:
Tres o cuatro colonias con reinas seleccionadas. Nos proporcionaran las larvas que una vez desarrolladas serán las futuras reinas.
Veinticinco colonias fuertes que incubaran las celdas reales.
Seiscientos núcleos dobles de fecundación
Aparte de este equipo, necesitamos disponer de las colmenas en producción que nos proporcionaran el material vivo para poblar los núcleos: mil doscientos cuadros de cría y abejas, mas mil doscientos (1.200) cuadros de miel operculada para su alimentación
Debemos tener en cuenta que a la cría y a las abejas las necesitamos a comienzo de primavera cuando las colonias están aun en desarrollo. También que las mismas han de quedar en condiciones de producir miel para pagar los gastos de su propia atención, amortización de intereses del capital invertido en sus colmenas y dejar alguna ganancia. En tal sentido para cubrir las necesidades de crías, abejas y miel, hay que disponer de unas quinientas colmenas pobladas, distribuidas en lugares aptos para su desarrollo y producción.
No creemos en la posibilidad de prescindir de estas colmenas, comprando abejas y miel para poblar el equipo de fecundación. Esto supondría mayores insumos, al tiempo que se complicarían las cosas por tener que depender de lo que hacen otra u otras personas.
Aunque no imprescindible, podemos poner como formando parte del criadero, una casilla cuyas dimensiones de 650 x 270 m., medidas interiores, nos permite instalar 28 colmenas, veinticinco de las cuales utilizaremos como incubadoras. Esta instalación nos facilita considerablemente el trabajo de transferencia de larvas, alimentación, revisaron de las criadoras, etc. Evitándonos las molestias del pillaje en ciertos momentos, así como la pérdida de crías por tiempo lluvioso o frío extemporáneos. La crianza comercial de reinas, con compromisos de entrega en una fecha determinada, es una labor sincronizada en todos sus pasos, de ahí la importancia de esta casilla que además de facilitarnos las operaciones, nos permite salvar algunos inconvenientes relacionados con el clima.
Tal el equipo necesario para que un apicultor pueda criar unas seis mil reinas por temporada. Agreguemos que ese apicultor no es necesario que este dotado de condiciones técnicas extraordinarias. Basta que sea un trabajador, constante, responsable y que sienta verdadera satisfacción por lo que hace.
Las madres: Llamamos madres a las reinas seleccionadas de las cuales utilizaremos sus larvas para efectuar las transferencias. Tres o cuatro son más que suficientes. Deben ser reinas probadas, es decir, deben haber pasado por lo menos un año al frente de una colonia, a fin de conocer su comportamiento. Una vez elegidas, las colonias con las madres deben estar instaladas en cámaras de crías reducidas a cinco cuadros solamente. Mas adelante diremos porque.

Las incubadoras: Estas son las colonias encargadas de construir las celdas reales a partir de la transferencia de larvas. Exactamente para nuestro plan de trabajo se precisan veinte colonias, pero utilizaremos veinticinco para prevenir posibles imprevistos. Deben ser colonias fuertes, con abundante cría y abejas de todas las edades que cubran dos cuerpos de colmena Langstroth. No ha de faltarles miel y polen en ningún momento, aparte de la alimentación estimulante con jarabe, siempre necesaria, salvo los días de abundante entrada de néctar. Poco antes de iniciarse la primavera se instalan en la casilla que hemos mencionado.
El equipo y parque de fecundación: Este equipo se compone de seiscientos nucleos de cuarto cuadros con una tabla divisoria al medio, formando así dos ambientes de dos cuadros cada uno, con salida para las abejas en sentido contrario. Van colocados en bancos para dos nucleos, dispuestos en hileras, pero no paralelas sino en distintos ángulos. Un parque con árboles y arbustos es ideal para su instalación.
El descripto, es el equipo necesario que, como ya dijimos, permite a un apicultor activo producir alrededor de seis mil reina en una temporada, todos los pasos del plan de trabajo se repiten cada seis días, lo que nos da cinco tandas de reinas por mes. El promedio de producción de cada tanda es de unas trescientas reinas, lo que nos da mil quinientas mensuales o sea seis mil en los cuatros meses que dura la temporada
El trabajo: Seguiremos nuestro plan de trabajo, comenzando con la transferencia de la larva y terminando con la reina enjaulada. El sistema de crianza empleado es el del celebre apicultor estadounidense DOOLITTLE, insuperado para la crianza comercial de reinas de la mejor calidad. Las celdas artificiales las construimos con el método clásico del bastoncillo sumergido en cera liquida. Las pegamos con la misma cera a un taquito, que en nuestro caso es un trozo de caña de bambú. Este taquito es simplemente para facilitar la manipulación de las celdas reales. Una vez nacidas las reinas, se recortan las celdas con una cuchilla caliente y se vuelven a usar. Por unas cuantas veces son mejor aceptadas por las abejas que las celdas artificiales, hasta que comienzan a ponerse negras y gruesas, momento en que son rechazadas.
No tiene nada de extraño que el apicultor se incline por los rubros que le dejen más margen de utilidad con menos esfuerzo. No obstante, uno de los motivos que conspira para que no haya mas apicultores dedicados a la cría de reinas como ocupación exclusiva, en muchos casos, es la falta de un método de trabajo practico y sencillo, con el cual una sola persona pueda producir de cinco a seis mil reinas por temporada, cantidad que económicamente compensa con creces el esfuerzo exigido.
El equipo de crianza. El equipo necesario para la producción citada, y que será atendido por una sola persona es el siguiente:
Tres o cuatro colonias con reinas seleccionadas. Nos proporcionaran las larvas que una vez desarrolladas serán las futuras reinas.
Veinticinco colonias fuertes que incubaran las celdas reales.
Seiscientos núcleos dobles de fecundación
Aparte de este equipo, necesitamos disponer de las colmenas en producción que nos proporcionaran el material vivo para poblar los núcleos: mil doscientos cuadros de cría y abejas, mas mil doscientos (1.200) cuadros de miel operculada para su alimentación
Debemos tener en cuenta que a la cría y a las abejas las necesitamos a comienzo de primavera cuando las colonias están aun en desarrollo. También que las mismas han de quedar en condiciones de producir miel para pagar los gastos de su propia atención, amortización de intereses del capital invertido en sus colmenas y dejar alguna ganancia. En tal sentido para cubrir las necesidades de crías, abejas y miel, hay que disponer de unas quinientas colmenas pobladas, distribuidas en lugares aptos para su desarrollo y producción.
No creemos en la posibilidad de prescindir de estas colmenas, comprando abejas y miel para poblar el equipo de fecundación. Esto supondría mayores insumos, al tiempo que se complicarían las cosas por tener que depender de lo que hacen otra u otras personas.
Aunque no imprescindible, podemos poner como formando parte del criadero, una casilla cuyas dimensiones de 650 x 270 m., medidas interiores, nos permite instalar 28 colmenas, veinticinco de las cuales utilizaremos como incubadoras. Esta instalación nos facilita considerablemente el trabajo de transferencia de larvas, alimentación, revisaron de las criadoras, etc. Evitándonos las molestias del pillaje en ciertos momentos, así como la pérdida de crías por tiempo lluvioso o frío extemporáneos. La crianza comercial de reinas, con compromisos de entrega en una fecha determinada, es una labor sincronizada en todos sus pasos, de ahí la importancia de esta casilla que además de facilitarnos las operaciones, nos permite salvar algunos inconvenientes relacionados con el clima.
Tal el equipo necesario para que un apicultor pueda criar unas seis mil reinas por temporada. Agreguemos que ese apicultor no es necesario que este dotado de condiciones técnicas extraordinarias. Basta que sea un trabajador, constante, responsable y que sienta verdadera satisfacción por lo que hace.
Las madres: Llamamos madres a las reinas seleccionadas de las cuales utilizaremos sus larvas para efectuar las transferencias. Tres o cuatro son más que suficientes. Deben ser reinas probadas, es decir, deben haber pasado por lo menos un año al frente de una colonia, a fin de conocer su comportamiento. Una vez elegidas, las colonias con las madres deben estar instaladas en cámaras de crías reducidas a cinco cuadros solamente. Mas adelante diremos porque.
Las incubadoras: Estas son las colonias encargadas de construir las celdas reales a partir de la transferencia de larvas. Exactamente para nuestro plan de trabajo se precisan veinte colonias, pero utilizaremos veinticinco para prevenir posibles imprevistos. Deben ser colonias fuertes, con abundante cría y abejas de todas las edades que cubran dos cuerpos de colmena Langstroth. No ha de faltarles miel y polen en ningún momento, aparte de la alimentación estimulante con jarabe, siempre necesaria, salvo los días de abundante entrada de néctar. Poco antes de iniciarse la primavera se instalan en la casilla que hemos mencionado.
El equipo y parque de fecundación: Este equipo se compone de seiscientos nucleos de cuarto cuadros con una tabla divisoria al medio, formando así dos ambientes de dos cuadros cada uno, con salida para las abejas en sentido contrario. Van colocados en bancos para dos nucleos, dispuestos en hileras, pero no paralelas sino en distintos ángulos. Un parque con árboles y arbustos es ideal para su instalación.
