domingo, 17 de febrero de 2013

LA CONDUCTA DE LAS ABEJAS


Es corriente constatar como después de observar plácidamente las idas y venidas de las abejas de una colonia/as nos agreden y nos persiguen si no nos alejamos. El recuerdo de aquel desafortunado encuentro permanecerá imborrable en la memoria reforzado por las secuelas, un intenso dolor y una más que considerable hinchazón, en casos afortunadamente muy escasos todo lo anterior puede llegar a producir reacciones de intolerancia o de alergia con graves o muy graves consecuencias. Todo esto ha dado lugar a un halo de precaución, temor e incluso odio, que dificulta más que otra cosa en numerosos casos la aplicación de las modernas técnicas apícolas ante la incertidumbre de perder el control de las colonias y resultar gravemente dañado. Es normal sobretodo en los profanos y en los principiantes sentir presente ese recuerdo cuando realizan manejos y tienden a un gran nerviosismo cuando dudan de su capacidad de control de la colonia que manejan, o cuando constatan que abejas enfurecidas intentar por todos lados clavarles el aguijón, en la mayoría de los casos está más que justificado ese temor, no es difícil darse cuenta que se ha perdido por completo el control de la situación lo imposibilita para continuar no solo con la colonia en la que nos hallamos sino por añadidura sobre las otras al las que nos acercamos con temor y poca decisión.
No es ningún demérito para un apicultor sea cual sea su nivel perder el control sobre una colonia, pero lo verdaderamente importante es saber o intuir porqué se ha producido y a continuación tomar medidas o evitar en el futuro situaciones que nos lleven por ese camino equivocado.
Si consideramos prioritario realizar una apicultura activa debe ser objetivo principal conocer en profundidad los comportamientos naturales de las abejas, pues somos nosotros los que nos adaptamos a ellas, conociendo e interpretando sus reacciones y tan solo sometiéndolas cuando se altera la agresividad natural mínima impidiéndonos continuar con nuestro trabajo. Tenemos presente que nos protegemos tan solo para evitar daños accidentales y nunca para aislarnos de ellas. Nuestra protección nos evita llevar un pinchazo en un sitio delicado de la cara, por eje. pero su misión no es evitar que nos lleguen las abejas a cualquier otro sitio en cualquier situación, para lograr que no nos agredan fuera de un pequeño número, debemos manejar la colonia correctamente, como es sabido la agresividad es hereditaria, por ello es diferente según la raza que manejemos y diferente entre colonias de la misma raza, es algo mayor en colonias con reinas jóvenes, pero sobretodo la calidad de los manejos tiene una influencia decisiva en sus manifestaciones. Todos aquellos manejos que impliquen gran muerte de abejas deben considerarse defectuosos y proclives a exacerbar la agresividad de las colonias que se mantendrán alerta durante varios días después de realizado el manejo, impidiéndonos acercarnos. En el análisis de la conducta de las abejas separamos dos aspectos diferenciados:
reacciones ante las perturbaciones recibidas.
información que se deduce de la conducta observada a la colonia.

 Según sea la distancia que separa la colonia del emisor las podemos clasificar en:
lejanas.
cercanas.
en el entorno inmediato captadas directamente dentro del nido.
Cuando las abejas están muy lejos de la colonia y su misión solo es el acarreo de néctar o elementos útiles son totalmente pacificas y pueden ser acariciadas con cuidado de no aplastarlas, en esas condiciones si algo las molesta sencillamente se van a otro sitio.
Cerca de la colmena se muestran agresivas cuando nos interponernos en sus rutas de vuelo, especialmente al partir y menos al regresar están muy atentas a movimientos y olores.
En el entorno inmediato son las abejas que han hecho los primeros vuelos junto a las más viejas las encargadas de defender el nido, en el interior de la colmena se suman las obreras mas jóvenes quedando solo excluidas las recién nacidas. En las horas de gran actividad están en el campo la mayoría de las pecoreadoras con lo que restamos un buen número de abejas lo que contribuye al manejo aumentando la facilidad de realizarlo.
De estas tres formas de comportamiento la que nos interesa de forma prioritaria conocer es esta última, sobre cuyas causas podemos actuar, las primeras no tienen relevancia y las segundas tienen una interrelación con las últimas.
