Se denomina de esta manera un incidente que surge en el
colmenar y que cosiste en que una colonia potente ataca y destruye a otra/s más
débiles llevándose la miel que tengan. Este hecho sucede más bien al final de
las floraciones cuando las pecoreadoras no tienen néctar que recoger en el
campo y están atentas a todas las percepciones de olor procedentes de las
colmenas vecinas, al menor descuido de las guardianas entran y si por debilidad
de las mismas logran su objetivo, que es llevarse la miel, darán aviso a sus
compañeras de la situación y estado de aquella que será en breve atacada por
millares de abejas combatiendo con las otras y si dominan las atacantes
destruyen los panales, dejándolos reducidos a polvo fino que sale por la
piquera y abundantes abejas muertas.
En ocasiones la colmena atacada es tan débil que se resigna
y su población parece que deserta y acompaña a las atacantes no encontrando por
esta razón el apicultor elevado número de bajas. El refuerzo con las abejas,
incluso las de la pillada, la motiva a atacar de nuevo y si la colonia elegida
es algo más potente resultan del combate muertas muchas, las vemos delante de
la colmena en gran cantidad o arrastrándose por el suelo y piquera en una postura
típica formando su cuerpo una figura semejante a una C.
ante el tumulto que se forma otras colonias hasta ahora
tranquilas realizan a su vez tentativas, que se saldan con más bajas y durante
varios días encontraremos en el colmenar un gran nerviosismo y agresividad, y
aunque al final reine la calma bastará algo de olor a miel o el mismo del
propóleos al destapar para que se reanude la inquietud y las tentativas
vuelvan.
Todos los casos de pillaje obedecen al instinto natural que
las impulsa a recoger toda la miel posible en la colmena para servir de
alimento al grupo o colonias potentes que son los que la naturaleza señala para
perpetuar la especie, para el apicultor suele tratarse de un grave
inconveniente, este estado de pillaje las lleva a atacar incluso colonias muy
potentes pero que tienen alguna rendija que ha quedado de un cubre mal puesto y
no siempre la colonia potente logra vencer a las atacantes.
Si detectamos el fenómeno en sus comienzos lo primero es
tapar parcialmente las piqueras de todas las colmenas que se estiman como
débiles y revisar todas las demás en busca de resquicios por donde se puedan
colar abejas, así serán mejor defendidas en caso de ataque aunque las propias de la colonia intentan entrar, pero dada la
confusión es difícil saber si se trata de pilladoras decidas a entrar a toda
consta, así que lo mejor es cerrar totalmente la piquera con hierba y dejar
entrar a intervalos solo a aquellas abejas que lleven polen en las patas. Es un
síntoma inequívoco de la presencia de pilladoras ver abejas que se posan en
lugares raros como puede ser el tejado intentando entrar o se muestran muy
dubitativas ante la piquera, pero este hecho no debe ser confundido con la
presencia de un grupo de abejas que realiza los primeros vuelos de
reconocimiento, en este caso las abejas están delante de la piquera formando
una nube pero entran y salen con confianza las extrañas se mueven alejándose de
las propias de la colonia y podemos ver como estas las sujetan por las patas y
aquellas tratan por todos los medios de zafarse.
Alguna vez es el propio apicultor el causante de la
excitación inicial que desencadena todo el problema, en primavera todos los manejos
son fáciles, la ocupación de traer néctar no las distrae en otras cosas y se
puede dejar miel destapada durante bastante tiempo y no van a recogerla, no
sucede lo mismo en el otoño o en momentos donde por alguna causa, como puede
ser una sequía, se pase tiempo sin poder realizar recolección alguna. Destapar
colmenas y remover panales con el olor que se desprende motiva la reacción de
las pecoreadoras de las colmenas vecinas y pronto la abierta se ve rodeada de
pilladoras a millares que intentan entrar, tratando de hallan cualquier
abertura y si no lo encuentran atacan por piquera, una vez el combate se
generaliza se producen muertes a millares y es posible que haya intentos sobre
varias colonias de forma simultánea. Si un colmenar ha padecido pillaje es
normal que los intentos duren varios días más, por ello todos los trabajos
previstos tienen que ser suspendidos ante la imposibilidad material de
llevarlos a cabo, apenas se destapa un colmena cuando empiezan ha llegar las
pilladoras, transcurridos unos días podemos reiniciar el trabajo siempre
atentos a las reacciones de las colonias.
Si fuera imprescindible realizar alguna inspección en medio
de esta situación anómala debemos trabajar sobre unas pocas colonias,
suspendiendo el trabajo por algunos minutos al menor síntoma y iniciando de
nuevo en otro sitio del colmenar alejado para sorprenderlas, es bueno trabajar
al atardecer para que la noche las calme. Alguna vez puede suceder que sean
nuestras colonias las que procedan a pillar en otras de la vecindad o que sean
abejas extrañas las que vengan a nuestro colmenar con el mismo propósito, en el
primer caso cabe mojar con agua la colonia que suponemos esta pillando a otras,
se suele detectar por la gran actividad que tiene cuando sus vecinas se hallan
prácticamente paradas, en el segundo supuesto se puede cambiar la colonia de
sitio para despistarlas o colocarla en el lugar de una potente, pero este
cambio sobre la marcha puede provocar alguna baja al no estar los olores
unificados.
Uno de los avisos de probabilidad de pillaje nos lo indica
el comienzo de la matanza de los machos, como sabemos que se realiza al
finalizar la recolección cuando se produce deberemos tomar precauciones
adicionales. Sobre este tiempo corresponde retirar las alzas para la extracción
lo que provoca una gran excitación en todo el colmenar y el peligro aumenta de
forma muy notable, siendo frecuentes las interrupciones por esa causa,
procederemos al atardecer y cuidaremos que todo este bien tapado. Devolver las
alzas para la limpieza es otra forma de motivar pillajes, las alzas suelen
tener residuos de miel exteriores lo que unido al intenso olor provoca pillaje
sobre la marcha, es una buena medida lavar la madera una vez colocada en la
colmena y comprobar que todo está bien cerrado. Todo intento de pillaje debe
ser corregido sobre la marcha y en época de riesgo realizar frecuentes visitas
al colmenar para ver que todo está tranquilo, aunque solo fuera por el valor de
los panales que evitamos sean reducidos a polvo nos interesa cuidar que no se
producía esta anormalidad.
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