El descripto, es el equipo necesario que, como ya dijimos, permite a un apicultor activo producir alrededor de seis mil reina en una temporada, todos los pasos del plan de trabajo se repiten cada seis días, lo que nos da cinco tandas de reinas por mes. El promedio de producción de cada tanda es de unas trescientas reinas, lo que nos da mil quinientas mensuales o sea seis mil en los cuatros meses que dura la temporada
El trabajo: Seguiremos nuestro plan de trabajo, comenzando con la transferencia de la larva y terminando con la reina enjaulada. El sistema de crianza empleado es el del celebre apicultor estadounidense DOOLITTLE, insuperado para la crianza comercial de reinas de la mejor calidad. Las celdas artificiales las construimos con el método clásico del bastoncillo sumergido en cera liquida. Las pegamos con la misma cera a un taquito, que en nuestro caso es un trozo de caña de bambú. Este taquito es simplemente para facilitar la manipulación de las celdas reales. Una vez nacidas las reinas, se recortan las celdas con una cuchilla caliente y se vuelven a usar. Por unas cuantas veces son mejor aceptadas por las abejas que las celdas artificiales, hasta que comienzan a ponerse negras y gruesas, momento en que son rechazadas.
Supongamos que la primer transferencia o traspaso de larvas, lo hacemos un día determinado. Diez días, las colonias incubadoras ya estarán bien preparadas: muchas abejas, cría de todas las edades en los dos cuerpos, miel y polen en abundancia. Faltando cuatro días para la transferencia de las larvas, se coloca la rejilla excluidora separando la cámara del alza, la reina queda en el cuerpo de abajo, en el alza habrá por lo menos cuatro cuadros de cría. Si no los hay, se suben de abajo, o en su defecto se traen de otras colmenas.
Desde este momento la alimentación estimulante –medio litro de jarabe, agua y miel o agua y azúcar también agua azúcar y fructosa por mitades- debe suministrarse todos los días, excepto cuando hay abundante entrada de néctar. Esta alimentación no debe darse en el momento de transferencia de larvas, sino dos o tres horas antes. No descuidaremos tampoco el uso de antibióticos contra enfermedades de la cría.
Hemos dicho que las reinas madres deben estar en colmenas reducidas a cinco cuadros solamente, ocupados en su totalidad por crías, miel y polen. El motivo es que al darles el cuadro vacío que nos proporcionara las larvas, este sea ocupado inmediatamente por la postura de la reina. Así entonces, cuatro días antes del traspaso, ponemos en el centro de cada colonia madre un cuadro vacío que NO será blanco ni demasiado negro. Tendremos la seguridad que cuatro días después lo hallaremos cubierto de larvas menores de veinticuatro horas de nacidas, edad en que nuestra opinión es la mas adecuada para obtener reinas de muy buena calidad.
Un solo cuadro nos da larvas de sobra para la trasferencia del día, pero normalmente tomamos larvas de dos cuadros por vez. Como es necesario estar a cubierto de posibles sorpresas, tenemos tres o cuatro madres preparadas, en cuyas colmenas cada seis días cambiamos el cuadro del centro por otro vacío. Es increíble el tiempo que se gana el día de transferencia a costa de los pocos minutos ocupados en colocar un cuadro en las colonias madres. Sin esta precaución, en muchas ocasiones ni siquiera encontraremos larvas en edad óptima, con lo cual se nos desbarata el plan de trabajo.
Conforme al esquema trazado el 1° de octubre ya tenemos todo listo para proceder al traspaso de larvas, que hacemos por el referido sistema DOOLITTLE, previo cebado de las celdas con una gótica de jalea real. En el centro del alza, entre los cuadros de cría de cada colonia incubadora colocamos el cuadro porta barras con la primera de ellas, que lleva pegados veintiséis taquitos con sus celdas ya transferidas. Digamos que la barra es un listón de madera de unos tres centímetros de ancho, que nos permite colocar dos hileras de celdas en forma alternada. Obtenemos así más aceptación de celdas que poniendo dos barras simples en el mismo cuadro.
Con exactitud matemática, nunca sabemos lo que ha de ocurrir cuando hacemos un trabajo en la colmena. Esta resulta muchas veces una verdadera "caja de sorpresa" desagradable casi siempre. Las abejas a menudo están con excelente disposición para jugarnos bromas pesadas, como demostrándonos que dudan de nuestra inteligencia. De ahí que la previsión sea un arma inapreciable en manos del apicultor. Debemos prever los imprevistos, así en vez de dos, tenemos cuatro madres preparadas, en lugar de veinte, usamos veinticinco incubadoras, etc.
Al día siguiente de la transferencia de larvas se hace una revisada para constatar el resultado obtenido. Normalmente si las cosas se hicieron bien, en esta primera revisada habrá más de cuatrocientas celdas que vamos a necesitar al poblar la primera tanda de nucleos. Si así no fuera, ya hemos tenido un ligero traspié. En ese caso, inmediatamente hacemos otro traspaso para completar el número de celdas necesario.
Aquí cabe hacer una advertencia que es la siguiente: en algunas oportunidades, temprano en la primavera especialmente, a pesar de nuestros esfuerzos, las abejas se muestran reacias a aceptar una buena cantidad de celdas reales. En estos casos, un buen recuso para salvar la situación, es el siguiente: un día antes de la trasferencia, en horas de la tarde, se separa la cámara del alza por medio de una entretapa de tejido, quedando de este modo las abejas del alza huérfanas. A la misma mañana se realiza el traspaso, dos o tres horas mas tarde se retira el tejido, con lo cual se normaliza la colonia que seguirá cuidando las celdas que ya han sido aceptadas.
Bien, supongamos que todo ha resultado bien. El 2/10 hemos realizado la primera revisada de las celdas reales. La segunda revisada toca hacerla el 4/10, esta vez con el objeto de retirar aquellas que no son de óptima apariencia en cuanto a la cantidad de alimento, tamaño de la larva, etc. Las elegiremos parejas, bien alimentadas y de buen aspecto. Como conocemos la edad de las larvas que hemos transferido, no tenemos porque elegir las de menor tamaño al cumplir el tercer día. Por el contrario, esas larvas que al tercer día están mas chicas que las demás –no sabemos el motivo- alguna vez dan buenas reinas, pero generalmente, no. Si son demasiado chicas es seguro que, o no nacerá la reina o esta será de inferior calidad
Junto con las celdas de descarte, sacaremos todas las que excedan el numero de cuatrocientas veinte, estas son distribuidas en veinte colonias incubadoras a razón de veinte celdas mas de las que vamos a necesitar. Son para salvar inconvenientes como podría ser e paso de una reina a través de la rejilla excluidora. Las celdas de descartes, así como las sobrantes son aprovechadas para extraerles la jalea real
El 7/10 hacemos la segunda transferencia, repitiendo al pie de la letra lo que hicimos en la primera. Para ello, el 3/10 habremos dado el cuadro vacío a las madres. Transferidas las larvas se coloca la barra en el cuadro, debajo de la anterior, cuyas celdas ya operculadas solo necesitan calor para completar su ciclo.
Se acerca la fecha de efectuar la población de la primera parte del equipo de fecundación. Aquí es imprescindible la ayuda. Necesitamos traer de los colmenares que estén en el campo, cuatrocientos cuadros de cría bien cubiertos de abejas. Cuadros que son retirados de las colmenas, previa localización de la reina y colocados en alzas para ser trasladados al criadero. Tres o cuatro días antes de necesitarlas –previendo inconvenientes del mal tiempo- se empieza a traer las abejas. El traslado lo hacemos en alzas con un tejido clavado debajo y otro arriba. Se colocan ocho cuadros en cada alza utilizando un separador para que no se amontonen. Si hace calor se moja con agua, cuidando mientras se hace el trabajo, que no queden al sol. De esta manera son trasladadas al criadero colocándolas a lo largo de las filas que vamos a poblar, distribuidas a razón de un alza por cada cuatro nucleos.
Al día siguiente en la mañana, a cada alza con abejas, previo levantado del tejido, se le coloca encima otro cuerpo con ocho cuadros de miel operculada y se cubre con un techo. Así preparadas pueden estar sin inconveniente, tres o cuatros días hasta el momento de poblar los nucleos de fecundación. Repetimos que en el trabajo de poblar el criadero trayendo las abejas de los colmenares que están en el campo, es donde forzosamente necesitamos la ayuda de por lo menos una o dos personas. Es obvio que la posterior atención de las colmenas que nos suministraron las abejas para el criadero, es tarea que no compete al criador en este plan de trabajo.
Todo listo, al décimo día de efectuada la transferencia se procede a poblar la tanda de nucleos: las celdas reales se encuentran el la barra de arriba del cuadro que tiene cada incubadora. Se retira la barra y en su lugar se pone la que se encuentra debajo (este proceso se repite cada vez que retiramos una barra con celdas maduras). Despegamos los taquitos con sus celdas, que colocamos en un cajoncito abrigado con géneros de lana y marchamos a poblar los nucleos.
Cada alza con sus abejas y miel se halla colocada frente a cada nucleo, destapamos estos y en cada división ponemos un cuadro de miel operculada, acto seguido junto al cuadro de miel ponemos uno de cría cubierta de abejas. Debajo de su cabezal incrustamos suavemente el taquito con la celda real. Cerramos el nucleo con su entretapa, colocamos el techo y así seguimos hasta terminar la tanda. Cinco horas de trabajo son más que suficiente para dar término a la tarea de distribuir cuadros de cría y abejas, cuadros con miel y las cuatrocientas celdas en sus respectivos nucleos.
La operación de poblar de poblar los nucleos realizada en horas de la mañana, es un trabajo fácil, agradable, que se hace muy rápido, porque a esa hora las abejas están mansas y tranquilas. Si nos vemos obligados a realizarlo después de medio día, las cosas cambian fundamentalmente: Las abejas se encuentran nerviosas y se lanzan a volar desordenadamente. Para evitarlo recurrimos al agua, mojándolas con una regadera antes de levantar el tejido.