Debemos conocer en detalle los motivos que hacen que una colonia tranquila hasta nuestra intervención se presente ahora intolerante hacia nosotros, este conocimiento nos evita actuar pendientes de la sorpresa lo que hace nuestro trabajo agradable y confiado, manteniendo en todo momento una actitud positiva hacia ellas, lo que ayudará sobremanera en el control, nuestro miedo es detectado con gran precisión y no dudan en aprovecharse de nuestra debilidad, el control severo después que una nube de abejas nos han agredido no es propio de la apicultura de calidad que debemos realizar, es necesario profundizar en el conocimiento del comportamiento de las colonias.
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Las abejas alteran su ritmo de trabajo cuando perciben alguna/as de estas cuatro causas básicamente:
vibraciones captadas.
movimientos bruscos.
percepción de olores desagradables para ellas.
condiciones meteorológicas adversas.
Las colonias son extraordinariamente sensibles a las vibraciones captadas, basta el menor golpe en la madera para que respondan con un zumbido desde el interior, es una señal de aviso, pero no solo eso, las vibraciones recibidas desde algunos metros las recogen y así el corte de la hierba cercana es recibido como una perturbación molesta, seguramente las raíces íntimamente unidas a la tierra servirán de elemento conductor hasta la base de la colmena y como en el interior todos los elementos se hallan fijos por la propolización la atenuación que cabe esperar es escasa provocando entonces su irritación. Sucede lo mismo cuando las máquinas agrícolas trabajan cerca de los asentamientos y aún hallándose detrás de muros son sus conductores atacados. La cercanía de ferrocarriles o carreteras son causa de malestar que se traduce en un aumento de la agresividad al ir a manejar, sea cual sea la técnica empleada.
Cuando nos hallamos trabajando en la colonia la causa más frecuente de irritación está en los golpes dados al mover los elementos constitutivos, debemos ser muy cuidadosos y evitarlos en toda ocasión, trabajando con lentitud y sobretodo despegando los marcos ayudados de las dos manos, evitando los desplazamientos bruscos que son causa de choques con otras partes causando alarma entre la población y predisponiéndolas al ataque.
La segunda causa que provoca agresividad inducida son los movimientos bruscos, está probada la dificultad que tienen las abejas para ver objetos que permanecen quietos y así podemos comprobar como chocan contra la madera de la colmena o de la tabla de vuelo cuando regresan en días de calma, si el objeto de su atención se mueve muy aprisa detectan con precisión donde se halla, si queremos alejar una abeja dando manotazos no solo estamos ayudándola a localizarnos con precisión además le manifestamos hostilidad y sola cabe esperar un pinchazo.
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Una abeja vigilante ve perfectamente el movimiento de un dedo cuando lo movemos rápidamente desde una distancia de más de cuatro metros, lanzándose en esa dirección si se persiste en esa actitud. Si las abejas no están vigilantes no hacen cuestión de la presencia de personas sino se las molesta de otra forma, esto solo sucede en colmenares con un nivel de agresividad bajo, puede ser este un modo de medir la repercusión de nuestros manejos en el comportamiento de las colonias.
Al remover la colmena para abrirla las vibraciones producidas son la primera causa de alerta, los movimientos bruscos de nuestro ahumador espátula y los de los elementos constitutivos de la colmena no son sino añadidos que provocarán una nube de abejas agresoras, para nosotros es la segunda causa de agresividad inducida y un motivo para variar nuestra técnica si es necesario.
En tercer lugar sabemos que cuando nos situamos cerca de las colmenas y no reducimos vibraciones indeseables ni movimientos bruscos las abejas nos detectan por la llegada al nido de nuestro olor o el de nuestros vestidos o herramientas que portemos.
El concepto de buen olor no es para las abejas igual que para nosotros, dándose el caso de utilizar elementos de la industria aparentemente apropiados y encontrarnos con abejas limpiadoras que hacen todo lo posible por arrojarlos fuera de la colmena.
Su mayor tolerancia está, como es lógico, en los materiales naturales, que debemos usar para odorificar elementos nuevos y evitar rechazos, la hierba de la abeja Ophrys Apífera es muy conveniente para frotar los guantes tan pronto han sido pinchados y hacer que desaparezca el olor del veneno asimismo lo podemos usar para frotar el buzo o la misma careta para evitarlo, el propóleos disuelto en alcohol se puede usar para dar olor a las maderas. Los olores procedentes de otros elementos emisores son objeto de acoso y agresividad lo mismo que los animales y deben mantenerse alejados de las colonias o evitar realizar manejos cuando ellos estén presentes en al ambiente.