Los nucleos de fecundación llevan dos alimentadores en forma de batea que va colocados arriba, haciendo a la vez de entretapa, raramente son utilizados. Un cuadro de miel operculada que guardamos de la temporada anterior, es el "alimentador" más económico que hemos encontrado. Colocado al poblar el nucleo como se indico –salvo raras excepciones- alcanza para toda la temporada, ahorrándonos el fatigoso y oneroso trabajo de alimentación en momento de escasez. Nunca nos cansaremos de ponderar la excelencia de este cuadro de miel, usado como alimentador.
Aquí es necesaria una aclaración, nuestro trabajo se desarrolla en una zona de poca producción nectarífera, pero muy pocas veces de escasez total. En zonas de escasez total en ciertos periodos, el cuadro de miel no alcanzaría para la temporada. Por otro lado en zonas de gran flujo, esta el inconveniente de que los panales del núcleo se llenan de miel que hay que cambiar el cuadro lleno por uno vacío, haciéndose el trabajo engorroso y lento, culminando con la des organización del trabajo.
Los nucleos de fecundación van colocados en hileras de distinto largo, orientadas en ángulos diferentes, en un parque con árboles y arbustos que sirven de punto de referencia para la orientación de las abejas. Su sombra hace agradable el trabajo del apicultor en horas de sol fuerte.
Aunque las filas de los nucleos no corren paralelas, permiten al apicultor empezar su trabajo por un extremo del criaderos y terminar por el otro sin tener que andar en marchas y contra marchas volviendo sobre sus pasos, lo que ocurriría si el equipo estuviera instalado sin orden alguno, como a veces se aconseja
El techo de los nucleos se pinta con cuatro franja de distinto color, rojo, amarillo, azul y blanco. Cuando hacemos una transferencia de larvas, además de anotaciones básicas como ser: fecha de traspaso, madre utilizada, día que toca la distribución de celdas y fecha en que se realiza el enjaulado de las reinas, anotamos el color donde colocaremos la señal al distribuir las celdas.
Así, a la primera tanda corresponde señales en la franja roja, la segunda en la amarilla y la tercera en la azul. En la franja blanca se coloca la señal que nos indica que allí no hay reina ni celda real.
Cada banco lleva dos cajones nucleos, uno se trabaja del lado derecho y el otro del izquierdo. Los bancos están distanciados entre si, setenta y cinco centímetros, distancia que nos permite movernos alrededor de ellos y también cuando estamos trabajando en uno, ocupar el otro para poner el cajoncito con las celdas, o las reinas o el ahumador. Al ir a revisar un nucleo, colocamos el techo sobre el de al lado, quedándonos así, a la vista y al alcance de la mano las señales del cajón que estamos revisando. Si retiramos una reina automáticamente corremos la señal al color blanco. Si ponemos una celda real, corremos la señal al color correspondiente a la tanda. Un ultimo detalle: los techos de los nucleos deben ir colocados siempre de la misma forma. Nosotros ponemos uno de los colores mirando siempre en la dirección norte o lo más aproximado, dada la distinta orientación de las hileras.
Sigamos con nuestro plan de trabajo. Hemos poblado la primera tanda de doscientos nucleos dobles el 11/10. En ellos hemos distribuido cuatrocientas celdas reales que corresponden al color rojo. Las reinas de ese color estarán listas para enjaular, 15 días mas tarde. Hasta entones no volvemos a tocar los nucleos de esa tanda.
Todas las operaciones del plan se repiten cada seis días. En otra época las repetíamos cada cinco días, pero el periodo resultaba demasiado ajustado, por cualquier imprevisto se rompía el esquema con los consiguientes trastornos. Con la escala a seis días se obtiene una tanda menos de reinas por mes. Es preferible aumentar él número de nucleos para compensar esa merma y trabajar con tranquilidad. Esto es muy importante para el criador de reinas.
La tercera transferencia o sea la del color azul toca hacerla el 13/10, repitiendo lo que hicimos en las anteriores. El 17/10 están maduras las celdas de la segunda transferencia. Toca poblar la segunda tanda de nucleos, donde serán distribuidas, colocando las señales en la franja amarilla.
El 19/10 hacemos la cuarta transferencia, el 23/10 están listas las celdas que corresponden al color azul. Poblamos la tercera tanda, distribuyendo las celdas correspondientes, colocamos la señal en la franja azul, con lo que queda en marcha todo el equipo de fecundación.
Al llegar aquí hemos terminado un trabajo que no repetiremos en el resto de la temporada: la población de los nucleos. Y empezara otro que se repetirá cada seis días durante todo el periodo de crianza: enjaulado de las reinas fecundadas
El 27/10 tendremos la primera tanda de reinas en postura y listas para enjaular. Serán las correspondientes a la tanda que va señalada en el color rojo. De ahí en más, repetimos, cada seis días tendremos una tanda similar de reinas en postura, hasta terminar la temporada.
Es casi seguro que el 26/10 ya las reinas de la primera tanda, estarán en postura, pero como tienen que llenar por lo menos un cuadro de cría para mantener la población del nucleo, y además, de acuerdo al esquema preparado, las celdas para reemplazo de reinas estarán maduras recién el 29/10, la enjaulada la iniciamos el 27 y la terminamos el 28/10 cómodamente.
Enjaulado de reinas:
El 26/10 lo dedicamos entre otras cosas a preparar las trescientas jaulas que más o menos vamos a necesitar al día siguiente. El candy colocado y el tejido abrochado, listas para introducir la reina con sus acompañantes
El 27/10 en horas de la mañana, con las jaulas preparadas en un cajoncito, empezamos a revisar todas las divisiones de la primera tanda, que son las que llevan la señal en el color rojo. El techo del nucleo a revisar, lo colocamos sobre el techo del otro que esta en el mismo banco. Así, a parte de quedar a la vista las señales del nucleo que hemos abierto, nos tapan las del vecino, que en ese momento no nos interesan. Su vista solo servirá para confundirnos.
Abierta la división correspondiente, retiramos la celda nacida y mientras buscamos la reina comprobamos la calidad de la postura. Encontrada aquella, la enjaulamos, agregamos 6 o 7 obreras para compañía y ponemos el tapón de corcho a la jaula, hecho lo cual, repetimos la operación en la otra división, cerramos el nucleo y corremos la señal al color blanco.
Si la reina fallo o no tiene puesta, se elimina y junto a la señal en blanco, ponemos un terrón que tomamos del suelo con la punta de la palanca. Esta señal quiera decir que al darle la celda real, también le tenemos que poner un cuadro con postura, que sacaremos de una división que tenga dos, a la cual al sacar la reina, habremos marcado apretado contra el techo. Así seguimos hasta terminar la tanda. Evitamos, como se ha visto, cualquier clase de anotaciones, que en el trabajo apícola son siempre engorrosas, se pierde tiempo para hacerlas y para consultarlas.
Al terminar la temporada y sacar la ultima tanda de reinas de cada color, se procede a levantar el equipo de fecundación. Por cada cuatro nucleos dejamos una reina. Tomamos los cuadros de los nucleos y los vamos colocando en una cámara, agregando un cuadro de miel para completar los nueve que esta lleva. No hay necesidad de enjaular las reinas al hacer las reuniones. Simplemente se pasan los cuadros y las abejas de los cuatro nucleos a la cámara, incluyendo los de la división donde esta la reina. Como se ve al levantar los nucleos de fecundación se recupera en gran parte la cría y abejas utilizadas para poblar el equipo. Llevadas estas colmenas pobladas a buenos lugares en el campo, volverán a proveernos de abejas en la próxima temporada.
Sucintamente, las operaciones fundamentales a realizar se pueden ejemplificar en el siguiente esquema para un mes.
Supongamos 1 de
abril
1-4. Primera transferencia de larvas.
Tiempo a ocupar: 4 horas
2-4. Primera revisión de celdas
Tiempo a ocupar: 2 horas
4-4. Segunda revisión de celdas
Tiempo a ocupar: 2 horas
7-4. Segunda transferencia de larvas
8-4. Primera revisión de celdas
10-4. Segunda revisión de celdas
Tiempo a ocupar: 5 horas de trabajo
11-4. Población de la primera tanda de núcleos
13-4. Tercera trasferencia de larvas
1-4. Primera transferencia de larvas.
Tiempo a ocupar: 4 horas
2-4. Primera revisión de celdas
Tiempo a ocupar: 2 horas
4-4. Segunda revisión de celdas
Tiempo a ocupar: 2 horas
7-4. Segunda transferencia de larvas
8-4. Primera revisión de celdas
10-4. Segunda revisión de celdas
Tiempo a ocupar: 5 horas de trabajo
11-4. Población de la primera tanda de núcleos
13-4. Tercera trasferencia de larvas
14-4. Primera revisión de celdas
16-4. Segunda revisión de celdas
17-4. Población de la segunda tanda de núcleos
19-4. Cuarta transferencia de larvas
20-4. Primera revisión de celdas
22-4. Segunda revisión de celdas
23-4. Población de la tercera tanda de núcleos
25-4. Cuarta trasferencia de celdas
26-4. Primera revisión de celdas
28-4. Segunda revisión de celdas
27-4. Enjaulado de la primera tanda de reinas.
Tiempo a ocupar: 10 horas de trabajo
16-4. Segunda revisión de celdas
17-4. Población de la segunda tanda de núcleos
19-4. Cuarta transferencia de larvas
20-4. Primera revisión de celdas
22-4. Segunda revisión de celdas
23-4. Población de la tercera tanda de núcleos
25-4. Cuarta trasferencia de celdas
26-4. Primera revisión de celdas
28-4. Segunda revisión de celdas
27-4. Enjaulado de la primera tanda de reinas.
Tiempo a ocupar: 10 horas de trabajo
Estos son los días de trabajo obligados –digamos- de los
cuales –salvo el enjaulado- ninguno nos ocupa todo el día. Hay otros de menor
cuantía como ser: alimentar a las criadoras, subir cría al alza de las
mismas, preparar celdas, preparar jaulas, matar hormigas, atender
correspondencia, despachar remesas de reinas, etc... Tareas que prácticamente
nos llevan todo tiempo disponible.
Queda así descrito a grandes rasgos un plan de trabajo por medio de un método sencillo y practico que permite al apicultor la producción de una cantidad de reinas por temporada, que económicamente hace muy rentable al renglón.
Queda así descrito a grandes rasgos un plan de trabajo por medio de un método sencillo y practico que permite al apicultor la producción de una cantidad de reinas por temporada, que económicamente hace muy rentable al renglón.
Jacinto Naveiro
jueves, 21 de febrero de 2013
INTRODUCCIÓN DE REINAS FECUNDADAS
INTRODUCCIÓN DE REINAS FECUNDADAS
Existen por lo menos tres situaciones que hacen
necesaria la adquisición de reinas
fecundadas en colmenas en cuatro casos específicos:
Para
cambiar la reina vieja por una reina nueva.
Para introducir una reina nueva en una colmena
que enjambró y tiene celdas reales por nacer.
Para introducir una reina nueva en una colmena
que ha reemplazado su reina y la reina resultante no satisface por su calidad
al apicultor/a.
Cuando en ocasión de un accidente se mata a la
reina, por ejemplo durante un traslado o al rozar dos marcos de la cámara de
cría.
NÚCLEOS: el segundo caso que hace necesaria la
compra de reinas es cuando el productor decide multiplicar su apiario, ya sea
en primavera o al finalizar el verano.
PAQUETES DE ABEJAS: hay apicultores que tienen
posibilidad de producir ellos mismos sus paquetes pero que no cuentan con la
infraestructura como para criar reinas. Es por eso que agregan a sus abejas una
reina fecundada que compran a un criador.
Cada una de las tres situaciones ya mencionadas:
colmenas, núcleos o paquetes requiere una metodología de introducción que
comparte algunos aspectos pero que sin embargo difiere en otros. Es el
propósito de este instructivo aclarar cualquier posible duda para que no
fracase al introducir las reinas fecundadas que acaba de recibir.
TEORÍA DE LA INTRODUCCIÓN DE
REINAS FECUNDADAS:
Es imprescindible diferenciar dos momentos:
Introducción: existen multitud de métodos que
implican una o varias visitas al apiario y que utilizan distintos tipos de
jaulas de introducción.
Aceptación: una reina fecundada es aceptada
por la colmena, núcleo o paquete solamente después que fue liberada de su
jaulita de transporte y recién una vez que ha iniciado la postura de huevos con
un ritmo acorde a las necesidades demográficas de la colonia. No es verdad que
la aceptación tenga lugar durante el
período que transcurre desde el momento de la introducción de la jaulita dentro
de la colonia (durante el cual la reina permanece en cautiverio dentro de la
misma) hasta que es liberada luego de que las obreras consumieron el candi.
Para que exista aceptación, la reina fecundada no sólo debe haber sido liberada
sino también tiene que haber demostrado
que es eficiente en la tarea de poner huevos.
Basados en nuestra experiencia, de la gran
variedad de métodos conocidos recomendamos los siguientes que son eficaces. Sin embargo, si Ud. conoce un procedimiento
mejor o que le merezca mayor confianza utilícelo. Dada la gran
cantidad de variables que influyen en el proceso de introducir una reina
fecundada, no podemos garantizar el éxito de su trabajo.
INTRODUCCIÓN DE REINAS
FECUNDADAS EN COLMENAS
Deben seguirse atentamente las siguientes instrucciones:
Hay que matar a la reina vieja que va a ser
reemplazada. Esto puede hacerse aplastándola con los dedos y luego dejarla en
el piso de la colmena, justo debajo de los listones inferiores de los marcos.
2 reemplazo, se deberá localizar y matar a la
reina virgen.
Se tendrá que destruir todas las celdas reales (operculadas o por
opercular) que estén presentes en la colmena. A tal efecto, conviene sacudir
las abejas de los marcos dentro de la colmena para ver si en alguna esquina o
disimulada por alguna construcción de panal se nos pasó inadvertida alguna
celda real. Al destruir las eventuales celdas reales que pudieran estar
presentes, disminuimos significativamente las chances de que las abejas obreras
huérfanas desarrollen preferencia hacia las celdas por nacer en vez de a la
reina fecundada enjaulada que acabamos de introducir.
Luego de haber matado a la reina que va a ser
reemplazada y de haber destruido la totalidad de las celdas reales que pudiera
haber, hay que dejar a la colmena 48 horas en completa orfandad y sin realizar
ningún tipo de manipulación sobre ella.
Pasadas las 48 horas se introduce la jaulita
que contiene la reina en la colmena. No olvidar que se encuentre destapado el compartimiento de acceso al
candi, algunos criadores de reinas acostumbran poner un corchito
o tapón plástico tapando este orificio, nosotros sin embargo, hemos optado por evitar esta práctica ya que
algunos apicultores olvidan remover el corchito o tapón al introducir la reina,
con lo cual es imposible que la reina sea liberada. Es muy conveniente perforar
el candi con un clavo muy finito, para así ayudar a que las abejas obreras
huérfanas inicien el camino de liberación de la reina. Queda sobreentendido que
la perforación no debe excederse de dos o tres milímetros de diámetro, por
ningún motivo la reina debe ser liberada abruptamente dentro de la colmena
(esto ocurriría si por descuido o torpeza se desmoronara totalmente el candi y
se produjera un orificio tal que permitiera la salida de las abejas nodrizas y
de la reina.
Siempre y cuando la temperatura ambiente no
sea inferior a 20 grados, la jaulita puede introducirse cómodamente por la
piquera en sentido transversal con respecto a los listones inferiores de los
cuadros, con la ayuda de la palanca empujándola unos 15 Cm . dentro de la colmena.
Si la temperatura fuera inferior a los 20 grados, las abejas podrían
arracimarse desatendiendo a la reina que está en el piso de la colmena. Cuando
las temperaturas son frías, conviene usar la siguiente técnica: sacar el techo
y la entretapa, luego separar los cabezales de los marcos con mayor
concentración de abejas de la cámara de cría e insertar la jaulita paralela a
los cabezales con el tejido hacia abajo, de este modo evitamos la posibilidad
de enfriamiento de la reina.
Una vez que la reina fue introducida NO TOCAR A LA COLMENA Y DEJARLA TRANQUILA por
un período de 7 a 10 días. Si por impaciencia o error se perturba a la colmena
en ese momento tan delicado -en que la reina está alcanzando su pleno potencial
de ovipostura- puede ocurrir que la reina sea apelotonada y asfixiada por las
obreras.
Cuando transcurran de 7 a 10 días desde la introducción de la
reina, es de esperar que al menos el 95% de las reinas esté en postura y hasta
quizás con larvas recién nacidas. Esto se comprueba fácilmente extrayendo un
marco del centro de la cámara de cría y observando la presencia de cría. No
es absoluto necesario ver a la reina para averiguar que ella está presente.
INTRODUCCIÓN DE REINAS
EN NÚCLEOS
Un núcleo se caracteriza por tener muchas menos
abejas y cría que una colmena. Como mínimo debe tener un cuadro con cría
abierta y cerrada. Valen las mismas recomendaciones que para la introducción en
colmenas, respecto a la verificación de la ausencia de celdas reales en
cualquier etapa de su desarrollo como así también de reinas vírgenes. Una vez
armado el núcleo es conveniente darle entre 24 y 48 horas de orfandad antes de
introducir la jaulita con la reina.
INTRODUCCIÓN EN
PAQUETES DE ABEJAS
Los paquetes al estar conformados por abejas
solamente y no tener nada de cría, significan la alternativa más segura de
introducción de reinas, ya que no existe posibilidad de que las obreras
levanten celdas reales. No obstante existen dos posibles inconvenientes que
pueden dificultar la aceptación de la reina fecundada enjaulada:
la presencia de una reina virgen que fue
sacudida inadvertidamente dentro de la caja porta paquetes.
la enfermedad conocida como nosemosis, que
puede prevalecer en abejas que se encuentran confinadas y sin posibilidad de
efectuar vuelos de limpieza.
MOTIVOS DE FRACASO
A riesgo de ser repetitivos, volveremos a mencionar:
Haber pasado por alto una celda real al
momento de revisar la colmena. Aunque parezca increíble la preferencia de la
obreras huérfanas es mayor hacia una celda real operculada que hacia una reina
fecundada enjaulada.
Haber abierto la colmena prematuramente (antes
de 7 a 10
días luego de la introducción), justo en el momento que la reina está
recuperando el ritmo de postura que tenía previo a su enjaulado en el criadero.
El problema sanitario: La nosemosis es una
enfermedad que en el caso de las abejas reinas produce daños en su capacidad de
postura, motivando a su reemplazo prematuro. Por más pedigrí que tenga una
reina, será un desperdicio de tiempo y dinero introducirla en un núcleo o
colmena que padezca esta enfermedad ya que a corto plazo será inevitablemente
reemplazada. Pero ¿qué es lo que ocurre que los mismos apicultores que sufren
los reemplazos precoces de reinas recién introducidas no se percatan de
similares problemas en sus otras colmenas donde no hicieron ningún cambio de reinas?