En el cuarto apartado están todos los fenómenos atmosféricos que influyen negativamente en la recolección del néctar y que son por si mismos motivo de cólera para las abejas. El viento, el intenso calor que provoca gran evaporación de néctar y pobre recogida, tormentas de verano, nieblas , etc. y siempre que el acopio de néctar es escaso hacen que la colonia este alterada y muy atenta a todo lo que sucede en el entorno, los buenos manejos solo son posibles cuando se está de forma simultánea recogiendo una gran cosecha.
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Es el segundo aspecto que mencionábamos antes y que nos permitirá actuar para contener cuando es necesario lo que de otra manera será un ataque intenso. Sabemos que el sonido agudo emitido por una abeja que vuela a nuestro alrededor es indicio de su cólera y precede a los intentos de pinchar. Para ellas no importa en absoluto la valoración humana de los hechos y es necesario admitir que con nuestra conducta hemos alterado de forma involuntaria su tranquilidad. Es útil admitir de entrada que somos nosotros los causantes de su enojo, el caso contrario nos lleva a protegernos de tal manera que ninguna abeja podría pincharnos directamente al cuerpo, pero nuestro buzo y guantes se llenarán de aguijones equivalentes en número al de abejas muertas, y no por ello cesarían en sus intentos haciendo víctimas a otras personas y animales que se hallaran cerca, ello será causa de una agresividad inducida muy alta que se manifestará durante muchos días más, sin que medie causa aparente alguna.
El análisis del comportamiento nos hace separar las tres causas que provocan esa conducta demasiado negativa:
causa genética.
causada por manejos deficientes.
causada por una mezcla de las dos.
Si la causa es genética en toda ocasión las abejas se muestran agresivas, es igual que realicemos manejos que simplemente paseemos delante de las colmenas, cualquier ocasión es buena para atacarnos.
Si la causa inicial son los manejos deficientes constatamos que la agresividad se incrementa de forma notable a partir de hechos concretos, realización de núcleos con demasiada muerte de abejas por aplastamiento, revisiones sistemáticas de las cámaras, innecesarias siempre, por algún estudio que exige mucho movimiento de cuadros u otras.
Lo más frecuente es que se produzca una suma de las dos causas iniciales dando lugar a la tercera. Si de un principio nuestras abejas son proclives a la agresividad y realizamos manejos precipitados y violentos incrementaremos nosotros su conducta natural y nos será muy desagradable trabajar con ellas, llegando al caso de no importarnos la muerte de muchas de ellas por aplastamiento o simplemente por la pérdida del aguijón después de pincharnos. Siempre se debe obtener una respuesta positiva de las colonias para evitar todo esto.
No es útil oponer nuestra conducta a la suya, mucho mejor es adaptarnos a sus condiciones y corregir los motivos, lo que se traduce en manejos agradables. Las abejas que no permiten en ninguna ocasión caminar entre las colmenas cuando se hallan en plena actividad pueden estar indicando defectos notables en el comportamiento y exigen una revisión a fondo del manejo y control que están recibiendo y proceder a una corrección incluso de raza si fuera necesario, pero prestando mucha atención a la calidad de nuestro manejo que casi siempre está en la base del problema.
No considero se halle suficientemente contrastado aunque se admite, en general, que aquellas razas de abejas que insisten en pegar con cera unos marcos a otros adoptando formas curvas semejantes, en lo que pueden, a la forma natural de los panales, serán más agresivas que aquellas que construyen recto. Para nosotros que manejamos con frecuencia las colonias es del mayor interés controlarlas, que no dominarlas, tanto en una situación como en otra y como no podemos nunca evitar producir vibraciones violentas o movimientos bruscos lo que junto a otras perturbaciones las enfurecen mucho, solo nos queda estar atentos a sus movimientos que nos darán una información precisa y puntual de su estado de animo y nosotros actuaremos en consecuencia limitando su cólera siempre que sea preciso, siempre anticipándonos a ellas.