La respuesta es, que la mayoría de los apicultores no hace un control de sus
reinas ni un manejo ordenado de la cámara de cría, les resulta prácticamente
imposible saber cuantas de las reinas presentes en la primavera serán las
mismas que estén encabezando las colmenas al terminar el verano. Muchas quizás la mayoría de las reinas habrá
sido reemplazada por enjambrazón, por el impulso natural de las abejas y por
FOCOS NOSEMICOS. Sin embargo, cuando el apicultor compra reinas a una cabaña
está mucho más atento al desempeño de las mismas. Las observa casi semanalmente
y en ese caso sí percibe el reemplazo prematuro, reemplazo que también observaría
en sus colmenas si aplicara la misma meticulosidad.
Comprar reinas de calidad es un desperdicio de
dinero, si no se aplica un manejo sanitario coherente y completo. Es imposible
lograr buenos rendimientos de miel si se cambian reinas periódicamente, pero no
se establece una rutina de prevención y control de enfermedades como:
varroasis, nosemosis, loque europea y loque americana.
martes, 19 de febrero de 2013
LAS ABEJAS Y LOS HUMANOS
Las abejas de miel y los
humanos, una larga coexistencia con un futuro incierto
UN POCO DE HISTORIA NATURAL
UN POCO DE HISTORIA NATURAL
El
proceso evolutivo que nos lleva a las abejas de miel tiene un claro paralelismo
con el que desembocó en la aparición y difusión por la Tierra de las plantas
con flores. Hace unos 100 millones de años, ciertas avispas, parecidas a los
esfécidos actuales, comenzaron a diferenciarse para aprovechar una nueva y
creciente fuente de alimentos, el néctar y el polen que ofrecían las plantas
angiospermas. Estas avispas adaptaron su aparato bucal para chupar el néctar de
las flores, su cuerpo se cubrió de pelos plumosos para recoger los granos de
polen y las patas posteriores se hicieron progresivamente más amplias para
poder llevarse cada vez más polen al nido. Este proceso se convirtió en un caso
especial de coevolución: las plantas producían más semillas con la polinización
de los insectos e intentaban atraerlos con la recompensa de los alimentos
ofrecidos por sus flores. Siguiendo el hilo evolutivo de los grupos más
gregarios, aparecieron las primeras abejas, que se podrían incluir dentro del
género actual Apis, ahora hace unos 35-40 millones de años.
La
morfología de las abejas de miel parece no haber cambiado demasiado desde hace
unos 30 millones de años, como se puede ver si comparamos los primeros fósiles
y los individuos actuales. No se sabe mucho del grado de organización social de
estos primeros miembros del género Apis, pero se presume que ya se había
iniciado este comportamiento y que desde entonces ha evolucionado hasta la
complejidad de las colonias de abejas actuales: un tipo de altruismo gobernado
por las feromonas ("el espíritu de la colmena") lleva a unos cuantos
miles de hembras infértiles, las obreras, a hacer todos los trabajos de la
colonia, dejando la función reproductora a una sola hembra fértil, la reina.
Las abejas
de miel pertenecientes al género Apis se desarrollaron en zonas de clima
tropical. Actualmente, en las zonas tropicales y subtropicales del suroeste de
Asia se encuentra la mayor diversidad, pero un paso más de la evolución
permitió que dos miembros del grupo colonizaran climas templados. Para poder
soportar las oscilaciones térmicas se pusieron en marcha diversas estrategias:
los enjambres seleccionaron cavidades protegidas para vivir, formaron colonias
más numerosas y con más panales y perfeccionaron la termorregulación de la
colonia. Durante un proceso que se inició ahora hace unos 5 millones de años y
se prolongó hasta los 2 millones de años, los antepasados de las actuales
especies Apis cerana, la abeja de miel asiática, y la Apis mellifera, la abeja
de miel descrita por Linneo en 1758, se extendieron desde el sureste de Asia
hacia otras zonas.
Enjambres
de la especie Apis mellifera lo hicieron hacia el oeste, atravesando el Oriente
Próximo y adentrándose por el continente africano. Aquí coincidieron con los
primeros homínidos. No sabemos si ya disfrutaron de la
miel de estas abejas, probablemente sí, pero lo que nos parece seguro es que
las abejas estuvieron al lado de los humanos durante casi todo su proceso
evolutivo.
Más tarde, la abeja de miel conquistó el continente europeo, si bien se veía obligada a ir al ritmo de las grandes glaciaciones. Se cree que ahora hace unos 150.000 años, los enjambres de abejas ya zumbaban en todas las penínsulas del sur de Europa. Después de la última glaciación, hace unos 8.000-10.000 años, se extendieron progresivamente hacia el norte. En nuestras tierras, la abeja de miel está presente desde hace unos 150.000 años y es seguro que sus pobladores han sido cazadores-recolectores de miel durante un largo período. El arte pictórico primitivo nos ha dejado escenas de esta coexistencia entre el ser humano y las abejas y nos muestra la importancia que entonces tuvo la recolección de miel y cera de los enjambres salvajes. No podemos olvidar la escena más emblemática, la que se encuentra en la cueva de la Araña de Bicorp (Valencia), de hace unos 9.000 años, y que se ha convertido en un símbolo mundial de la iconografía apícola.
Más tarde, la abeja de miel conquistó el continente europeo, si bien se veía obligada a ir al ritmo de las grandes glaciaciones. Se cree que ahora hace unos 150.000 años, los enjambres de abejas ya zumbaban en todas las penínsulas del sur de Europa. Después de la última glaciación, hace unos 8.000-10.000 años, se extendieron progresivamente hacia el norte. En nuestras tierras, la abeja de miel está presente desde hace unos 150.000 años y es seguro que sus pobladores han sido cazadores-recolectores de miel durante un largo período. El arte pictórico primitivo nos ha dejado escenas de esta coexistencia entre el ser humano y las abejas y nos muestra la importancia que entonces tuvo la recolección de miel y cera de los enjambres salvajes. No podemos olvidar la escena más emblemática, la que se encuentra en la cueva de la Araña de Bicorp (Valencia), de hace unos 9.000 años, y que se ha convertido en un símbolo mundial de la iconografía apícola.
EL
INICIO DE UNA LARGA CONVIVENCIA: LA APICULTURA
Las
raíces de la apicultura podríamos buscarlas dentro de las primeras culturas
urbanas y agrícolas aparecidas en los alrededores del Mediterráneo, un terreno
bien abonado para el nacimiento de nuevas tecnologías. No se conservan
vestigios que demuestren este hecho, pero es muy posible que al mismo tiempo
que se incorporaban las artes agrícolas y que se introducía la domesticación de
ciertos animales, comenzara también a practicarse un tipo de apicultura
ancestral. El arte de mantener las abejas dentro de habitáculos construidos por
el ser humano, las colmenas, para poder recoger periódicamente sus productos,
parece que se fue forjando desde aquellos tiempos, unos 8.000 años antes de
Cristo. Ya se hacían objetos de cerámica y cestería, y seguramente de estos
materiales (arcilla, mimbre y caña) se hicieron las primeras colmenas.
Los primeros apicultores harían poco más que cazar los enjambres que colgaban de las matas o de las ramas de los árboles y ponerlos dentro de las colmenas, o bien que entraran ellos mismos en los vasos vacíos dejados estratégicamente cerca de las colonias salvajes. En cualquier caso, habían dado un paso muy importante. Las abejas construían ahí dentro sus panales a su libre albedrío y sólo hacía falta abrir las colmenas y, con la ayuda del humo y las herramientas apropiadas, cortarlos para poder disfrutar de la cosecha de miel.
El
interés de los humanos para conseguir los productos de las abejas debía ser muy
fuerte. De un lado la miel ya debía estar muy enraizada en las costumbres
culinarias y medicinales, además de ser un alimento sin problemas de caducidad;
otros productos de la colmena, como la cera y el propóleo, también se debían de
haber ganado su lugar relevante como componentes de muchos preparados curativos
y en el seno de las actividades ceremoniales y de culto. Las trazas más
antiguas de estos hechos las encontramos en la civilización egipcia, donde la
abeja de miel formaba parte del amplio conjunto de divinidades, y la miel y la
cera se empleaban mucho en cocina y medicina.
Posteriormente, la apicultura se volvió una práctica habitual en todas las culturas del arco mediterráneo. Los griegos y los cretenses seguían haciendo colmenas de cerámica, en el Oriente Próximo y norte de África parece que predominaron los vasos trenzados con fibras vegetales, mientras que los romanos usaron diversos materiales, incluyendo la madera.
Posteriormente, la apicultura se volvió una práctica habitual en todas las culturas del arco mediterráneo. Los griegos y los cretenses seguían haciendo colmenas de cerámica, en el Oriente Próximo y norte de África parece que predominaron los vasos trenzados con fibras vegetales, mientras que los romanos usaron diversos materiales, incluyendo la madera.
LA
APICULTURA FIJISTA TRADICIONAL
Cuando
se habla del llamado modelo de apicultura tradicional, lo denominamos
apicultura fijista. Esta denominación se fundamenta en el hecho de que los
panales construidos por las abejas, según el diseño que les dicta su instinto
natural, quedan fijados unos a otros por puentes de cera y también a las
paredes de la colmena, de forma que el apicultor ha de romperlos (o cortarlos)
para poder sacar la miel. Pues bien, este tipo de apicultura es el que
prevaleció durante un largo período de tiempo, hasta las postrimerías del siglo
xix, pero sin olvidar que en muchos lugares todavía coexiste con la pura caza y
recolección de miel de los enjambres salvajes.
A la
península Ibérica también llega el arte de criar abejas. Es muy posible que la
apicultura se introdujera en la península Ibérica desde las costas
mediterráneas, dada la intensa actividad comercial que ya tenían en aquel
tiempo. Es en esta zona donde se han encontrado colmenas cilíndricas de
cerámica pertenecientes a la civilización ibérica, pero no se puede desestimar
la posibilidad de que también las hicieran con otros materiales que no han
perdurado hasta nuestros días.
En
tierras valencianas, las influencias romanas y después la cultura árabe hacen
que la apicultura y los productos de las abejas disfruten de un cierto
prestigio, el que corresponde a un alimento que goza de bendición divina.
Parece que explotaron bien las especiales condiciones climáticas y botánicas que
ofrecían estas tierras para el aprovechamiento apícola. Después de la
reconquista, los moriscos valencianos fueron el eje de transmisión de los
conocimientos apícolas.
Pero
durante los siglos posteriores, ciertos descubrimientos e innovaciones apícolas
tendrán una gran influencia y, sobre todo, prepararán el escenario para toda
una revolución de la apicultura.
El
primero fue el descubrimiento de América. Desde entonces y durante toda la
época colonial, colmenas de abejas de miel procedentes de los países europeos
viajaron con los barcos de los colonizadores. Estas abejas llegaron a
territorios donde no habían existido nunca, como el continente Americano,
Australia, Nueva Zelanda y otras islas del Pacífico. Las "moscas del
hombre blanco", como fueron bautizadas por los nativos norteamericanos, ya
podían encontrarse en cualquier parte del mundo. Después se añadieron los
descubrimientos sobre la biología de las abejas, sobre todo hacia los siglos
XVII y XVIII, de los cuales podemos destacar la contribución del libro
Observations, escrito por François Huber y publicado en el año 1792. Para
completar el escenario del que hemos hablado antes, también se producen avances
importantes en las técnicas apícolas y en el diseño de las colmenas.
Llegamos,
como decíamos antes, al siglo XIX, y todavía no se ha superado el obstáculo de
tener que romper los panales para poder sacar la miel, pues perdura la vieja
apicultura fijista. Pero, en este siglo, se consigue superar progresivamente el
modelo tradicional y se produce el gran salto que nos traslada a la apicultura
moderna.
DE
LA APICULTURA FIJISTA A LA MOVILISTA
A
principios del siglo XIX, el investigador ruso Prokopovich fue el primero en
dar un gran paso hacia los panales móviles. Construyó una colmena de madera con
módulos o cámaras. La inferior, para el nido de cría, era de panales fijos,
pero la superior, para la miel, llevaba marcos de madera donde las abejas
encajaban los panales. Por fin se podían sacar los panales de miel, ajustados a
los marcos, sin estropearlos, sin derramar la miel y evitando así el caos
dentro de la colonia de abejas que era típico de la apicultura fijista.
Pero el paso definitivo lo dio L. L. Langstroth, en el año 1851. Se habían introducido ya los marcos móviles en las cámaras de miel, pero las cámaras de cría continuaban siendo problemáticas. Las abejas todavía imponían su criterio de construcción en el nido de cría. Pero Langstroth pensó que el "paso de abeja", el espacio que las abejas respetaban para poder pasear entre dos panales vecinos, podía gobernar el diseño de una colmena de marcos móviles. Fijó el espacio en unos 9,5 milímetros, e hizo una colmena dejando este paso entre los marcos y también entre éstos y las paredes de la colmena. El éxito fue completo, las abejas respetaban esta distancia y, en general, construían los panales bien ajustados a los marcos, de manera que se podían sacar fácilmente los panales de miel y de cría sin romperlos, incluso se podían voltear para observarlos y después volverlos a dejar en su sitio; también se abría la posibilidad de intercambiar los panales de diversas colmenas; en definitiva, se abrían las puertas a la apicultura tal y como la conocemos ahora, la apicultura movilista.
Pero el paso definitivo lo dio L. L. Langstroth, en el año 1851. Se habían introducido ya los marcos móviles en las cámaras de miel, pero las cámaras de cría continuaban siendo problemáticas. Las abejas todavía imponían su criterio de construcción en el nido de cría. Pero Langstroth pensó que el "paso de abeja", el espacio que las abejas respetaban para poder pasear entre dos panales vecinos, podía gobernar el diseño de una colmena de marcos móviles. Fijó el espacio en unos 9,5 milímetros, e hizo una colmena dejando este paso entre los marcos y también entre éstos y las paredes de la colmena. El éxito fue completo, las abejas respetaban esta distancia y, en general, construían los panales bien ajustados a los marcos, de manera que se podían sacar fácilmente los panales de miel y de cría sin romperlos, incluso se podían voltear para observarlos y después volverlos a dejar en su sitio; también se abría la posibilidad de intercambiar los panales de diversas colmenas; en definitiva, se abrían las puertas a la apicultura tal y como la conocemos ahora, la apicultura movilista.
El
diseño básico de la colmena de desarrollo vertical y panales móviles propuesto
por Langstroth se extendió por todo el mundo durante la segunda mitad del siglo
XIX. Poco después, la tecnología apícola también se sumó al cambio. En 1857, J.
Mehring inventa la primera matriz para hacer láminas de cera que, con el
estampado hexagonal típico, las abejas usaban de verdadera base para hacer los
panales. El primer extractor centrífugo, inventado por Franz von Hruschka en el
año 1865, permitió extraer la miel de los panales móviles sin romperlos, de
manera que podían volverse a aprovechar. Esto mejoró el rendimiento de las
colmenas y a las abejas les permitió ahorrarse la energía de los trabajos de
reconstrucción. En el año 1875, Moses Quinby inventó el ahumador de fuelle,
prácticamente el mismo que se usa actualmente, del cual surgía el humo de forma
persistente y mantenía a raya la reacción defensiva de las abejas. Hacia
finales de siglo se añadiría también una técnica que permitiría la cría
artificial de reinas mediante el trasvase de larvas.
Podemos
decir que los elementos básicos de la apicultura actual estaban sobre la mesa,
sólo hacía falta difundirlos. La transferencia fue rápida, consecuencia lógica
y evidente de lo que era un gran avance para la apicultura mundial. A
principios del siglo XX ya había colmenas movilistas de madera en el País
Valenciano, que pronto comenzaron a sustituir las fijistas autóctonas de
esparto, corcho o cerrillo. Las pioneras fueron las colmenas de desarrollo
vertical, el modelo de Langstroth y otro posterior llamado Dadant. Un poco más
tarde apareció el modelo Layens, de origen francés, una colmena movilista donde
la colonia de abejas sólo podía crecer en sentido horizontal y que se impuso
hasta ser predominante hacia la mitad del siglo, y así lo es en este momento.
Las razones de la predominancia del modelo Layens son difíciles de averiguar,
pero tiene mucho que ver con la sencillez de su manejo y la fácil
predisposición para la trashumancia. El traslado de las colmenas para el
aprovechamiento de floraciones sucesivas ya se practicaba siglos atrás, pero
durante las décadas de 1940-60, la trashumancia de los apicultores valencianos
se acentúa hasta convertirse en el eje básico de los profesionales de este
especial sector ganadero. Este fenómeno es el que difunde la colmena Layens por
toda España y la apicultura prospera hasta los años 70.
LA
DECADENCIA DE LAS ABEJAS: LOS ENJAMBRES NO ENCUENTRAN SITIO
No
nos hemos querido olvidar de los enjambres de abejas que desde hace miles de
años han vivido de forma natural. Estas colonias de abejas salvajes han
perdurado hasta hace muy poco tiempo. La larga coexistencia con los ataques
periódicos de los humanos, que se llevaban parte de su miel, parece que había
logrado un estado de equilibrio; podía decirse, incluso, que era una relación
sostenible.
Pero
este equilibrio se ha roto durante el siglo XX. Las abejas de miel, y también
otros polinizadores autóctonos, atraviesan una grave crisis. Las abejas de miel
han sufrido los efectos de sucesivas patologías. En los años 30 la acariosis
causó una gran mortalidad de colonias. En los años 80 aparecen, en primer
lugar, un grave brote de una micosis ya existente en nuestras abejas, y después
la varroosis, una parasitosis nueva que causó, a finales de la década, la
muerte del 30 o 40% de todas las colmenas. Los efectos de este ácaro exótico
sobre las colonias naturales han sido devastadores por todas partes. Pero si
tenemos en cuenta el conjunto de los insectos polinizadores, a partir de los
años 50 y 60, se consolida el uso de insecticidas para combatir las plagas agrícolas
y, desde entonces, las intoxicaciones de las colonias de abejas han sido
habituales. En los casos graves, los apicultores podían trasladar sus colmenas
a otro sitio, pero los enjambres naturales y los otros polinizadores no podían
huir.
También,
durante las últimas décadas, hay que añadir los grandes cambios introducidos en
los hábitats naturales. Las intensas transformaciones de tierras para urbanizar
u obtener suelo agrícola, la destrucción de la flora natural y la contaminación
atmosférica, que en muchos lugares puede llegar a producir efectos subletales
crónicos sobre las colonias de abejas.
Todo
esto ha llevado a la práctica desaparición de los enjambres silvestres, que no
encuentran ni sitio ni condiciones adecuadas para poder perdurar. Incluso los
mismos apicultores tienen que luchar con energía para poder sobrevivir de su
especial ganadería. A los problemas que ya hemos comentado y que también les
son propios, hay que añadir otros más específicos. Las abejas, como las
avispas, los escorpiones o las víboras, no son muy populares porque pican y eso
cristaliza en un cierto rechazo social. A otro nivel, no podemos dejar de lado
el comercio global. Las importaciones de miel de otros países, que se
intensificaron a partir de los años 80, iniciaron una bajada general de los
precios y una crisis del sector profesional de la que éste no se ha recobrado.