 
Todo lo que sucede en la colonia lo mismo antes de nuestra llegada como cuando se produce y al irnos obedece a una serie de pautas fijas que debemos conocer para actuar en consecuencia, se puede dividir la información que sobre esto nos dan ellas en cuatro apartados, cada uno responde a un estado de ánimo de la colonia y es necesario distinguirlos con precisión para poder actuar:
tranquilidad sobre el panal y en la colonia, continuamos trabajo.
tendencia a subir a la parte superior, debemos tener precaución.
abandonan colmena, sin volar, tienen excesivo temor, ¿asfixia?
abandonan y se echan a volar, colonia fuera de control, peligro.
En el primer caso al ir sacando los panales las abejas permanecerán sobre ellos formando un a modo de capa y continúan con su trabajo, es posible ver la reina poniendo en las celdillas como si estuviera el cuadro en el nido, todos los manejos son posibles, podemos prescindir de la protección, las abejas se alejan de nuestras manos y si alguna se siente prisionera emite una vibración típica manifestándonos que no puede liberarse, la liberamos y se va sin intentar pincharnos, muchas nos tocan las manos, libres de guantes, y perciben y nosotros percibimos claramente la actitud positiva de ambas partes consecuencia de la tranquilidad con la que trabajamos, nos permiten continuar nuestro trabajo sin molestarnos, en esos momentos existe una complicidad entre apicultor-abeja que hace que la Apicultura sea mucho más que una profesión, nos permiten mejorar y optimizar de manera notable su situación. Debemos en estos momentos de buena disposición de las colonias emplear nuestra mejor técnica para alterar lo menos posible esa situación favorable, los días tranquilos con buena llegada de néctar y de polen van a ser los mejores soportes de esta situación.
En el segundo lugar colocamos una apreciación que constatamos con mucha frecuencia y es la tendencia de las abejas a subir a la parte superior de los cuadros de la cámara o del alza, y lo intentan cada pocos minutos y como no podemos permitir que lo hagan los manejos serán mucho más lentos y deben ser hechos con mucho cuidado y atención podemos llevarnos sorpresas desagradables, al menor descuido caerían sobre nosotros como una granizada. Si nuestro interés fuera realizar un núcleo nos encontraríamos con pocas abejas sobre los panales, el día no es bueno y el control difícil si vemos que no es posible continuar con tranquilidad lo dejamos para mas adelante, lo importante es mantener el control y en estos casos no resulta fácil aunque no es imposible.
El tercer supuesto, abandono sin volar, se da cuando un gran temor las alcanza. Los golpes continuados durante un trasiego que empiezan enfureciéndolas terminan siendo determinantes del abandono de su vieja colmena y el paso a la nueva, el empleo del humo de forma exagerada o emplear humos procedentes de la combustión de materiales plásticos pueden ser la causa de la intoxicación y quizás de la asfixia de las abejas que abandonan si pueden la colmena y se arraciman en el exterior.
En el último caso está configurado por las abejas que se lanzan a volar sobre la marcha, abandonan la colmena por la piquera y por la parte superior, forman una gran masa que nos rodean y empiezan a atacarnos siguiéndonos bastantes metros lejos del colmenar, se hallan en ese momento fuera de control siendo la situación mas peligrosa pues atacan por todos los sitios y todo lo que pueden , si a pesar de nuestra protección recibimos muchas picadas lo que puede suceder en breves minutos debemos alejarnos de la colonia y dejarlo todo como esta durante algunos minutos o bien permitir que otra persona continúe el trabajo, en general solo será posible tapar y esperar otro día para realizar los manejos que teníamos dispuestos, en los colmenares numerosos debemos cerciorarnos que no estén participando en la agresión otras colonias alejadas de la que manejamos alertadas por los movimientos que hacemos y si es así no dudaremos en ahumarla algo por la piquera para restablecer la normalidad, si estamos solos debemos tener presente que no es ningún perjuicio salirse temporalmente del área de la agresión y regresar mas tarde para tapar la colmena aunque según la época del año tendremos presente la posibilidad de pillajes para actuar en consecuencia. Esta situación es típica cuando se desconoce todo el comportamiento de las colonias y no se repara en dar golpes o mover los panales con brusquedad, y puede suceder cuando se produce un accidente al mover colmenas de sitio por alguna razón de emplazamiento, quedando las abejas hasta ese momento encerradas libres, proceden de inmediato a atacar a todo ser viviente a su alcance. De acuerdo con la sensibilización que tengamos cada uno al veneno estableceremos el límite de picadas que podemos soportar alejándonos sin preocuparnos de otra cosa cuando vamos a rebasarlo, los efectos para nuestra salud lo aconsejan.

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