Es uno de los aspectos negativos de la "globalización", asumida por
los poderes políticos y económicos; son los "daños colaterales". En
resumen, la apicultura, demasiado a menudo se convierte en un trabajo ingrato y
amargo en el seno de una sociedad que no deja sitio para las abejas, y que
incluso ha ido perdiendo los vínculos ancestrales con sus productos naturales.
POR
QUÉ ES NECESARIO PROTEGER LAS ABEJAS DE MIEL
En
primer lugar, las abejas, como cualquier otro animal o planta, tendrían que
estar protegidas porque forman parte del medio natural. Aunque se pueda
agradecer el hecho de clasificar la abeja como insecto "útil", esto
parece no ser suficiente y deja malparados a los otros insectos.
Las
abejas de miel también son polinizadores. Junto con otros himenópteros, moscas
de las flores, mariposas y coleópteros florícolas, son los responsables de la
producción de semillas y frutos de muchas plantas. En general, las poblaciones
de polinizadores disminuyen y la abeja de miel ha pasado a ser el polinizador
mayoritario, sobre todo en los entornos agrícolas, y esto ha convertido la
apicultura en un sector estratégico por su contribución a la producción agrícola
y a la conservación de la flora autóctona.
Además, las abejas, mediante la apicultura, nos han dado productos que han estado siempre al lado de los humanos. Probablemente, la miel de romero o de tomillo que se obtiene de las colmenas actuales no se diferencia nada de la que comían los autores de las pinturas de la cueva de la Araña. Otros productos tradicionales, como la cera virgen y el propóleo continúan teniendo vigencia. El polen y la jalea real son productos apícolas, ricos en principios esenciales, que se han incorporado recientemente a la nutrición humana.
Así pues, reconociendo la función social y medioambiental que las abejas de miel cumplen, es necesario garantizar su presencia en nuestros campos y parajes naturales y esto implica, hoy en día, mantener viva la apicultura. Mientras seamos capaces de asegurar el vuelo de las abejas, si conseguimos que perdure el zumbido de los insectos polinizadores, alejaremos la sombra de una primavera silenciosa y yerma.
Además, las abejas, mediante la apicultura, nos han dado productos que han estado siempre al lado de los humanos. Probablemente, la miel de romero o de tomillo que se obtiene de las colmenas actuales no se diferencia nada de la que comían los autores de las pinturas de la cueva de la Araña. Otros productos tradicionales, como la cera virgen y el propóleo continúan teniendo vigencia. El polen y la jalea real son productos apícolas, ricos en principios esenciales, que se han incorporado recientemente a la nutrición humana.
Así pues, reconociendo la función social y medioambiental que las abejas de miel cumplen, es necesario garantizar su presencia en nuestros campos y parajes naturales y esto implica, hoy en día, mantener viva la apicultura. Mientras seamos capaces de asegurar el vuelo de las abejas, si conseguimos que perdure el zumbido de los insectos polinizadores, alejaremos la sombra de una primavera silenciosa y yerma.
Fernando Calatayud Tortosa. Institut Valencià d’Investigacions Agràries (IVIA).
lunes, 18 de febrero de 2013
CRÍA Y FLORACIONES DISPONIBLES
Relación de la cría con las floraciones disponibles
en primer lugar tenemos la remoción inicial, en la
que la actividad es escasa y discontinua y solo destacan las mejores colonias
que pueden enviar algunas abejas a la recolección mientras suficientes se
encargan de mantener la temperatura interior, calentando la cría.
en segundo lugar la remoción básica, o desarrollo, en
ella el nido se duplica en cantidad de cría y las colonias potentes presentan
en los días bonancibles bastante actividad siendo la llegada de polen continúa,
las más retrasadas se preparan pero sus posibilidades son menores, solo las primeras
llegarán con éxito a alcanzar el volumen necesario, pues esta remoción, bien
sea natural por el estímulo de las flores del entorno o por la alimentación
estimulante que nosotros les facilitamos las hará estar muy correctamente
preparadas para la siguiente etapa que es la más importante.
en esta tercera etapa tenemos la formación del remanente
o cosecha, el lanzamiento de las fases anteriores propicia el disponer de una
cantidad de abejas muy grande y así cuando observamos el exterior de una
colmena muy potente vemos llegar verdaderas bandadas de abejas y casi todas
provistas de polen, solo el trabajo acumulado de todas ellas hace posible que
en el interior vayan aumentando poco a poco el número de panales ocupados
primero por el néctar recién recogido y más tarde por la miel, el intenso
trabajo a que están sometidas hace que a diario mueran en los campos un elevado
número de pecoreadoras que son repuestas por las nuevas generaciones que en la
colonia se están preparando.
en cuarto lugar está el cese de actividad, las
abejas a pesar de todos sus esfuerzos por encontrar néctar tienen que acabar
por aceptar que las flores escasean y que la recolección toca a su fin, no
suele producirse un parón de forma súbita sino pausa, como queriendo
acostumbrar a las pecoreadoras a la nueva situación. A partir de este momento y
con la cosecha ya almacenada solo resta dejarles una provisión suficiente para
pasar el Invierno y retirarles el resto.
en quinto lugar llega el reposo invernal o pequeño
descanso que en colmenares de costa y media montaña el clima les facilita,
consumen de las reservas y mantienen el calor vital necesario, agrupándose en
un espacio muy reducido, reiniciando el ciclo tan pronto las primeras flores
les ofrezcan néctar que recoger y el tiempo atmosférico les permita volar para
recogerlo.
En cualquiera de los apartados la dependencia de las flores
es total, siendo ellas las que marcan la intensidad de los distintos estímulos
necesarios a la vida de la colonia, es por ello prioritario valorar las posibilidades
de un colmenar relacionándolo siempre con la actividad que a las abejas les
permite desplegar. Buenas floraciones y cercanas a las colonias permitirán
lograr una cosecha de mayor envergadura que cuando las dificultades del entorno
añaden obstáculos al trabajo diario reduciéndola.
En la fig debajo del texto ,vemos algunos detalles
interesantes del comportamiento recolector de las abejas en relación con las
disponibilidades del lugar del asentamiento.
Arriba señalamos las cinco partes en que dividimos el
estímulo que las floraciones hacen sobre las colonias. La línea azul nos indica
la cantidad de néctar disponible en el campo. Con la línea de trazos finos
rojos se representa el comportamiento recolector del colmenar, tomando como
tipo las colonias de evolución mas normal, comprobado durante varios años,
observamos de este modo que las abejas disponen de mayor cantidad de néctar que
el que pueden arrastrar, pero ambas curvas tienen una forma similar, las flores
van motivando a las abejas y poco apoco incorporan más ganado a la tarea.
Coincidiendo las condiciones óptimas lo mismo de flor que de ganado, es el
momento de colocar las segundas alzas que son llenadas con suma facilidad. Es
curioso observar como al llegar las últimas flores se hallan las colonias con
tal cantidad de ganado que durante unos días se produce un cierto desfase y la
capacidad de recolección es superior a las disponibilidades en el campo, con la
disminución en la cantidad de puesta se logra un equilibrio impuesto, durante
un tiempo toda esa cría prepara futuras abejas, es consumidora neta al no
permitir el campo más cosecha, no obstante y como prueba de la armonía de todo
lo que sucede en las colonias estas abejas serán las nodrizas de las primeras
abejas nacidas en la próxima añada, no habiendo pérdida alguna sino una reserva
de lo que será la base del lanzamiento en la evolución del siguiente año.
Destacamos que las floraciones en los buenos asentamientos
superan la capacidad de las colmenas con dos alzas industriales, lo que nos permite
incrementar el número y obtener la cosecha mayor posible de alcanzar.
No siempre es sí y con línea de puntos finos en negro está
señalado el caso de un colmenar que tienen mayor capacidad de acopio que la que
obtienen en la floración disponible, en este caso decimos que se halla saturado
el campo, puede ser debido a mantener demasiadas colonias propias reunidas o a
juntarse ganado procedente de varios sitios en un pasto concreto, ello tendrá
como consecuencia inevitable una menor cosecha para todas las colonias. La
mejor forma de saber cual es la capacidad de producción de néctar de un lugar
es utilizar la báscula y determinar la llegada diaria, siendo las condiciones
generales conocidas nos permite saber si el incremento es el adecuado. Si se da
el caso que en un colmenar estante obtenemos bajas producciones y todo lo
hallamos normal podemos hallarnos dentro de esta anormalidad, la báscula nos
permite no tener que constatarlo al final de campaña y podremos poner remedio a
tiempo. En aquellos lugares donde se producen asentamientos temporales de transhumante puede suceder, el desplazamiento de parte o de todas las colonias
a otro lugar es el único remedio.
Dada la importancia básica que para la marcha del colmenar
tienen las floraciones que las abejas puedan aprovechar de la inmediaciones, es
muy conveniente realizar una valoración de cuales están disponibles según el
momento y cuales son los obstáculos que en cada caso concreto encontrarán las
abejas en sus salidas.
Esto es más importante en los colmenares donde se busca
hallar una máxima producción y por tanto se optimizan todos los pormenores,
todo esto no tendría tanta importancia en aquellos casos donde las producciones
solo se estiman para el consumo propio y para una venta muy reducida.
Después de conocer los estímulos que las floraciones
imprimen en el comportamiento sucesivo de las diferentes etapas de la evolución
de las colonias, haremos una primera valoración basándonos en que en las
primeras etapas, que hemos llamado remoción, los consumos son reducidos, pero
las adversas condiciones climáticas exigen que esos aprovisionamientos se
hallen cercanos estimando como muy conveniente dispusieran de flores no mas
lejos de 1 km .
de distancia y mejor de varias especies para asegurar el acopio.
Es interesante valorar cual es la proporción de plantas
silvestres que se crían en los bordes de los caminos o en las riveras de ríos,
arroyos o terrenos comunales, por ser ellas un seguro proveedor año tras año,
en clara ventaja con las especies de cultivo que serán aprovechadas cuando
interese dejando un vacío temporal de recolección, variable en el tiempo según
de que especie se trate. En el caso de los árboles será siempre largo privando
a las abejas de trabajarlo y obligándolas a proveerse de otro sitio que pudiera
incomodarlas y estimularía poco al principio.
Entre los árboles más interesante y que crecen de forma
espontanea se hallan los "salgeros" que se localizan en las riveras
de los arroyos y proporcionan una cantidad muy importante de néctar y de polen
desde Diciembre a Febrero, pudiendo observar como las abejas trabajan sobre
ellos con verdadero entusiasmo, es interesante notar que si el Invierno es muy
frío retrasa el inicio de la floración iniciándola en Enero. Entre los árboles
maderables se encuentra el eucalipto, que inicia en Diciembre y prolonga su
floración hasta Abril, incluso algunos ejemplares hasta Mayo, estas flores son
muy atractivas para las abejas por su larga duración y de hallarse en las
proximidades la remoción inicial será muy buena a poco que ayude el clima,
producen néctar y polen abundante.
En los colmenares de costa estas floraciones pueden ofrecer
una buena cosecha tan solo el clima puede ser obstáculo para que se logre, en
cualquier caso la remoción que producen es muy importante a la hora de disponer
de abejas para más adelante.
Como durante estos primeros meses del año los arrastres
aunque importantes no tienen la importancia que alcanzarán mas adelante no
suponen problema alguno, es al llegar el mes de Marzo cuando las floraciones
empiezan a tener una importancia decisiva y debemos valorar cuales tienen las
abejas disponibles.
Una de las flores cuya presencia en muy conveniente es el
diente de león o Taraxacum, que proporciona buena recolección y que las abejas
buscan con interés, se localiza sobretodo en terrenos que han sido cultivados
aunque algunas variedades nacen en pleno campo de forma espontánea, esa flor se
suma a las todavía presentes de los eucaliptos y se añaden a ellas las de
algunos ciruelos tempranos, robles, algunos perales y otros árboles de huerta,
siendo las posibilidades de recolección cubiertas entre todos, la proximidad ya
no es tan necesaria los días aunque algunos sean malos, en general, encuentran
posibilidad de abastecerse sin dificultad, no contradice los indicado que
cuanto más cerca se hallen las flores mejor.
Esta facilidad de aprovisionamiento y el consiguiente
arrastre hace que la reina se lance a la cría siendo entonces cuando las
colonias se distancian claramente destacando las más potentes cuyo movimiento
de piquera es comparativamente mayor, aprovechando las flores próximas y las
lejanas, las atrasadas tendrán los problemas propios al tener que abastecerse
solo de las inmediaciones y el estimulo sobre la reina puede no ser lo bastante
intenso una intervención del apicultor puede ser necesaria.
Durante Abril y Mayo se añaden a las anteriores muchos
frutales de huerta, tal es el caso de los ciruelos tardíos, melocotoneros,
cerezos y la floración especialmente intensa en los manzanos, a todos acuden
las abejas libando una importante provisión de néctar, se suman arbustos
silvestres como los espinos blancos y algunos robles de floración mas tardía,
todos contribuyen a dar el empuje definitivo a la evolución de la cantidad de
cría que alcanzará su apogeo en Junio prolongándose hasta principios de Agosto,
en este intervalo entran en floración todas las leguminosas y gramíneas de los
prados especialmente abundantes y para terminar la presencia de castaños,
buenos productores, con todos se forma la cosecha que será recogida por el
apicultor.
FACTORES QUE INFLUYEN EN LAS PRODUCCIONES
ante las floraciones importantes o masivas en
el lugar de nuestro asentamiento debemos hacer una valoración que nos permitirá
conocer:
superficie que ocupan las plantas interesantes.
distancia a que se hallan de las colmenas.
obstáculos que las abejas tienen que salvar.
facilidad de aprovisionamiento de agua en Verano.
acción del viento sobre las rutas de vuelo.
El primer factor tiene una importancia muy grande, pues
cuanto mayor sea la superficie disponible también será mayor la capacidad de
recolección. Es importante tener en cuenta que se produce una renovación
constante en la secreción del néctar por las plantas pero tiene que transcurrir
un cierto tiempo para que en los cálices de las flores se halle una cantidad
aprovechable por las abejas, así podemos verlas que apenas posadas en un flor
reemprenden el vuelo hacia otra, sucede que de no disponer de una cantidad
abundante de pasto habrá un pérdida notable de tiempo y la cosecha será menor.
En segundo lugar la distancia a que las abejas tienen que
volar para cosechar condiciona el número de vuelos que en un tiempo determinado
pueden realizar, cuanto más cerca a la colmena se hallen los pastos mejor
resultado se obtendrá. Las largas distancias exigen por otra parte consumo
adicional de miel que es empleada como energía para volar y las abejas se
hallan más expuestas a ser muertas por las circunstancias adversas y en caso de
tiempo irregular no se atreven a salir perdiendo capacidad recolectora.
En tercer lugar consideramos la situación del colmenar
teniendo en cuenta la peculiar forma de ver que las abejas tienen y que en
ocasiones las lleva a remontar obstáculos por la parte más elevada, una casa
por ejem, que se halla interpuesta en su camino recto al lugar de pecorea.
Pueden así morir golpeadas contra los estorbos que no bordean como lo hacen
otros animales. Esto es motivo para que de hallarse muy cerca de su colmena las
hagan entrar en otra diferente, aunque en esta época del año son bien recibidas
debemos procurar que esto no ocurra, y así en grupos de tres o cuatro la deriva
solo es la propia de ese pequeño grupo y evita muertes de abejas golpeadas
contra obstáculos inmediatos por el viento.
Los colores identificativos son necesarios para la
orientación de las futuras madres, y para dar seguridad a las pecoreadoras cuando
regresan del campo al no perder tiempo en localizar los grupos desde lejos.
Las grandes extensiones de agua muy cerca son un obstáculo
casi insalvable reduciendo el radio de actividad, lo mismo las montañas muy
elevadas que no son remontadas para pasar al otro lado.
Como cuarto factor consideramos la facilidad de
aprovisionarse de agua al conocer que el consumo es muy elevado y que sobretodo
en verano tienen que recogerla de los manantiales cercanos. Algunos días por la
mañana podemos ver abejas posadas en las plantas tomándola del rocío de la
noche, cuando por el clima esto no sucede debemos colocar bebederos apropiados
para que siempre se halle en condición siendo útil plantar plantas acuáticas,
se ha podido comprobar como recogen agua salada posadas en las rocas del mar o
sobre las algas en la playa, posiblemente la usen de forma indistinta
recogiendo una u otra según la facilidad y la cercanía.
En quinto lugar valoramos la influencia de los vientos
dominantes al saber que en los días en que son más fuertes las abejas apenas
salen al campo por ser arrastradas fuera de las rutas de aprovisionamiento, si
son moderados 20 -30 km .,
si salen y es entonces cuando la disposición del colmenar es importante, según
se halle encontrarán mayor riesgo de resultar dañadas o muertas al golpearse
contra los muros o paredes, si caen entre las hierbas en general emprenden el
vuelo resultando de ello solo una pérdida de tiempo, pero sobretodo en las
remociones y si el colmenar está algo en sombra las arrojadas fuera de las piqueras
y que llegan muy cargadas se enfrían en el suelo y no levantan vuelo resultando
una mortandad notable todos los atardeceres, para evitarlo se deben prolongar
hacia adelante todos los tableros de vuelo hasta alcanzar los 30 cm . ý así si caen algo fuera
de la piquera caen en el tablero y entran andando.
Resulta sencillo comprobar visualmente sus preferencias de
vuelo y determinar el riesgo que corren cuando el viento las obliga a variar de
dirección, si cuando esto ocurre se acercan demasiado a cualquier objeto contra
el que pueden resultar muertas, las colmenas serán cambiados hasta lograr
corregir la dirección de salida-entrada en el sentido conveniente, lo cual solo
lo veremos realizado cuando las nuevas pecoreadoras se orienten en sus primeros
vuelos, las más viejas de no ser la diferencia de situación muy significativa
seguirán utilizando su ruta anterior aunque en ocasiones les sea preciso dar un
rodeo hasta hallar su piquera.
El sexto factor que anotamos se refiere a las perturbaciones
ajenas generadas por las condiciones ambientales cercanas, la proximidad de una
carretera ocasionará una gran mortandad si es atravesada por ellas en días de
viento cuando, como es su costumbre, vuelan rasantes. Un ferrocarril cercano
ocasionará una motivación a la agresividad por las fuertes vibraciones que
produce y que causan irritación continua, llegando las colonias a ser muy
difíciles de manejar.
Las fábricas cercanas suelen ser emisores de gases a menudo
tóxicos y de sustancias que al depositarse en las plantas impiden una correcta
pecorea. Deben alejarse las abejas de todos esos emisores situándolas donde
todas o la mayoría de las condiciones sean más favorables, una buena cosecha
depende de ello.
Es interesante señalar que en ocasiones son las abejas las
que resultan perturbadoras de la actividad de las personas que cultivan los
campos en las inmediaciones, en general se admite que esto ocurre por tener en
esos los lugares el vuelo rasante, un seto de unos dos o tres metros situado a
unos diez o quince de las primeras piqueras lo que las obliga a elevar el
vuelo, en general se soluciona el problema, en casos extremos es necesario
desplazar las colonias.
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